Nicaragua: el incomprensible silencio del Papa Francisco

Septiembre 30, 2022
Origen: fsspx.news
Daniel Ortega con su esposa Rosario Murillo

La detención de monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, y de siete colaboradores -tres sacerdotes, un diácono, dos seminaristas y un camarógrafo- el 19 de agosto a las 3 de la mañana provocó una ola de indignación internacional.

La policía nacional, que desde el 4 de agosto tenía rodeado el obispado, donde se encontraba recluido monseñor Álvarez y sus colaboradores, intervino "con violencia" por orden del presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Ante la escalada represiva ejercida contra la Iglesia católica en Nicaragua, el Papa Francisco se pronunció tardíamente y con moderación. "Sigo de cerca, con preocupación y tristeza, la situación de Nicaragua", dijo durante el Ángelus del 21 de agosto de 2022. El soberano pontífice también deseó que "a través del diálogo abierto y sincero se puedan sentar las bases para una convivencia respetuosa y pacífica".

El cardenal arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, dijo en un comunicado que monseñor Álvarez se encuentra detenido en una residencia familiar donde pudo reunirse con él, señalando que "su estado físico se ha deteriorado" pero su "espíritu y su moral son fuertes." Sus colaboradores se encuentran en el penal para presos políticos de El Chipote, en Managua.

El día anterior, el 17 de agosto, 26 exjefes de Estado y de gobierno de España y América Latina apelaron al Papa Francisco, que hasta ahora había permanecido en silencio, a "defender firmemente al pueblo nicaragüense y su libertad religiosa", acusando a Daniel Ortega de una "dictadura primitiva", informó la AFP.

Entre los firmantes, según La Nuova Bussola Quotidiana del 19 de agosto, estaban José María Aznar (España), Vicente Fox y Felipe Calderón (México), Mauricio Macri (Argentina), Sebastián Piñera y Eduardo Frei (Chile), Laura Chinchilla (Costa Rica), Álvaro Uribe (Colombia).

"La dictadura Ortega-Murillo quiere destruir las raíces culturales y espirituales del pueblo nicaragüense para dejarlo en el anonimato y hacerlo presa fácil de la dominación". El documento, titulado Declaración sobre el Régimen Ortega-Murillo y la Persecución Agravada contra la Libertad Religiosa en Nicaragua, fue distribuido por medios latinoamericanos el 17 de agosto, y enviado oficialmente al cardenal Pietro Parolin, secretario de estado de la Santa Sede, el jueves 18 de agosto.

¿Prudencia o simpatía?

Comentando la enigmática reserva del Papa, Riccardo Cascioli, director de La Nuova Bussola Quotidiana, escribió el 22 de agosto: "Las palabras pronunciadas ayer por el Papa en el Ángelus sobre la situación en Nicaragua, las primeras en cuatro años de persecución, son gravemente inadecuadas y consecuentes con su actitud hacia todos los regímenes comunistas, no solo latinoamericanos".

Riccardo Cascioli señala "la total ausencia de mención de la reciente escalada dramática con el secuestro el 19 de agosto por parte del régimen de Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo". Y añade que "tampoco se menciona el contexto, que es el de una feroz persecución contra la Iglesia, que tiene lugar al menos desde 2018".

Además, recuerda todos los hechos explícitos de esta persecución contra la Iglesia católica por parte del gobierno en el poder. Por eso es inevitable hacer preguntas, prosigue, afirmando que "no se puede dejar de notar que el Papa Francisco tiene una marcada simpatía por los regímenes comunistas, en particular los latinoamericanos, lo que lo lleva a justificar prácticamente todo e incluso apoyarlos".

Un diálogo de sordos...

La convicción del Papa Francisco de que el diálogo puede superar todas las situaciones parece muy fuerte. Esta actitud también es evidente con China, Rusia y Ucrania. "El verdadero problema, explica Riccardo Cascioli, no es la simpatía o la armonía con las ideologías políticas de uno u otro, sino el hecho de que la política y no la fe se convierta en el criterio para la intervención de la Santa Sede.

"Y que tomar partido en una lucha según los principios del mundo sea el modo de presencia de la Iglesia. Si el criterio se convierte en oportunidad política o incluso eclesial, la Iglesia pierde su identidad y su capacidad de mostrar el camino de la salvación, que es en todo caso su única tarea real".

Y concluye diciendo: "Es más que legítimo pedir una acción adecuada a la situación de Nicaragua, pero es aún más importante pedir la verdadera misión de la Iglesia, que se eleva por encima de los potentados de este mundo".