Los primeros frutos envenenados de Traditionis custodes

Julio 30, 2021
Origen: fsspx.news

Vale la pena considerar las intenciones del último Motu proprio del Papa Francisco, tanto como sea posible detectarlas con los elementos que poseemos.

Un texto cuya redacción estaba planificada

Hace algunos meses, la prensa, e incluso algunos obispos, se inquietaron debido a la investigación iniciada por la Congregación para la Doctrina de la Fe en marzo de 2020 en torno al motu proprio Summorum pontificum.

Esta carta, dirigida a los presidentes de las conferencias episcopales, incluía nueve preguntas que debían ser respondidas por los obispos. El cardenal Ladaria explicó que el Papa deseaba estar informado sobre la aplicación actual de Summorum Pontificum. Las respuestas debían ser enviadas antes del 31 de julio de 2020.

Algunos obispos expresaron su molestia por el hecho de no haber recibido esta carta, pero ni la misiva ni su eventual respuesta probablemente hubieran cambiado las cosas. Porque es muy probable que la redacción del texto ya hubiera comenzado cuando se elaboró ​​y envió la encuesta. Hay un testimonio elocuente de esta práctica.

"En mayo de 2016, el arzobispo Bruno Forte reveló los entresijos de la redacción del controvertido documento postsinodal Amoris laetitia. Monseñor Forte había sido designado por Francisco como secretario especial del doble sínodo sobre el matrimonio y la familia.

"En el teatro municipal de Vasto (Abruzzo), donde presentó el texto, el arzobispo relató la tarea que Francisco le había confiado con estas palabras: "Si hablamos explícitamente de la comunión a los divorciados vueltos a casar, ¡no sabes la que nos montarían 'estos'. Así que no hablemos de manera directa. Tú procura que figuren las premisas, luego ya sacaré yo las conclusiones".

Por tanto, el resultado de la investigación era irrelevante, salvo quizás para justificar el texto ya redactado. Esta práctica se ha mencionado en varios textos del sínodo.

Una afiliación ordenada

La "brutalidad" del motu proprio Traditionis custodes y la inesperada naturaleza de sus decisiones han dejado al mundo tradicionalista-conservador estupefacto e incluso conmocionado. Aunque si se conoce un poco el carácter de Francisco y su pasado se puede reducir este asombro, porque el Papa está repitiendo lo que ya había hecho Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires.

Uno de los efectos que produjo el motu proprio, y que ciertamente se pretendía, fue producir un concierto de adhesión al Concilio Vaticano II y un reconocimiento, no solo de la validez, sino también de la bondad del Novus ordo, por parte de las comunidades Ecclesia Dei. 

Los miembros de estas comunidades se sintieron así obligados a expresar más estrechamente su afiliación y devoción al Concilio, a sus reformas, a su espíritu y a la reforma litúrgica.

Esta aprobación debilita aún más la situación de estas comunidades, y dificulta cada vez más su crítica al Concilio o su negación a celebrar o concelebrar el Novus ordo de vez en cuando.

Es probable que se repita la situación vivida por la Fraternidad de San Pedro en Dijon, donde el requisito de la concelebración fue blandido por el obispo, Monseñor Roland Minnerath, para justificar la exclusión de la comunidad de la diócesis: las recientes declaraciones de los superiores de esta comunidad son la prueba de esto. 

Finalmente, la tensión entre la teología sostenida por la Misa tradicional y los nuevos principios del Concilio y la reforma litúrgica corre el riesgo de conducir más o menos rápidamente a quienes se debaten entre la Misa Tradicional y una obediencia ilusoria al Concilio, a una especie de esquizofrenia o bien a un abandono de la Tradición.

Esperemos que este calvario sea beneficioso, que abra las inteligencias y fortalezca las voluntades, para que la lucha de la fe cobre un nuevo vigor y reúna a más combatientes en sus filas.