Respuesta del Cardenal Müller y Monseñor Schneider al documento de Abu Dabi

Febrero 23, 2019
Origen: fsspx.news
El Papa Francisco y el gran imán de Al-Azhar, cosignatarios del documento de Abu Dabi

En respuesta al Documento firmado conjuntamente por el Papa Francisco y el gran imán de la universidad Al-Azhar de El Cairo, el 4 de febrero de 2019, durante su viaje a los Emiratos Árabes Unidos, el Cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó el 9 de febrero un "Manifiesto de Fe". 

La intención del Cardenal Müller es "dar un testimonio público de la Revelación": "Los Pastores tienen la obligación de guiar a aquellos que les han sido confiados en el camino de la salvación. Esto sólo es posible si conocen este camino y lo siguen. Es por esto que el Apóstol afirma: "Porque os transmití ante todo lo que yo mismo recibí" (I Cor 15, 3). Hoy en día, muchos cristianos ya no son conscientes ni siquiera de las enseñanzas básicas de la fe, por lo que cada vez se arriesgan más a desviarse del camino que conduce a la vida eterna."

Este Manifiesto - que no hace ninguna mención sobre el Papa - recuerda que Jesucristo es el único Salvador, lo cual es una respuesta indirecta al siguiente pasaje de la declaración firmada conjuntamente por el Papa Francisco y el gran imán de Al-Azhar: "El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lenguaje son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta sabiduría divina da origen al derecho de libertad de creencia y a la libertad de ser diferentes." El Cardenal Müller declara: "la primera epístola de San Juan presenta a aquel que niega la divinidad de Jesucristo (como lo hace el islam. N. de la R.) como el Anticristo (1 Jn 2, 22), ya que Jesucristo, el Hijo de Dios, desde toda la eternidad, es un mismo Ser con Dios, su Padre. Se debe combatir con franca y clara determinación la recaída en las antiguas herejías que veían a Jesucristo únicamente como un hombre bueno, un hermano y un amigo, profeta y moralista. Jesucristo es esencialmente el Verbo, que era con Dios y que era Dios, el Hijo del Padre, que tomó nuestra naturaleza humana para redimirnos, y que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Es sólo a Él a quien adoramos como al único y verdadero Dios en la unidad del Padre y del Espíritu Santo."

Ya hemos señalado que el prelado alemán retoma el verso de San Pablo: "he transmitido lo que yo mismo recibí" (I Cor 15, 3), que es el mismo que Monseñor Marcel Lefebvre quiso que se grabara en su lápida. Cabe señalar también que el término "Anticristo" tomado de San Juan ( 1 Jn 2, 22) es el mismo que usó Monseñor Lefebvre en su Carta a los Futuros Obispos (29 de agosto de 1987) donde habla sobre "la persecución de la Roma Anticristo", y especifica la razón de su "Operación Supervivencia": "debido a que esta Roma, modernista y liberal, prosigue su obra destructora del Reinado de Nuestro Señor, como lo prueban Asís y la confirmación de las tesis liberales de Vaticano II sobre la libertad religiosa, me veo obligado por la Divina Providencia a trans­mitir la gracia del episcopado católico que yo he recibido, con el fin de que la Iglesia y el sacerdocio católico sigan subsistiendo, para la gloria de Dios y la sal­vación de las almas."

A lo anterior, el fundador de la Fraternidad añade el deber de fidelidad a la Roma eterna: "Les suplico que se mantengan adheridos a la Sede de Pedro, a la Iglesia romana, Madre y Maestra de todas las Iglesias, en la fe católica íntegra, expre­sada en los símbolos de la fe, en el catecismo del Concilio de Trento, conforme a lo que aprendieron en su seminario. Permanezcan fieles en la transmisión de esta fe, para que venga el Reino de Nuestro Señor."

Sería ingenuo ver en estas referencias bíblicas comunes empleadas por el Cardenal Müller cierta reminiscencia con los textos de Monseñor Lefebvre, pero no deja de ser interesante constatar que la confusión general denunciada por este último, hace ya 45 años, conduce al Cardenal a emplear estas mismas referencias en la actualidad.

El Manifiesto del prelado alemán finaliza con un llamado urgente, donde vuelve a mencionar las palabras "transmito lo que he recibido" de San Pablo: "En nuestra calidad de obreros enviados a la viña del Señor, tenemos la responsabilidad de recordar estas verdades fundamentales, adhiriéndonos firmemente a lo que nosotros mismos hemos recibido. Queremos alentar a los hombres de nuestra época a seguir el camino de Jesucristo con determinación para que puedan obtener la vida eterna obedeciendo los mandamientos de Dios."

"Pidamos al Señor que nos dé a conocer la grandeza del don de la fe católica, que nos abre la puerta a la vida eterna, porque: 'quien se avergonzare de Mí y de mis palabras delante de esta raza adúltera y pecadora, el Hijo del hombre también se avergonzará de él cuando vuelva en la gloria de su Padre, escoltado por los santos ángeles' (Mc 8, 38). Por consiguiente, nos comprometemos a fortalecer la fe confesando la verdad, que no es otra que Jesucristo mismo."

El Papa no es el secretario general de la ONU

El 3 de febrero, el Cardenal Müller concedió una entrevista al periodista Riccardo Cascioli para el sitio web de la Nuova Bussola Quotidiana. Sus respuestas sirven para esclarecer aún más el Manifiesto que sería publicado seis días después de esta entrevista. Respecto a la cuestión de la homosexualidad que, según Avvenire (diario de los obispos italianos), desde Amoris Laetitia ya no sería objeto de reprobación moral, el prelado alemán responde de la siguiente manera: "Eso no es verdad, pero aunque lo fuera, un documento pontificio no puede modificar la antropología asentada en la creación de Dios. Es posible que un documento pontificio o el Magisterio de la Iglesia no expliquen lo suficientemente bien los hechos de la Revelación y de la Creación, pero el Magisterio no constituye la doctrina cristiana. Actualmente existe una manera de entender que no tiene nada que ver con la tradición católica, tratamos al Papa como si fuera un oráculo, todo lo que dice se convierte en una verdad indiscutible. Pero no debería ser así: Hay muchas cosas que forman parte de la opinión privada del Papa, y por tanto son cosas que se pueden discutir. Si el Papa dijera hoy que las partes son más que el todo, ¿deberíamos modificar la estructura de las matemáticas, de la geometría? ¡Es absurdo! Asimismo, si el Papa dijera que ya no podemos comer carne proveniente de los animales, los católicos no estaríamos obligados a dejar de comer carne. (...)

"La autoridad del Papa es muy limitada. Hay quienes sólo ven su autoridad pública, lo que reportan los medios de comunicación, y utilizan esto según sus propias opiniones, pero en realidad no aceptan la autoridad del Papa tal y como está fundamentada en nuestra eclesiología. (...)

Al comentario de Riccardo Cascioli, quien afirmó que, con motivo del 800 aniversario de la reunión de San Francisco de Asís con el sultán de Egipto, Malik al-Kamil, se pueden ver "cursos de islam en las parroquias católicas e imanes siendo invitados a las iglesias para explicar quién es Jesucristo en el islam", el Cardenal Müller respondió de la siguiente manera: "Sí, pero estoy seguro de que el sacerdote no va a la mezquita para explicar el Concilio de Nicea. Para nosotros, es una ofensa decir que Jesús es solamente un hombre, que no es el Hijo de Dios, ¿cómo es posible que se invite a alguien a una iglesia para llevar a cabo esta ofensa? Sin embargo, actualmente, en el catolicismo, existe un sentimiento de culpa hacia la propia fe y siempre nos arrodillamos ante los demás. Primero fue el jubileo de Lutero, ahora el de San Francisco: estas cosas sólo se utilizan para protestantizar e islamizar a la Iglesia. Esto no constituye un verdadero diálogo. Hay muchos entre nosotros que ya han perdido la fe, y que quieren convertirse en esclavos de los demás para ser amados.

P. ¿Cuál es el problema más grave para la Iglesia actualmente?

Cardenal Müller: "La relativización de la fe. Hoy en día, parece muy difícil anunciar la fe católica en toda su integridad y con una conciencia recta. Y sin embargo, el mundo de hoy merece conocer la verdad, y esta verdad es la verdad de Dios el Padre, es la verdad de Jesucristo, la verdad del Espíritu Santo. Los falsos compromisos no le sirven de nada al hombre de hoy. En vez de proponer la fe, de educar y enseñar a los pueblos, existe una tendencia a relativizar, siempre se dice un poco menos, menos, menos, menos... Por ejemplo: en vez de aclarar el significado del matrimonio, su indisolubilidad, se buscan las excepciones, se retrocede; en vez de hablar de la dignidad del sacerdocio, de su gloria, del esplendor de la verdad y de los sacramentos, se reduce todo a una oportunidad para reunirse. Existe una horizontalización del cristianismo, se le reduce para complacer a la gente de hoy, pero al hacer esto, los estamos engañando. Cuando estamos con personas de otras religiones, no podemos unirnos en una fe vaga y ambigua, pues la fe queda reducida a una fe filosófica, Dios se reduce a un ser trascendente, y terminamos diciendo que Alá y Dios, el Padre de Jesucristo, son la misma cosa. Igualmente, el dios del deísmo no tiene nada que ver con el Dios de los cristianos."

P. El Papa insiste mucho en el concepto de fraternidad universal. ¿Cómo debe entenderse esto para evitar confusiones?

Cardenal Müller: No me gustaron nada las alabanzas dirigidas al Papa por los masones. Su fraternidad no es la fraternidad en Jesucristo de los cristianos, sino una muy inferior. No podemos tomar como base de la fraternidad aquella que surge de la Revolución francesa, pues se trata únicamente de una ideología, como lo es el comunismo. ¿Quién determina quién es mi hermano? Somos hermanos porque somos hijos de Dios, porque aceptamos a Cristo hecho hombre. Éste es el fundamento de la fraternidad. (...)

"Si no elevamos la fraternidad natural del hombre a la fraternidad en Jesucristo, rechazamos la dimensión sobrenatural y naturalizamos la gracia. No existe la religión universal, sino una religiosidad universal, una dimensión religiosa que empuja a todos los hombres hacia el misterio. En ocasiones, escuchamos las ideas más absurdas, por ejemplo, aquella del Papa como "jefe de una religión universal", es completamente ridículo. Pedro es Papa por su confesión o profesión de fe: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo". ¡Es el Papa, no el líder de la ONU!"

La alusión del Cardenal Müller a los elogios hechos al Papa Francisco por los masones se refiere a los agradecimientos que recibió de la Gran Logia de España luego de su mensaje navideño de 2018: "Todos los masones del mundo se unen a la petición del Papa por la 'fraternidad entre las personas de distintas religiones".

Los masones españoles añaden lo siguiente: "En su mensaje de Navidad desde el balcón central del Vaticano, el papa Francisco ha pedido el triunfo de la fraternidad universal entre todos los seres humanos: "Mi deseo para una Feliz Navidad es un deseo de fraternidad. Fraternidad entre las personas de todas las naciones y culturas. Fraternidad entre personas de ideas diferentes pero capaces de respetarse y de escuchar a los demás. Fraternidad entre personas de diferentes religiones." De lo anterior, sacan la conclusión evidente: "Las palabras del Papa demuestran lo lejos que está la Iglesia actual del contenido de Humanum genus (1884), la última gran condena católica a la masonería".

El 9 de enero de 2019, en su blog, Aldo Maria Valli recordó que: "En la encíclica Humanum genus, el Papa León XIII condenó la masonería en términos inequívocos, estigmatizando 'el gran error moderno del indiferentismo religioso y de la igualdad de todos los cultos', actitud que este mismo pontífice definió como "el medio más acertado para aniquilar todas las religiones, y particularmente la Iglesia católica que, como única verdadera, no puede ser igualada a las demás sin suma injusticia."

"Según los masones españoles, la forma en que el actual Papa condena el fundamentalismo religioso y exhorta a la fraternidad y a la tolerancia, acerca a la Iglesia con la masonería uniéndolas en su compromiso por una fraternidad universal, más allá de las diferencias en los ámbitos político, cultural, nacional y religioso.

"Esta muestra de aprecio hacia el Papa Francisco por parte de los masones es algo nuevo, pero no es ninguna sorpresa. Después de Pablo VI, Jorge Mario Bergoglio (que es miembro honorario del Rotary Club desde 1999) es, sin duda alguna, el Papa más apreciado por la masonería internacional."

Monseñor Athanasius Schneider.

El becerro de oro sigue en pie y el martirio inutilizado por el pluralismo religioso

El 8 de febrero de 2019, Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Astana (Kazajstán) publicó una profesión de fe que respondía  - sin tampoco hacer mención del Papa -  a la Declaración común del Papa Francisco y el gran imán de Al-Azhar en la que la "diversidad de religiones" es calificada de "sabia voluntad divina".

"En décadas pasadas solían escucharse a menudo – incluso por boca de algunos representantes de la jerarquía de la Iglesia – declaraciones sobre la teoría de los “cristianos anónimos”. Esta teoría dice lo siguiente: La misión de la Iglesia en el mundo consistiría, finalmente, en suscitar la conciencia de que todos los hombres deben tener su salvación en Cristo y, consecuentemente, en su filial adopción en Cristo. Ya que, según la misma teoría, todo ser humano posee ya la filiación divina en la profundidad de su personalidad. Sin embargo, tal teoría contradice de manera directa la Revelación Divina, tal como Cristo la enseñó, y ha sido transmitida inmutablemente y sin sombra de dudas por Sus Apóstoles y la Iglesia por más de dos mil años. (...)

"La tarea más urgente de la Iglesia en nuestro tiempo es preocuparse por el cambio climático espiritual y por la migración espiritual (alusiones claras a la ecología y al tema de la migración, ambos apoyados por el Papa Francisco N. de la R.), concretamente, que el clima de falta de creencia en Jesucristo, el clima de rechazo a la majestad de Cristo, se transforme en un clima de fe explícita en Jesucristo, por la aceptación de Su majestad, y que los hombres puedan migrar de la miseria de la esclavitud espiritual y de la falta de creencia hacia la felicidad de ser hijos de Dios, y de una vida de pecado al estado de gracia santificante. Éstas son las migraciones por las que debemos preocuparnos urgentemente.

"El cristianismo es la única religión dispuesta por Dios. Por lo tanto, jamás puede ser colocada a la par con otras religiones, como si fuera complementaria. (...) Sólo hay un camino hacia Dios, y ese camino es Jesucristo, porque Él mismo dijo: "Yo soy el camino" (Jn 14, 6). Sólo hay una verdad, y esa verdad es Jesucristo, porque Él mismo dijo: "Yo soy la verdad" (Jn 14, 6). Sólo hay una verdadera vida sobrenatural del alma, y ésta es Jesucristo, porque Él mismo dijo: "Yo soy la vida" (Jn 14, 6).

"El Hijo Encarnado de Dios enseñó que fuera de la fe en Él no puede haber una religión verdadera y agradable a Dios: “Yo soy la puerta; el que por Mí entra se salvará” (Jn. 10, 9). Dios ordenó a todos los hombres, sin excepción, escuchar a Su Hijo: “Este es mi Hijo muy amado, ¡escuchadle!” (Mc. 9, 7). Dios no dijo: “Pueden escuchar a Mi Hijo o pueden escuchar a los fundadores de otras religiones, pues es mi voluntad que existan diferentes religiones”. Dios nos ha prohibido reconocer la legitimidad de la religión de otros dioses. “No tendrás otros dioses delante de Mí” (Ex. 20, 3) y “No os juntéis bajo un yugo desigual con los infieles. Pues ¿qué tienen de común la justicia y la iniquidad? ¿O en qué coinciden la luz y las tinieblas? ¿Qué concordia entre Cristo y Belial? ¿O qué comunión puede tener el que cree con el que no cree? ¿Y qué transacción entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor 6, 14-16).

Si otras religiones también correspondieran de la misma manera a la voluntad de Dios, no habría tenido lugar la condena divina al Becerro de oro en el tiempo de Moisés (cf. Ex. 32, 4-20); si así fuera, entonces los cristianos de hoy podrían practicar impunemente la religión de un nuevo Becerro de oro, ya que todas las religiones son, según aquella teoría, caminos agradables a Dios. Dios dio a los Apóstoles, y a través de ellos a la Iglesia para todos los tiempos, la orden solemne de instruir a todas las naciones y a los creyentes de todas las religiones en la única y verdadera fe, enseñando a todos a observar Sus Divinos mandamientos y bautizándolos (cf. Mt. 28, 19-20). Desde la predicación de los Apóstoles y del primer Papa, el Apóstol San Pedro, la Iglesia siempre ha proclamado que no hay salvación en ningún otro nombre, es decir, en ninguna otra fe bajo el cielo, por la cual los hombres deban ser salvados, sino en el Nombre y en la Fe de Jesucristo (cf. Hech. 4, 12). (...)

"Los Apóstoles e incontables mártires cristianos de todos los tiempos, especialmente aquellos de los primeros tres siglos, habrían evitado el martirio si hubieran dicho: “La religión pagana y su culto es un camino, el cual también corresponde a la voluntad de Dios”. No habría existido, por ejemplo, una Francia cristiana, ni tampoco una “Hija Mayor de la Iglesia”, si San Remigio hubiera dicho a Clodoveo, rey de los francos: “No desprecies tu religión pagana, la que has celebrado hasta hoy, y adora a Cristo, a quien has perseguido hasta ahora”. De hecho, el santo obispo actuó muy diferente, incluso severamente: “¡Adora lo que has quemado y quema lo que has adorado!”.

"La verdadera fraternidad universal solo puede ser en Cristo, y concretamente entre los bautizados. La gloria plena de hijos de Dios puede alcanzarse sólo en la visión beatífica de Dios en el cielo, como enseña la Sagrada Escritura: “Mirad qué amor nos ha mostrado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y lo somos; por eso el mundo no nos conoce a nosotros, porque a Él no lo conoció. Carísimos, ya somos hijos de Dios aunque todavía no se ha manifestado lo que seremos. Mas sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como es." (1 Jn 3, 1-2).

"Ninguna autoridad sobre la tierra – ni siquiera la suprema autoridad de la Iglesia – tiene el derecho de dispensar a los fieles de otras religiones de la fe explícita en Jesucristo, como Hijo Encarnado de Dios y único Salvador de la humanidad, asegurando que las diferentes religiones han sido dispuestas por Dios mismo. Indelebles – porque están escritas por el dedo de Dios tan claras como el cristal en su significado – permanecen, no obstante, las palabras del Hijo de Dios: “Quien cree en Él, no es juzgado, mas quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Esta verdad fue válida hasta ahora en todas las generaciones cristianas y permanecerá válida hasta el fin de los tiempos, independientemente del hecho de que algunas personas en la Iglesia de nuestra época tan voluble, cobarde, sensacionalista y conformista reinterpreten esta verdad en un sentido contrario a su evidente expresión, vendiéndonos esta reinterpretación como si se tratara de una continuidad en el desarrollo de la doctrina."