La Iglesia en cifras

Noviembre 06, 2021
Origen: fsspx.news

El 24 de octubre de 2021, se publicaron las últimas estadísticas de la Iglesia católica con motivo de la 95ª Jornada Mundial de las Misiones. Algunos hechos destacables: el aumento del número de católicos en todos los continentes, excepto en Europa; y la preocupante disminución del número de vocaciones en el mundo.

Hace unos días, se publicó la última edición del Anuario Estadístico de la Iglesia: una herramienta reconocida por su precisión y confiabilidad que sintetiza los datos recopilados entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2019.

Al 31 de diciembre de 2019, la población mundial era de 7.577.777.000, un aumento de 81.383.000 con respecto al año anterior. Este crecimiento concierne a todos los continentes este año, incluida Europa, debido en particular a las migraciones al Viejo Continente.

Los católicos son 1,345 mil millones, lo que representa el 17.7% de la población mundial. El análisis geográfico de la evolución durante el bienio 2018-2019 muestra un aumento del 3.4% en África, del 1.3% en Asia, del 1.1% en Oceanía y del 0.84% en América, mientras que en Europa el descenso es real, aunque leve.

El número de sacerdotes también aumentó: la cifra total es de 414,336. Si bien se registró un aumento significativo en África (+3.45%) y en Asia (+2.91%), destaca una vez más un descenso en Europa (-1.5%) y en América. (-0.5%).

En Oceanía, el número de sacerdotes se mantiene estable (+1.1%).

Un fenómeno preocupante: continúa el declive de las vocaciones sacerdotales; los candidatos al sacerdocio en el mundo pasaron de 115,880 (2018) a 114,058 (2019) con un descenso del 1.6% en Europa, 2.4% en América, 2.6% en Asia, 5.2% en Oceanía.

En África, el número de seminaristas mayores aumentó de 32,212 a 32,721. El continente con mayor número de seminaristas es Asia (33,821), seguido de África (32,721) y América (30,664), Europa (15,888) y Oceanía (964).

Otro dato interesante registrado este año, quizá relacionado con la crisis de vocaciones: se registró un aumento en el número de diáconos permanentes, y en contraste, una disminución en el número de religiosos.

¿Esto debería sorprendernos? A fuerza de permitir que un discurso ecológico reemplace lentamente la enseñanza de las verdades de la fe, de escuchar predicar desde lo más alto la primacía de la pastoral sobre la doctrina y de masacrar lo sagrado, el atractivo por la vida religiosa y sacerdotal solo puede verse afectado.