Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

Septiembre 07, 2019
Origen: fsspx.news
El Papa Francisco y la joven activista ambiental Greta Thunberg, en el Vaticano, el 17 de abril de 2019.

Jerome Fourquet, analista político y autor de El archipiélago Francés (Seuil, 2019), describió en Le Figaro, el 30 de agosto de 2019, lo que él llama un "cambio de matriz": el catolicismo, que fundó Francia y le dio su cultura, en el sentido más general del término, está siendo reemplazado gradualmente por una nueva "matriz", la ecología.

Una nueva religión

Su análisis es bastante pertinente, pues presenta a los nuevos profetas de aquello que bien se puede calificar como una nueva religión, por ejemplo, Greta Thunberg, quien recibió "una revelación que debe anunciar a los poderosos de este mundo y a la opinión pública". Jérôme Fourquet señala que "el movimiento ecológico concede gran importancia a los adolescentes, los cuales son una especie de monaguillos de la religión del clima" que deben difundir "la buena nueva en los hogares".

El vocabulario empleado es en sí mismo revelador: ¿no se habla ya de un "santuario" de biodiversidad y de una "conversión" a lo orgánico para los agricultores? Asimismo, suele haber frecuentemente "anuncios apocalípticos en la ecología": los libros que anuncian el final de la era industrial están haciendo una fortuna. Así es como nació la "colapsología", un neologismo reciente que se refiere al estudio del colapso de la civilización industrial.

Como observa Jérôme Fourquet: "el fin del mundo, tanto para los ecologistas como para los cristianos, es provocado por culpa de los hombres, que deben entonces expiar sus faltas". ¿Qué es lo que da lugar a la oposición entre el Bien y el Mal? Los países ricos del Norte contra los pueblos pobres del Sur, las multinacionales contra las ONG que defienden a los desfavorecidos, los "nuevos misioneros de nuestro tiempo".

El autor concluye destacando la profunda influencia en la vida de las personas de esta nueva matriz, que "es propia de lo religioso". Nos encontramos con iniciativas como clasificar los desechos y ahorrar energía. Además de preceptos alimentarios muy precisos: "el ecologista parece vivir en época cuaresmal todos los días (...) ya que debe evitar distintos alimentos (frutas fuera de temporada, carne, aceite de palma)".

La ecología del Papa Francisco

Es sorprendente constatar cómo esta explicación ayuda a esclarecer el último mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, celebrada el 1 de septiembre de 2019. Podemos encontrar allí todos los ingredientes, aunque con algunas particularidades propias de su autor y su función.

El Papa comienza describiendo un cuadro apocalíptico: "la contaminación constante, el uso incesante de combustibles fósiles, la intensiva explotación agrícola, la práctica de arrasar los bosques están elevando las temperaturas globales a niveles alarmantes. (...) El derretimiento de los glaciares, la escasez de agua (...) son hechos igualmente preocupantes, que confirman la urgencia de intervenciones que no pueden posponerse más. Hemos creado una emergencia climática que amenaza seriamente la naturaleza y la vida, incluida la nuestra". 

Luego continúa con una explicación: "Es la hora de redescubrir nuestra vocación como hijos de Dios, hermanos entre nosotros, custodios de la creación. Es el momento de arrepentirse y convertirse, de volver a las raíces". ¿Pero de qué pecado y de qué conversión se trata?

Más adelante emplea un verso ecuménico: "Insto a los fieles a que se dediquen en este tiempo a la oración [del 1 de septiembre al 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís] que, a partir de una oportuna iniciativa nacida en el ámbito ecuménico, se ha configurado como Tiempo de la Creación (...) Esta oración nos permitirá escuchar en el silencio "la voz sinfónica de la Creación" y "elevar una canción de alabanza cósmica al Creador".

Lo anterior debe producir nuestra conversión: "Este es el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre cómo nuestra elección diaria en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, uso del agua, de la energía y de tantos bienes materiales a menudo son imprudentes y perjudiciales. (...) ¡Elijamos cambiar, adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos! Es hora de abandonar la dependencia de los combustibles fósiles y emprender, de manera rápida y decisiva, transiciones hacia formas de energía limpia y economía sostenible y circular".

El Papa concluyó esta parte de su mensaje haciendo una referencia al próximo Sínodo sobre la Amazonía: "Y no olvidemos escuchar a los pueblos indígenas, cuya sabiduría ancestral puede enseñarnos a vivir mejor la relación con el medio ambiente".

A continuación, Francisco aborda otra característica de la matriz ecológica: "Este es el tiempo para emprender acciones proféticas. Muchos jóvenes están alzando la voz en todo el mundo, pidiendo decisiones valientes. Los jóvenes nos recuerdan que la Tierra no es un bien para estropear, sino un legado que transmitir".

El objetivo principal de su mensaje es, sobre todo: "sensibilizar a los líderes políticos y civiles". Y añade: "Digamos no a la avaricia del consumo y a los reclamos de omnipotencia, caminos de muerte; avancemos por sendas con visión de futuro, hechas de renuncias responsables hoy para garantizar perspectivas de vida mañana".

Finalmente, traza algunos objetivos para las Naciones Unidas: "mostrar la voluntad política de acelerar drásticamente las medidas para alcanzar lo antes posible cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y contener el aumento medio de la temperatura global en 1,5°C frente a los niveles preindustriales, siguiendo los objetivos del Acuerdo de París. En el próximo mes de octubre, una asamblea especial del Sínodo de los Obispos estará dedicada a la Amazonia, cuya integridad está gravemente amenazada. ¡Aprovechemos estas oportunidades para responder al grito de los pobres y de la tierra!".

En el mensaje papal, la conversión aparece orientada hacia la naturaleza: ya no se trata de obtener la salvación, de profundizar las virtudes teologales o de practicar las virtudes morales. Nos encontramos en la horizontalidad más completa. Es realmente el MASDU (Movimiento de Animación Espiritual de la Democracia Universal).

Este acrónimo aparece bajo la pluma de Georges de Nantes en 1965, y se utiliza para designar el Movimiento de Animación Espiritual de la Democracia Universal. Nantes lo define como "el proyecto de una religiosidad nueva y universal de la cual la Iglesia sería el órgano, al servicio de la Ciudad Humana a ser construida". La inspiración para esta idea la obtuvo de una cita de Pablo VI (El Cristiano y los Asuntos Públicos, Discurso ante los comités cívicos italianos, 30 de enero de 1965, Documentación Católica, No. 1442, pp. 294-296.): "La Iglesia no puede ser indiferente a la animación ideológica, moral y espiritual de la vida pública. (...) Nos invita a trabajar con confianza, sí, con confianza en el orden que constituye la norma y la historia de nuestra sociedad, y que es hoy el de la democracia". El MASDU concreta el viejo sueño de los católicos liberales: unir a la Iglesia con la revolución, pero en un sentido mucho más amplio y profundo de lo que ellos mismos imaginaron. 

Concluyamos con una pregunta: ¿en qué se diferencia el cristianismo de Francisco de la nueva matriz ecológica? En otras palabras: ¿qué hay de católico en un mensaje como ese?