Roma apoya firmemente el documento de trabajo del Sínodo sobre la Amazonía

Agosto 20, 2019
Origen: fsspx.news
Cardenal Lorenzo Baldisseri

Después de la denuncia del documento de trabajo del próximo sínodo sobre la Amazonía, hecha por el Cardenal Walter Brandmüller, aparecieron tres nuevas críticas en el mes de julio formuladas por el Cardenal Müller, Monseñor Schneider y Monseñor Nicola Bux. Sin embargo, en Roma, varios cardenales apoyan el Instrumentum laboris contra viento y marea, aceptando incluso el aspecto revolucionario.

Durante una entrevista con el sitio católico Settimana News, realizada el 3 de julio de 2019, el Cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo, asumió plenamente el carácter inédito, por no decir revolucionario, del próximo Sínodo: "la asamblea sinodal del próximo mes de octubre se caracteriza precisamente por esta "doble dimensión" eclesial y ecológica, que la distingue de los sínodos anteriores". "Estamos viviendo un momento histórico en el que somos más conscientes de la necesidad que tenemos de cuidar la Creación", señaló.

En un artículo publicado el 18 de julio, por el diario jesuita La Civiltà Cattolica, el Cardenal Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo, Perú, afirmó que el Instrumentum laboris "es un documento de trabajo (...) que expresa ampliamente los sentimientos y deseos de muchos representantes de la población de la Amazonía".

Este prelado, uno de los fundadores de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), respondió, sin atreverse a nombrarlas directamente, a las críticas de los Cardenales Müller y Brandmüller. Pero su respuesta es puramente verbal, porque el Cardenal Barreto no ahondó en las cuestiones de orden teológico planteadas por los dos prelados alemanes. En su lugar, se centró únicamente en las necesidades pastorales y económicas de las personas que viven en la región amazónica.

Este cardenal es jesuita, y un viejo amigo del Padre Jorge Bergoglio, antes de que este se convirtiera en papa; es considerado el "profeta de la ecología integral". Ha colaborado con otras sesenta organizaciones para resolver los problemas de contaminación en La Oroya, en el valle del Mantaro, un río en el centro de Perú.

Militante activo, el Cardenal Barreto recuerda en su artículo que "la mayoría de los países que comparten el territorio del Amazonas, son signatarios de las principales convenciones internacionales de derechos humanos y sus respectivos avales sobre los derechos de los pueblos indígenas y la protección del ambiente". Si bien la mayoría de estas convenciones no son respetadas, el prelado peruano aseguró que "la Iglesia desea ser un puente y colaborar para que este objetivo [i.e. la protección de la Amazonía y su población] se logre por el bien de cada uno de los países representados en este territorio, por la vida digna y plena de los pueblos que habitan esta región, y por la protección de un ecosistema esencial para el presente y el futuro del planeta".

"Como Iglesia, siguiendo el llamado del Papa y deseando la comunión con y en las sociedades en las que habitamos, queremos vivir una "cultura de encuentro" en la Amazonía con los pueblos indígenas, las comunidades que habitan en las orillas de los ríos, los descendientes de africanos, los pequeños agricultores, los habitantes urbanos y las congregaciones religiosas, y entablar un diálogo respetuoso y constructivo con otras religiones y entidades políticas y sociales", declaró el cardenal jesuita.

"Este Sínodo es una oportunidad para tomar en cuenta la identidad de estos pueblos y su capacidad para proteger estos ecosistemas, de acuerdo con su cultura y su visión del mundo", según el cardenal Barreto, quien agregó: "Puede permitir a nuestras sociedades no amazónicas crear las condiciones adecuadas para apreciarlas, respetarlas y aprender de ellas. De este modo, algún día podremos desechar la idea de que este territorio es un espacio deshabitado o atrasado. Más aún, podremos extraer pautas útiles para determinar las causas de nuestros propios fracasos como sociedad en el cuidado de nuestro hogar común". 

Estas declaraciones explícitas del Cardenal Barreto, que será una de las personalidades centrales del Sínodo sobre la Amazonía, demuestran, si es que todavía fuera necesario, la validez de las críticas teológicas contra el Instrumentum laboris. A través de la pluma de este prelado peruano, el sínodo de octubre ya se expresa con un vocabulario ecológico-ecuménico: "para la protección de un ecosistema esencial", para "vivir una cultura de encuentro", para "entablar un diálogo respetuoso y constructivo con otras religiones y entidades políticas y sociales", etc.

Sin embargo, existe una gota de hiel en este océano de felicidad ecológica: el Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, admitió, fugazmente, la existencia de una cierta discrepancia. Con motivo de una conferencia titulada "La profecía del Papa Francisco en la era de la globalización de la indiferencia" (sic), el Cardenal declaró al periódico local de Rimini en Italia, Buongiorno, del 16 de julio, sentirse "muy preocupado por las manifestaciones hostiles provocadas por las enseñanzas del Papa Francisco", y agregó que esta hostilidad "pone en peligro la unidad de la Iglesia cuyo centro de unidad visible es precisamente el Papa".

A fuerza de tanto reclamar la "unidad en la diversidad", no debería sorprender ver hoy esta unidad en la adversidad, disuelta por el pluralismo doctrinal y moral. Quien siembra el viento conciliar cosecha la tormenta posconciliar.