Muere Hans Küng

Abril 13, 2021
Origen: fsspx.news

El sacerdote y teólogo Hans Küng murió el 6 de abril. Esta muerte desencadenó un concierto de alabanzas procedentes de todos los flancos, y especialmente por parte de los católicos, incluso si algunas estuvieron teñidas de ciertas restricciones. Pero el difunto merecía mucho más que este coro que oscurece sus muchos deméritos.

No es de extrañar que Monseñor Georg Bätzing ocupe los primeros lugares entre los que más elogios lanzaron a la obra del teólogo suizo: "Aunque hubo tensiones y conflictos [por sus convicciones], le agradezco especialmente en esta hora de despedida sus muchos años de compromiso como teólogo católico. (…) Hans Küng deja un rico legado teológico. A continuación, veremos qué contiene esta "riqueza".

Por otro lado, es casi asombroso leer el elogio de la Pontificia Academia para la Vida que no dudó en "twittear": "Ha desaparecido una gran figura de la teología del siglo pasado, cuyas ideas y análisis siempre deben hacernos reflexionar sobre la Iglesia católica, las Iglesias, la sociedad, la cultura". ¿Es necesario recordarles que esta 'gran figura' estaba a favor de la eutanasia?

Una breve biografía

Hans Küng nació el 19 de marzo de 1928 en Sursee, en el cantón de Lucerna, en el seno de una familia católica. Después de graduarse, estudió filosofía y teología en Roma, en la Universidad Gregoriana. Fue ordenado sacerdote en la Ciudad Eterna en 1954.

Continuó sus estudios en París, en el Instituto Católico, donde obtuvo su doctorado en teología en 1957, con una tesis sobre la justificación en la obra de Karl Barth (1886-1968), un protestante reformista suizo que tuvo una influencia considerable en la teología protestante... y en muchos modernistas católicos.

Posteriormente fue vicario en Lucerna (1957-1959), luego asistente científico en la Universidad de Münster en Alemania (1959-1960), antes de ser nombrado profesor de teología fundamental, y luego de dogmática en la facultad teológica católica de Tubinga de 1960 a 1979.

En 1963, Editions du Seuil publicó una colección de conferencias impartidas en Roma frente a asambleas episcopales durante el Concilio Vaticano II, a casas religiosas o para emisiones de radio, bajo el título: El Concilio, prueba de la Iglesia. El teólogo Charles Journet lo críticó severamente en la revista Nova et Vetera (octubre-diciembre de 1963): "Hay muchas cosas en este libro que nos parecen lamentables".

Y añadió implacablemente: "La forma en que el autor habla de la autoridad dejada por Cristo a su Iglesia sugiere que muy apenas escudriñó el misterio". Lo siguiente es una demostración en el orden de esta afirmación.

Ese mismo año, también publicó Estructuras de la Iglesia, con el propósito de un diálogo ecuménico con los protestantes. Este libro volvió a provocar la indignación del (futuro) cardenal Journet, quien no dudó en escribir en Nova et Vetera (enero-marzo de 1964) que estas páginas muestran una "alteración fundamental de la noción de Concilio ecuménico" y "un relativismo dogmático".

En 1970, Küng publicó una crítica radical de la infalibilidad papal (traducción francesa 1971) en su libro: ¿Infalible? Una interpelación.

El libro fue acusado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que condujo a la prohibición de que su contenido fuera enseñado en las facultades católicas en 1979.

La Universidad de Tubinga creó entonces el Instituto de Investigaciones Ecuménicas especialmente para él, que le permitió enseñar hasta 1996.

Una oposición cada vez más intensa

El teólogo no solo escribió libros que se oponen a la doctrina católica, también se opuso al Papa Juan Pablo II.

Incluso pidió la condena del Papa polaco y de su pontificado, que consideraba "como una gran esperanza defraudada y, en última instancia, como un desastre".

Se centró en particular en la doctrina moral. Así, en 1995, con motivo de la encíclica Evangelium vitae, Küng acusó al autor de ser "un dictador espiritual que quería destruir la libertad de conciencia".

Con Benedicto XVI, a quien conocía bien como teólogo, ambos enseñaron en Tubinga, tendría una actitud menos severa. Pero criticaría duramente la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, que creó prelaturas para acoger a los anglicanos convertidos al catolicismo: el teólogo suizo consideraba que se trataba del entierro de años de trabajo ecuménico.

En cambio, celebró con cierta ilusión la elección de Jorge Bergoglio como "la mejor opción posible".

La Weltethos (ética planetaria)

A partir de 1993, Hans Küng emprendió la búsqueda de una ética global, centrándose principalmente en las religiones. Se enfocó en desarrollar y fortalecer la cooperación entre ellas. Aprovechó el Parlamento de las Religiones, celebrado en Chicago en 1993, para preparar el lanzamiento de su fundación.

En 2005, recibió el 22º premio de la Fundación Budista Japonesa para la Paz, el Premio Niwano. Este premio se le otorgó "por su contribución y cooperación en el diálogo interreligioso". La fundación japonesa lo consideró "uno de los teólogos más importantes del siglo XX".

La desviación completa

Feroz partidario de una reforma en la Iglesia, después de mostrar interés por la cuestión del poder, los poderes, su institución y su distribución dentro de la Iglesia -una preocupación que compartía con el camino sinodal alemán- y ansioso por ver madurar sus ideas, se posicionó en 2012 como una especie de médico de la Esposa de Cristo mediante la publicación ¿Podemos todavía salvar a la Iglesia?

En ella propone remedios para "salir del sistema romano", heredero de la reforma de (San) Gregorio VII, de la Contrarreforma y de Vaticano I. Lo detalla en su libro: fin del celibato sacerdotal, ministerios abiertos a las mujeres, involucrar nuevamente al clero y a los laicos en la elección de obispos, salir de una bioética limitada (es decir, aceptar la anticoncepción química).

Finalmente, mientras padecía la enfermedad de Parkinson y temía perder su independencia o capacidades, publicó en 2015, nuevamente en Editions du Seuil, Una Muerte Feliz. Allí defiende la idea de la "ayuda para morir" que también llama "suicidio asistido" o "acompañado" e incluso "eutanasia". Un tema de candente actualidad.

Y afirma sin pestañear, en nombre de su "fe": "Precisamente, porque creo en la vida eterna, tengo el derecho, llegado el momento, de decidir cuándo y cómo moriré. Y agrega que "un Dios que prohibiera al hombre terminar con su vida cuando la vida le hace llevar cargas insoportables de forma permanente no sería un Dios amigable hacia el hombre".

Todos ya habrán entendido que Hans Küng no murió en la fe de la Iglesia. Los elogios ditirámbicos a su memoria como teólogo "católico", incluso "polémico", son cómplices del modernismo más descarado.

Y Monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, demuestra una vez más que es solo un lobo en el redil al celebrar a un partidario de la eutanasia. Como dice el sitio InfoCatolica: "¿Desde cuándo un elogio póstumo es para un abortista?"

Rara vez, sin duda, las oraciones fueron más necesarias por el descanso del alma de un difunto.