Santa Sede: una diplomacia a toda velocidad

Enero 19, 2022
Origen: fsspx.news

La influencia de la diplomacia vaticana es cada vez más fuerte, como lo demostró la tradicional ceremonia anual con los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. Una mirada retrospectiva a un intenso año 2021 para la Secretaría de Estado.

Alcandoras adornadas mezcladas con mantillas negras, saris coloridos entre redingotes y grandes cordones de órdenes ecuestres... Una vez más, la tradicional ceremonia con los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede no careció de solemnidad, el pasado 8 de enero de 2022.

Justo detrás del Papa Francisco, la presencia del cardenal secretario de estado, monseñor Pietro Parolin, recordó que los contratiempos financieros y legales que sacuden los muros de la Terza Loggia -en referencia a su ubicación en el tercer piso del Palacio Apostólico- no deberían hacer olvidar la intensa actividad diplomática de un dicasterio que a lo largo de las décadas se ha convertido en el verdadero centro de poder del Vaticano.

Prueba de ello son las cifras: a principios de 2022, 183 Estados mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede. A estos se suman la Unión Europea (UE) y la Orden Soberana y Militar de Malta.

Un puñado de Estados -de mala reputación- todavía se resisten a establecer relaciones con el Vaticano: Afganistán, Arabia Saudita, China o Corea del Norte. Incluso el Vietnam del tío Ho acabó estableciendo relaciones formales con el Vaticano en 2011...

Además, hay 87 cancillerías de embajadas con sede en Roma, incluidas las de la UE y la Orden de Malta, las oficinas de la Liga de los Estados Árabes, la Organización Internacional para las Migraciones, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El año 2021 estuvo marcado por una intensa actividad bilateral: el 10 de febrero se ratificó definitivamente el "Séptimo Acuerdo Adicional entre la Santa Sede y la República de Austria a la Convención para la Regulación de las Relaciones Patrimoniales del 23 de junio de 1960".

Pero el hecho más llamativo fue la atención muy particular de los diplomáticos romanos hacia el mundo ortodoxo, celebrando varias cumbres en Rusia, Grecia, Serbia y Ucrania.

Grecia ha pedido incluso a la Santa Sede que sirva de moderador en los Balcanes, donde la situación sigue siendo tensa: prueba del interés de la Iglesia por la región es el viaje del cardenal Parolin a Eslovenia el pasado mes de septiembre para participar en un foro que reunió a los jefes de gobierno de los países de Europa Central.

El presidente Vladimir Putin incluso llamó por teléfono al Papa Francisco para desearle un feliz cumpleaños, lo que sirvió para recordar que Rusia sigue siendo la pieza clave en la resolución de la cuestión ucraniana, que preocupa al Romano Pontífice.

El Cáucaso no fue ignorado por la diplomacia romana en 2021: la Santa Sede inauguró una nunciatura en Ereván (Armenia) mientras el país está sumido en una crisis desde la pérdida de Nagorno-Karabaj, al final de una guerra relámpago con Azerbaiyán, apoyada por la Turquía del islamista Recep Tayyip Erdogan.

La inflexión hacia el este de la diplomacia vaticana se confirmó así durante el año 2021: el Papa Francisco no ocultó su deseo de ir a Moscú, e incluso a Beijing, durante su pontificado.