La Santa Sede y Francia conmemoran el 100 aniversario de una relación complicada

Octubre 27, 2021
Origen: fsspx.news

Las divergencias y las convergencias formaron parte del menú de discusiones entre el secretario de estado de la Santa Sede y el jefe del gobierno francés, con motivo del centenario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países.

"A los hombres se les gobierna con sonajeros", declaró una vez Napoleón a Berthier, quien consideraba la creación de la Orden de la Legión de Honor incompatible con la idea de una república virtuosa, basada en la igualdad de todos.

El "número dos" del Vaticano tal vez recordó este rasgo de ironía imperial cuando recibió, de manos del primer ministro francés, la insignia de Comandante de la Legión de Honor, el 18 de octubre de 2021, en la Villa Bonaparte, sede de la Embajada de Francia ante la Santa Sede.

Esta ceremonia tuvo lugar un siglo después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Francia y la Iglesia, y fue la ocasión de un intercambio en el que el cardenal Pietro Parolin y Jean Castex, pudieron evocar los puntos de convergencia y divergencia existentes entre los dos países, resumido por los dos hombres en términos técnicos de "cordialidad" y "estima".

En su discurso al jefe de gobierno francés, el secretario de estado de la Santa Sede hizo hincapié en lo que él considera los "frutos" de las relaciones entre Francia y el Estado más pequeño del mundo: un verdadero revoltijo que abarca desde el "respeto por los derechos humanos" y la "protección de las minorías religiosas" hasta el "diálogo interreligioso", el medio ambiente y la COP21 celebrada en París en 2015.

El cardenal Parolin aprovechó la oportunidad para esbozar su visión del secularismo. Este último debe permitir que "Dios y César sean distintos, pero no opuestos", así como una "apertura a la trascendencia" que debe organizarse de tal manera que el creyente pueda ser "libre de proponer libremente su fe en la sociedad".

Estamos lejos de las encíclicas de San Pío X o Pío XI que veían en el laicismo "a la francesa" una "injusticia" y un "ataque" a las leyes de Dios y de su Iglesia.

El porporato, con las habituales precauciones del lenguaje, advirtió a su interlocutor de los peligros de "un cierto laicismo que cierra las puertas a los demás y a Dios" y que, por tanto, "tampoco respeta a la persona humana": una forma de manifestar los temores de la Santa Sede respecto al proyecto de ley francés sobre el "separatismo religioso".

"No se trata de un conflicto de trascendencia, sino simplemente de devolver a la República lo que es de la República y a Dios lo que es de Dios", respondió Jean Castex.

El primer ministro francés aseguró que "la ley que consolida los principios de la República no constituye en modo alguno un cambio de paradigma del laicismo republicano, al contrario, lo consagra adaptándolo a la actualidad". Estas palabras tienen la intención de ser tranquilizadoras pero, en la realidad, son poco convincentes.

En efecto, es en el escenario puramente político del Medio Oriente donde la colaboración entre el Vaticano y la diplomacia francesa parece llevarse a cabo de manera eficiente, con la voluntad manifestada, por ambas partes, de "contribuir a la paz y la estabilidad".

Refiriéndose al secreto de confesión, instrumentalizado recientemente en la prensa francesa, Jean Castex dijo que la separación entre Iglesia y Estado "no significa en modo alguno la separación de la Iglesia con respecto a la ley".

Al término de su visita al Papa Francisco en el Vaticano a primera hora de la mañana, el primer ministro francés declaró, no sin ambigüedad: "esto no es ninguna novedad: la Iglesia no retrocederá sobre el dogma del secreto de confesión. Pero debemos, a toda costa, encontrar formas y medios de conciliar esto con el derecho penal".