La Iglesia católica pierde millones de fieles en América Latina

Enero 20, 2022
Origen: fsspx.news
El "Templo de Salomón" en Sao Paulo

El último Latinobarómetro confirmó que la Iglesia católica sigue perdiendo millones de fieles bautizados, la mayoría de los cuales están optando por el protestantismo evangélico, especialmente en su ala pentecostal. El catolicismo no supera el 50% de la población en Uruguay ni en toda Centroamérica, con excepción de Costa Rica. Será lo mismo este año en Brasil.

El continente americano de habla hispana y portuguesa está dejando de ser predominantemente católico. Ni los documentos, ni los sínodos, ni los mil y un planes pastorales condicionales parecen poder impedir que millones de católicos bautizados se unan a las comunidades de la iglesia protestante, especialmente a las de denominaciones pentecostales.

En 1995, el 80% de la población latinoamericana se identificaba como católica. En 2018, esta cifra se ha reducido al 59%. El porcentaje de protestantes evangélicos ahora supera el 20%, y el 65% de ellos son pentecostales.

El caso emblemático de Brasil

"El Vaticano está perdiendo al país católico más grande del mundo: es una pérdida enorme e irreversible", declaró José Eustáquio Diniz Alves, un reconocido demógrafo brasileño y exprofesor de la agencia nacional de estadísticas. Al ritmo actual, se estima que los católicos representarán menos del 50 por ciento de todos los brasileños a principios de julio.

Las razones de esta evolución son complejas: cambios políticos que han reducido los beneficios de la Iglesia católica sobre otras religiones, y una creciente secularización. Durante la pandemia, las Iglesias evangélicas fueron particularmente eficaces en el uso de las redes sociales para mantener el compromiso de sus seguidores.

Los críticos dentro y fuera de la Iglesia católica también señalan la incapacidad de esta última para satisfacer las demandas religiosas y sociales de muchas personas, especialmente de los pobres. Los latinoamericanos describen a la Iglesia católica como desconectada de la vida cotidiana de sus fieles.

El surgimiento de la teología de la liberación, que condujo a los clérigos a insistir en la misión de justicia social de la Iglesia, a menudo basándose en ideas marxistas, no logró contrarrestar el atractivo de las religiones protestantes.

Esta disminución de la influencia del catolicismo tiene considerables consecuencias sociales y políticas. En países como Brasil, las conversiones al pentecostalismo han impulsado las opiniones socialmente conservadoras, desde las favelas hasta los pasillos del Congreso, contribuyendo a propulsar al presidente derechista Jair Bolsonaro al poder en 2018.

Si bien el presidente Bolsonaro sigue identificándose como católico, fue bautizado por un pastor pentecostal en el río Jordán en 2016 como parte de la preparación de su campaña presidencial. Los pentecostales y los evangélicos están bien representados en su gabinete y constituyen un tercio del congreso brasileño. Su esposa asiste a una iglesia evangélica.

Una falta de espiritualidad y de espíritu misionero

Según el Wall Street Journal, las principales razones por las que tantos católicos dejan la Iglesia para irse a otras comunidades eclesiales son, según estudios sociológicos, porque encuentran allí "una mayor conexión personal con Dios" (81%) y más ayuda para sus miembros (60%).

Además, los feligreses evangélicos son mucho más practicantes que los católicos: la mayoría de los protestantes (65%) asisten al culto más de una vez por semana, mientras que solo el 16% de los católicos hacen lo mismo. 

El Padre Martín Lasarte, sacerdote uruguayo presente en el Sínodo sobre la Amazonía, considera que el movimiento de la teología de la liberación muchas veces ha colocado los temas políticos y sociales por encima de la experiencia religiosa. En este caso, "falta el sentido existencial de la alegría de vivir el Evangelio, ese encuentro personal que tantas Iglesias pentecostales dan a la persona", declaró.

Algunos movimientos católicos en América Latina han intentado recuperar las ovejas perdidas, ya sea imitando al pentecostalismo o a través de un cierto tradicionalismo.

Desde la década de 1970, el catolicismo carismático intentó mantener en sus filas a muchos católicos atraídos por el pentecostalismo, mediante curaciones por la fe y el habla en lenguas, combinado con prácticas católicas, incluida la devoción a la Virgen María. En 2020, el 22.8% de los católicos en América Latina eran carismáticos, según World Christian Database.

El catolicismo conservador militante -más reciente- enfatiza la apologética. Uno de los principales líderes es el Padre Paulo Ricardo, que tiene 1.5 millones de seguidores en Facebook: condena la teología de la liberación como herejía y apoya con entusiasmo algunos elementos del programa de Bolsonaro, como facilitar la posesión de armas de fuego.

El poder económico de los evangélicos

Los diezmos y los ingresos de un imperio comercial dirigido por las Iglesias evangélicas de Brasil, que incluye cadenas de televisión y líneas de cruceros, le han dado al movimiento una fuerza económica que le permite expandirse a los suburbios pobres y financiar campañas políticas.

En el centro de Sao Paulo, una réplica del Templo de Salomón, valorada en 300 millones de dólares, es testigo del ascenso meteórico del evangelicalismo. Construido en 2014 por una de las iglesias neopentecostales más grandes y ricas de Brasil, la Iglesia Universal del Reino de Dios, el templo tiene capacidad para 10,000 fieles.

Muchos pentecostales predican la "teología de la prosperidad", más conocida en Estados Unidos como el Evangelio de la Prosperidad, según la cual la gracia de Dios se refleja en la riqueza material. En el Templo de Salomón, en Sao Paulo, varios hombres vestidos de traje hacen fila regularmente ante el altar con bolsas y lectores de tarjetas de crédito para recibir las ofrendas, mientras el pastor promete a sus feligreses que mientras más generosa sea su donación, más ricos serán.

Desafortunadamente, aunque hizo su primer viaje internacional a Brasil en julio de 2013, y desde entonces ha visitado otros nueve países de la región, el Papa Francisco no está llevando a cabo una cruzada clara para recuperar la región para el catolicismo.