La extraña enseñanza del Papa Francisco a los seminaristas (1)

Junio 15, 2021
Origen: FSSPX Spirituality
La ciudad de Ancona

El Papa Francisco recibió en audiencia el jueves 10 de junio de 2021 a la comunidad del Pontificio Seminario Regional de las Marcas Pío XI, ubicado en Ancona. El pontífice animó a los responsables a imitar a San José para formar a aquellos que les han sido confiados, y a los seminaristas a practicar la docilidad.

En este discurso del Papa, hubo algunos consejos sensatos. Como la exhortación a los formadores del seminario a imitar el ejemplo de San José: en la práctica de la obediencia, la devoción, la generosidad y la castidad, entendida como el desprendimiento de todo.

Y también para los seminaristas, al estimularlos a una verdadera docilidad, una virtud olvidada en nuestro mundo y que debe ser la base de la formación sacerdotal.

Pero, lamentablemente, hay elementos que son verdaderas desviaciones.

Un error doctrinal

El Papa dio a los seminaristas el ejemplo de Jesús aplicado en su obediencia a San José y a la Santísima Virgen en su infancia: "Desde pequeño tuvo que (…) plantearse las grandes cuestiones de la vida", explicó. ¿En serio?

El Papa añadió: "Quizá no hemos reflexionado lo suficiente sobre el joven Jesús, comprometido en el discernimiento de su propia vocación, en la escucha y la confianza en María y José, en el diálogo con el Padre para comprender su misión".

En esta expresión, el Hijo de Dios parece desconectado de su humanidad. Porque, ¿quién busca discernir su vocación? ¿La humanidad de Cristo? Pero su humanidad no tiene ninguna persona, ningún "yo" ¿Será que se trata del mismo Hijo de Dios?

Un poco de teología

En Cristo hay dos naturalezas y una sola persona: la persona increada del Verbo, el Hijo de Dios. Esta persona divina, que es idéntica a la naturaleza divina, asume una naturaleza humana en Jesucristo, el Verbo Encarnado.

Es preciso afirmar que la persona divina del Verbo, el único "yo" que posee Jesucristo, sabe perfectamente que Él es Dios. El Verbo de Dios encarnado es además consciente de su encarnación.

Por tanto, el Verbo de Dios sabe quién es incluso en su naturaleza humana. Él es el único sujeto consciente de esta naturaleza asumida conscientemente, y esto desde el primer instante de su encarnación. Este es el objeto de nuestra fe, y es un verdadero misterio que nadie puede comprender.

La naturaleza humana no es una persona. Estrictamente hablando, entonces, no hay conciencia humana en Cristo. Hay sentimientos humanos, inteligencia y pensamientos humanos, voluntad y deseos humanos, pero que son asumidos por la persona divina.

Por esta razón, afirmar que Cristo tuvo que hacer un discernimiento humano o comprender su vocación, equivale a afirmar o pensar que Cristo tenía una conciencia humana independiente, y por tanto una persona humana, lo cual es una herejía.

O bien, que no podía saber, como Dios, lo que sucedía en la naturaleza humana que estaba unida a Él por la unión hipostática, lo que equivale a otra herejía: pensar que Dios puede ignorar cualquier cosa, que no es la Sabiduría Infinita que lo sabe todo.

Por tanto, es preciso afirmar que Cristo sabía perfectamente bien que Él era Dios, ya que su persona divina lo sabía perfectamente. Su naturaleza humana tuvo una clara percepción de esto: de hecho, desde el primer instante de su encarnación, la inteligencia de la naturaleza humana de Cristo poseyó la visión beatífica.

En otras palabras, vio a Dios de inmediato, como los santos en el Cielo, y en un grado que ningún santo alcanzará jamás. Por consiguiente, incluso a través de su inteligencia humana, la persona del Verbo Encarnado posee la plena posesión de Dios.

Entonces, ¿cómo podría Cristo necesitar "discernir su vocación" y "dialogar con el Padre", cuando tiene una sola inteligencia, una sola voluntad, una sola naturaleza con su Padre?

Continuará...