Notre-Dame de París: cuando la amenaza viene del interior

Noviembre 28, 2020
Origen: fsspx.news

Si bien el exterior de la catedral de Notre-Dame debe ser restaurado "de forma idéntica", las dudas se ciernen sobre el diseño interior, ya que la arquidiócesis ha revelado tener en mente un proyecto "innovador y diferente".

Médico de formación, Monseñor Michel Aupetit parece confiar en sus habilidades ocultas como arquitecto: según información del diario Le Figaro, en su edición del 19 de noviembre de 2020, transmitida por La Croix et Valeurs Actuelles, el arzobispo de París ha convocado un comité de reflexión compuesto por miembros del clero, pero también por especialistas en acondicionamiento de estaciones y recepción de público.

El futuro proyecto incluiría -todavía se puede usar el tiempo condicional- dos partes: la primera, orientada a gestionar mejor la recepción de los doce millones de visitantes que cruzan cada año el umbral de la catedral, consiste sobre todo en la instalación más adecuada de casilleros y fuentes de agua.

La segunda parte podría desencadenar una gran controversia, ya que se planea la instalación de nuevos vitrales contemporáneos para aumentar la luminosidad y agregar color: suficiente para que cualquiera con el más mínimo conocimiento en arte gótico se cuestione el proyecto...

Pero al arzobispo también desea renovar el mobiliario. Esto significaría la eliminación de las tradicionales bancas de madera para dar paso a los bancos con un diseño depurado, equipados con puntos luminosos.

Este nuevo diseño del interior, mostrado en modelos digitales que Le Figaro tuvo la oportunidad de ver, daría "la impresión de ser una pista de aeropuerto, o incluso un estacionamiento". Bossuet y Lacordaire no podrían haber soñado algo mejor para sus sermones en Notre-Dame: ¿para cuándo el púlpito parpadeante?

"Nuestro principal interés es ​​la conciliación del culto y la cultura", explicó uno de los miembros del comité de reflexión sobre la remodelación del edificio, el Padre Gilles Drouin.

Si bien es cierto que los siglos siempre dejan una pequeña marca en los grandes monumentos que se remodelan o reparan por necesidad, podemos temer lo peor para Notre-Dame. Por un lado, porque los principios litúrgicos transformados por Vaticano II son radicalmente incompatibles con la gran tradición litúrgica.

Y por el otro, porque casi todos los artistas contemporáneos no tienen nada que ver -aunque no se les pueda culpar por ello- con aquellos que construyeron catedrales y las mantuvieron. No tienen esa fe que se transforma en adoración y oración sobre la piedra. Entonces, sí, hay mucho de qué preocuparse.