Nuestra Señora de Fátima ensena la oración apostólica

Mayo 23, 2020
Origen: fsspx.news

Por la oración apostólica pedimos gracias para el prójimo, como su conversión, su santificación, o cualquier otra cosa provechosa para su alma. Nuestra Señora pensó en esta segunda oración cuando pidió a los niños que rezaran por la conversión de los pecadores.

El trabajo del apostolado consiste en volver la voluntad, inclinada al mal, hacia lo bueno, haciendo que la persona que está alejada de Dios se acerque a Él y se haga su amigo.

La conversión de un alma y su salvación es una gracia tan grande que va mucho más allá de todos los medios humanos del apostolado. ¿Cómo podemos hacerla descender del Cielo? Nuestra Señora nos enseña que los principales medios son la oración y el sacrificio. El Padre Kolbe escribe: “A través de la oración y el sacrificio podemos obtener muchas gracias. Las actividades exteriores únicamente preparan el camino para la gracia, pero por sí mismas no pueden proveerla.

Hay una oración que se identifica estrechamente con la voluntad de Dios, a saber, la petición por la propia santificación y la santificación del prójimo. … En una ocasión, preguntado sobre qué es lo que se necesita para ganar una batalla, Napoleón respondió: ‘Tres cosas son necesarias: ¡Dinero, dinero y aún más dinero!’ De modo similar, cuando se trata de santificar almas, necesitamos oración, oración y aún más oración… La oración es el medio más ignorado y al mismo tiempo más eficaz para restaurar la paz en las almas, hacerlas felices y acercarlas al amor de Dios. La oración renueva el mundo.”

El ejemplo del más joven de los niños de Fátima es una maravillosa manifestación de esta verdad. ¿Cuáles eran las oraciones de esta niña de siete años? Como era de esperar, sólo ofrecía las oraciones que recibió del Ángel, el rosario, y sus queridas jaculatorias. La mejor devoción al Inmaculado Corazón no consiste en la recitación de interminables oraciones, sino más bien la relación simple e íntima de un niño con su Madre, que se expresa mejor con cortas, pero muy frecuentes jaculatorias. Un niño que ama a su madre no necesita decir muchas palabras: casi siempre basta con una mirada o una sola palabra. Cuando está en peligro, grita casi inconscientemente: ¡Madre!

En el mundo agitado de hoy, Nuestra Señora de Fátima nos anima a hacer el apostolado de las jaculatorias, porque es la mejor manera de estar unidos a Dios y elevar nuestras actividades al plano sobrenatural, así como hacer mucho por la salvación de las almas. Las jaculatorias son para María suspiros amorosos de un niño a su madre; sin embargo, para el enemigo de nuestra salud son como balas de ametralladora que lo acribillan. La jaculatoria preferida de Jacinta era: “¡Dulce Corazón de María, sé la salvación mía!” Especialmente en los últimos meses, cuando se le hacía difícil hacer largas oraciones, Jacinta repetía este corto suspiro de su corazón al Corazón de Nuestra Señora. Todo se convirtió en sacrificio y oración constante por la conversión de los pecadores.

Jacinta rezó mucho más por los demás que por sí misma durante su corta vida. La recompensa de Nuestra Señora debería recordarnos siempre este proverbio: ¡lo que haces por los demás, lo haces doblemente por ti! Sacrificándose por la santificación de los demás, Jacinta misma se hizo santa.