Los falsos mártires del Sínodo para la Amazonía

Noviembre 13, 2019
Origen: fsspx.news
El Hermano Vicente Canãs, SJ, alias Kiwxi (a la izquierda).

El documento final del Sínodo para la Amazonía habla en el No. 16 sobre los mártires de la evangelización de este territorio, refiriéndose a ellos como "los que luchan valientemente por una ecología integral en la Amazonía". Y precisa: "Este Sínodo reconoce con admiración a aquellos que luchan a riesgo de sus vidas para defender la existencia de este territorio".

¿A qué se refiere con esto el Sínodo? La pregunta es acuciante, porque el pasado nos ha mostrado la forma en que algunos obispos de América del Sur han interpretado la palabra "mártir" atribuyéndole un significado muy diferente al que le da la Iglesia para honrar a sus hijos que murieron por la fe en Nuestro Señor Jesucristo

Mártires del pasado y testigos del presente

En 1978, declarado como el "Año de los Mártires" por el episcopado brasileño, tres Padres jesuitas fueron especialmente celebrados: Roque González, Alfonso Rodrigues y João de Castilhos. Estos tres sacerdotes fueron brutalmente martirizados en 1628, asesinados con hachas y quemados vivos por odio a la fe. Fueron beatificados por el papa Pío XI en 1934.

Pero en 1978, Monseñor Pedro Casaldáliga los asoció a los miles de indígenas "martirizados" por la invasión colonial apoyada por la Iglesia a lo largo de los siglos. Celebró su memoria conjuntamente componiendo una "Misa de la Tierra sin Males" sobre la que FSSPX/Actualidad escribió una reseña. Así fue como se estableció una doble celebración, paralela y equívoca.

El Papa Francisco forma parte de esta línea. En 2017, canonizó a 30 mártires de Natal, masacrados en 1645 por soldados calvinistas holandeses en Cunhaù y Uruaçu. A esto se refiere la primera parte del No. 16 del documento final. Pero el resto del texto menciona a los defensores de la ecología integral y los territorios amazónicos. ¿A quiénes se refiere exactamente el documento?

Una única y verdadera misionera

Llamados testigos, el Vaticano los menciona en la página oficial del Sínodo para la Amazonía. Alrededor de treinta reseñas son dedicadas a cinco religiosas, nueve laicos, incluidos varios jefes indígenas, y más de la mitad de sacerdotes. Tres sacerdotes y dos religiosas son objeto de una solicitud de canonización. La mayoría ha sufrido una muerte violenta. Tres aún están vivos.

Con una sola excepción, estas reseñas describen únicamente a individuos ciertamente valientes y altruistas, pero que no dedicaron su vida a lo que la Iglesia siempre ha entendido por misión, responsabilizándose de evangelizar, difundir la fe y establecer la cristiandad.

La excepción es el caso de la Hermana Maria Troncatti, de las Hijas de María Auxiliadora, un instituto fundado por San Juan Bosco. Nació en 1883. Su reseña se destaca entre el resto: "¿Enfermera, ortopedista, dentista y anestesióloga? Pero, sobre todo, catequista y evangelizadora, rica en recursos maravillosos de fe, paciencia y amor fraterno. Su labor entre los Shuar para el progreso de la mujer se ha extendido a cientos de nuevas familias cristianas, formadas por primera vez en base a la libre elección de los jóvenes esposos". Murió accidentalmente en 1969.

El perfil de los "testigos" del Sínodo

El tono cambia radicalmente en las otras reseñas. Apenas se puede encontrar la mención de que el misionero cumplió "su misión principal: proclamar el Evangelio a todos los Achuar a quienes amaba como sus hijos". Las pocas veces que aparece el término evangelización, es con un significado deformado. Las cualidades que les han valido a estos individuos ser distinguidos como "testimonios" del Sínodo para la Amazonía son de otro orden.

La primera cualidad es la inculturación: la capacidad de asimilar la cultura indígena e integrarse en ella. Sobre el Hermano Vincente Cañas se escribe lo siguiente: "Como misionero, fue lo más lejos posible en su labor de inculturación guiada por la Iglesia. Poco a poco, se convirtió en uno de ellos: participaba en sus rituales, en la pesca, la siembra, la recolección de miel, frutas y tubérculos, la fabricación de cestas, artesanías y sus propios utensilios. Se dedicó a aprender su lengua". Esta asimilación aparece en todas las reseñas.

La segunda cualidad se deriva de la primera: la labor antropológica. El Hermano Cañas es muy elogiado por "escribir un diario de gran valor antropológico de más de 3,000 páginas". Otros misioneros son reconocidos por su profundo estudio de las costumbres amazónicas.

La tercera cualidad es la defensa de los indígenas, es decir, la ayuda brindada a los nativos en "la lucha y la conquista de sus derechos". Se elogian particularmente los esfuerzos realizados para ayudarlos a "reunirse en grandes asambleas para discutir su causa, sus problemas y especialmente los medios para apoyarse en la lucha por sus derechos". Se trata de un apoyo para una lucha política. Ver nuestro artículo sobre la traición misionera.

La cuarta cualidad deriva directamente de esto: la defensa del territorio amazónico. Ayudar a los indígenas a obtener reconocimiento por sus tierras ancestrales. Por esta causa, el Padre Rodolfo Lunkenbein murió mientras trabajaba para demarcar el territorio de Bororos. Es también una lucha contra todas las explotaciones que ponen en peligro el medio ambiente: deforestación, minería, contaminación, construcción de presas, carreteras, etc. Esto es lo que se dice del hermano Paul McAuley: "su compromiso de cuidar la 'casa común' era su mandato evangélico".

El Padre Thomaz Lisboa, SJ, alias Jaúka, uno de los precursores de los "neo-misioneros".

Dos testimonios fundamentales para el Sínodo

Hay dos testimonios que indican particularmente la profunda razón que impulsa el trabajo de estos neo-misioneros.

El primero proviene de la Hermana Eugenia Lloris, una monja española de la Fraternidad Misionera del Verbo Divino, que formaba parte de un equipo itinerante de misioneros en la Amazonía que partían al encuentro con los pueblos indígenas "para luchar con ellos y entre ellos por la defensa del territorio, la cultura y los derechos humanos".

La Hermana Lloris explica: "Cuanto más nos integramos en sus comunidades, cuanto más respetamos su cultura y costumbres, más defendemos su territorio y más experimentamos la presencia de Dios, comprobando que no nos abandona. Para mí, esto es el Evangelio. (...) A primera vista, puede parecer que esto es una obra "no religiosa", pero ¿acaso la defensa de la vida no es la primera evangelización a la que estamos llamados a vivir?"

Y continúa: "los mismos pueblos indígenas, reunidos recientemente en una reunión preparatoria para el Sínodo en este proceso de escucha, han afirmado que no quieren que la Iglesia católica los evangelice, sino que juntos defendamos nuestra casa común, el Amazonas. Esto debe hacernos reflexionar y modificar nuestras formas y enfoques". Por esta razón, uno de los objetivos de los misioneros amazónicos es contribuir a la "emancipación de los pueblos".

El segundo testimonio es proporcionado por el capuchino Charly Azcona: "La misión en la Amazonía consiste en intentar pensar en el desarrollo con base en las propias comunidades, donde los pueblos indígenas son los agentes protagonistas. Como Iglesia, también tenemos un desafío que es el de la encarnación, el aprendizaje de idiomas, el acompañamiento, la presencia. Me gustaría compartir este Dios del Amazonas. Hay un Dios que vive en la Amazonía, en los pueblos y que es una gran fortaleza. Creo que este Dios es el que nos ayudará a construir una familia entre todos los pueblos y a respetar la Amazonía, las culturas. Este Dios está vivo, lo sentimos muy vivo en el Amazonas, y es él quien dará alegría y felicidad a tantas personas. Esperamos poder llevar al mundo desde este lugar un cambio en la manera de vivir, en el sistema económico, y comenzar a construir este Reino en la fraternidad de los pueblos."

Falsos testimonios construidos sobre arena

Estos testimonios presentados y propuestos como modelos para el Sínodo, y para toda la Iglesia, confirman en todos los aspectos la ceguera que afecta a los misioneros actuales, infieles a la misión de Cristo. El aspecto sobrenatural ha desaparecido totalmente, la vida de la gracia divina está vacía, el horizonte es banalmente terrestre. La actividad es puramente natural; bien podría ser llevada a cabo por una asociación humanitaria, o integrada en un programa de la ONU. Al ser mantenidas en sus falsas creencias, en sus concepciones panteístas e idólatras, por no hablar de su depravación moral, las poblaciones indígenas son en realidad objeto de un profundo desprecio: bajo el pretexto de proteger su estilo de vida, se les mantiene artificialmente en su oscuridad, hasta el punto de ocultarles la plena luz de la verdad revelada y el camino de la salvación eterna.

Es una injusticia contra ellos, que se deriva de una concepción pelagiana que impregna toda la teología indígena de la inculturación, de la salvación sin gracia y sin Cristo, que termina convirtiéndose a lo sumo en una opción. La propia cultura ha reemplazado a la Revelación. La cultura se ha convertido en la fuente de una autoevangelización y una autoredención que no tiene sentido. Al hacer de la cultura pagana un nuevo Evangelio que suplanta el sacrificio de la Cruz, los testimonios del Sínodo no hacen más que construir castillos sobre la arena. "Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen" (Salmo 126).