Lo que el Esposo de la Virgen María nos enseña sobre las virtudes del hombre

Marzo 19, 2021
Origen: fsspx.news
El sueño de San José - Georges de La Tour

¿Cómo llegó San José a ser el digno esposo de María, el hombre bueno y justo por excelencia? Fue por medio del aprendizaje de la Sabiduría del Antiguo Testamento.

Su vida era la de un simple trabajador entre hombres rudos, lidiando con precios bajos, un salario miserable y una situación económica difícil. Hizo su trabajo sin desviarse del camino trazado por la ley divina y aprendió a sobrevivir en medio de hombres sin escrúpulos, discerniendo sus intenciones, evitando disputas y defendiendo a la viuda y al huérfano, sin apartarse nunca de la justicia.

De hecho, el libro de la Sabiduría nos cuenta la historia de la juventud de José, pintando con gran detalle los ideales espirituales que todo joven debía hacer suyos y poner en práctica.

Por la gracia real y por la sublimidad de su vocación, sabemos que San José siguió estos ideales hasta la misma valía del más grande santo del cielo. Para llegar a la médula de su formación, debemos atenernos a lo siguiente. El camino hacia la sabiduría debe pasar por la instrucción, las pruebas, el autocontrol y las aflicciones de todo tipo, en el cuadro de la obediencia a la ley de Dios con un verdadero deseo de justicia (Ecl. 1:4,30; 4:14; 6:18,24). Apliquemos, pues, a nosotros mismos estas etapas de la formación espiritual de San José.

La instrucción consiste en el estudio del catecismo, la enseñanza dogmática de la Iglesia y la vida de los santos. Quien descuide esto último, será inevitablemente víctima del mal ejemplo o de su propia pereza. Además, San José enseña que todo debe hacerse por y para María, pues ella es la sede de la Sabiduría que dio a Cristo al mundo y que nos llevará a Él, enseñándonos las virtudes de su Hijo.

Nuestras pruebas son esencialmente las tentaciones. Cada vez que nos sentimos tentados o en presencia de circunstancias difíciles, nuestras virtudes son puestas a prueba y llevadas a sus verdaderos límites. Fracasamos o vencemos. Cuando fracasamos, ¿nos levantamos inmediatamente para una nueva batalla? Y cuando vencemos, ¿caemos en el orgullo o recogemos estas nuevas gracias para el futuro? Es levantándonos después de las caídas y permaneciendo arraigados en la humildad como llegaremos a ser dignos de la Sabiduría.

La autodisciplina para San José consistía en mantener y conservar esta pureza que había elegido y no permitir que su alma se manchara con ninguna falta. Su disciplina de vida se manifestaba en el cuidado de cumplir con el deber y prestar cuidadosa atención ante las ocasiones de pecado. Su recompensa fue muy grande, pues ya en la tierra recibió a María Inmaculada como compañera.

Aflicciones de todo tipo son la suerte de todo hombre justo que se propone luchar hasta la muerte por la justicia. En primer lugar, en su alma, al preferir la muerte al pecado y la obediencia a las leyes divinas. En segundo lugar, al esforzarse para que todo hombre del mundo le de el honor y el servicio religioso a Dios, de una manera digna de su majestad.

Sin embargo, esto no le correspondía a San José porque su misión era ser el protector de Jesús y María durante su vida oculta. La tarea de poner la justicia de Dios en el mundo es nuestra. Pero atención: Cuando hacemos un verdadero esfuerzo público por la ley de Dios, las aflicciones serán nuestra recompensa.

En definitiva, se trata de alejarse de los medios y revestirse del hombre nuevo formado en una disciplina similar a la de San José. Por amor a María y en imitación de San José, dejemos de lado los medios de comunicación y hagamos de la justicia de Dios la principal preocupación de nuestras vidas.