Sermón de Monseñor Fellay con motivo del 50° aniversario del seminario de Écône

Octubre 17, 2020
Origen: fsspx.news

Sermón de Monseñor Bernard Fellay con motivo del 50 aniversario del seminario de Écône celebrado el 24 de septiembre de 2020.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Queridas Excelencias, querido Superior General, queridos hermanos en el sacerdocio, queridos seminaristas, queridos hermanos, queridas hermanas, queridísimos fieles.

¿Por qué estamos aquí?

Si estamos aquí reunidos hoy, es, ante todo -podría decirse como motivo próximo- por un aniversario: este mes celebramos el 50 aniversario del seminario de Écône. Este es el primer motivo de esta ceremonia: una acción de gracias. Queremos agradecer al buen Dios por todos los frutos que ha aportado este seminario.

Hay un segundo motivo, similar al primero. Este año, 1 de noviembre, tendremos otro jubileo: el de la fundación, esta vez, de la misma Fraternidad, erigida por Monseñor Charrière, obispo de Friburgo, el 1 de noviembre de 1970. Para esta ocasión se tenía planeada una hermosa ceremonia en Lourdes, pero hay un cierto virus que está trastornando un poco nuestros proyectos humanos, por lo que esta gran peregrinación tuvo que reducirse a una peregrinación nacional, y es por eso que hoy estamos reuniendo una parte de este jubileo. También queremos agradecer a Dios, por supuesto, aunque con una anticipación de casi un mes, por esta obra de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que es milagrosa.

Y luego, y esta es quizás la razón por la que muchos, muchos de ustedes han venido hoy aquí: la traslación de los restos mortales de Monseñor Lefebvre desde la bóveda a la cripta de esta iglesia. Algunas personas quisieran ver en esto quién sabe qué cosas. Tratan de inventar todo tipo de teorías al respecto. Pero cuando construimos esta iglesia, a mediados de los 90, pocos años después de la muerte de Monseñor, ya estaba planeado que veneraríamos a nuestro querido fundador en la cripta, aquí. Por tanto, no es ninguna novedad, no se trata de una nueva dirección o Dios sabe qué; es simplemente el cumplimiento, pasado un tiempo, del homenaje filial que le debemos a nuestro fundador y, evidentemente, esto también facilitará el acceso de los fieles a la tumba de Monseñor.

Obviamente, hay muchos, muchos pensamientos que pasan por nuestras cabezas en este día.

Por supuesto, ante todo, la acción de gracias. Debemos agradecer al buen Dios por esta obra y por su fundador. Si Monseñor Lefebvre no hubiera dado, con un valor verdaderamente heroico, aquellos pasos asombrosos que sorprendieron a toda la Iglesia en esa época, bueno, simplemente, no estaríamos aquí. Esta Fraternidad, es precisamente la de Monseñor Lefebvre.

Monseñor insistió mucho al decir que en realidad no estaba innovando: su única preocupación era transmitir lo que había recibido, eso era todo. Y cuando miramos la historia del siglo pasado, especialmente, digamos, desde la década de 1950 y después, por supuesto, con el Concilio, ahora, con un poco de retrospectiva, quizás podamos comprender mejor lo que eso quiere decir.

Permítanme compartir con ustedes algunos de los pensamientos de Monseñor Lefebvre. Este año, tendremos la alegría, si Dios quiere, de entregar a nuestros queridos miembros de la Fraternidad este libro que el mismo Monseñor Lefebvre quiso para nosotros, llamado Directorio Espiritual. Finalmente, ahora está a punto de completarse, y la idea que motivó este trabajo me parece bastante brillante: se trata simple y únicamente de las palabras de Monseñor, muy simplemente; y me gustaría leerles algunos extractos, que resumen toda la Fraternidad desde su raíz -lo que realmente es- y explican todo lo demás.

[La santidad sacerdotal]

"El espíritu de la Fraternidad es, ante todo, el de la Iglesia"1.

Así que nada especial, simplemente es el espíritu de la Iglesia. ¿Y cuál es el espíritu de la Iglesia?

"Reconocida por la Iglesia como Sociedad de vida común sin votos y como Fraternidad sacerdotal, nuestra Fraternidad se injerta en el tronco de la Iglesia y extrae su savia de santificación de la tradición más auténtica de la Iglesia y de las fuentes vivas y puras de su santidad, en la misma forma en que tantas Sociedades reconocidas por la Iglesia a lo largo de los siglos han hecho crecer y florecer nuevas ramas y dar los frutos de santidad que son el honor de la Iglesia militante y triunfante2".

"Toda la Escritura está orientada hacia la cruz, hacia la víctima redentora y radiante de gloria, y toda la vida de la Iglesia está orientada hacia el altar del sacrificio y, por tanto, su principal preocupación es la santidad del sacerdocio3".

"Debemos tener la profunda convicción de que la Iglesia será santa en la medida en que los sacerdotes sean santos4.

"Para los seminaristas, el descubrimiento cada vez mayor del gran misterio al que están destinados debe dar un carácter muy especial a su vida; cautivados por Nuestro Señor y su sacrificio, deben por eso renunciar al mundo, a sus vanidades, a sus futilidades y deben manifestar este desapego con su vestimenta, con su actitud, con el amor al silencio y al retiro, aunque el apostolado les pida después que vayan a las almas5".

"La Iglesia forma a quienes dan las cosas sagradas: 'sacerdos', es decir, 'sacra dans', aquel que realiza las acciones santas y sagradas; 'sacrificium', es decir, 'sacrum faciens'. La Iglesia pone en sus manos 'consagradas' los dones divinos y sagrados 'sacramenta', los sacramentos6".

[Un espíritu de fe en el valor de la Misa]

"El espíritu de la Fraternidad es ante todo el de la Iglesia. Sus miembros: sacerdotes, hermanos, hermanas, oblatas, terciarios, se esforzarán por conocer cada vez mejor el misterio de Cristo, tal y como lo describe San Pablo en sus epístolas, y especialmente en las epístolas a los Efesios y a los Hebreos.

"Entonces descubriremos qué ha guiado a la Iglesia desde hace veinte siglos; entenderemos la importancia que la Iglesia otorga al sacrificio de Nuestro Señor y, en consecuencia, al sacerdocio. Profundizar este gran misterio de nuestra fe que es la Santa Misa, tener una devoción ilimitada a este misterio, colocarlo en el centro de nuestros pensamientos, de nuestros corazones, de toda nuestra vida interior, eso será vivir del espíritu de la Iglesia7".

"Profundamente convencidos de que la fuente de la vida se encuentra en Cristo crucificado y, por tanto, en el sacrificio que nos dejó como herencia, los miembros de la Fraternidad descubrirán con una alegría cada vez mayor que la Esposa mística de Nuestro Señor, nacida del Corazón traspasado de Jesús, no tenía más en el corazón que transmitir, con una magnificencia inspirada por el Espíritu Santo, que este precioso testamento.8

"El espíritu de la Fraternidad -hay algunas repeticiones, pero lo hago a propósito- el espíritu de la Fraternidad es esencialmente un espíritu sacerdotal, iluminado por el resplandor del sacrificio redentor del Calvario y de la Misa, 'Misterio de la Fe'.

"Este gran misterio, sol de nuestra fe, nos lo transmite la Iglesia en la liturgia, donde, como Madre, se esfuerza por revelar las infinitas riquezas de este misterio en las acciones, palabras, cantos, ornamentos litúrgicos, distribuidos según el admirable ciclo litúrgico.

"La Fraternidad, ansiosa por vivir este misterio, se adhiere con celo al conocimiento de la liturgia y se esfuerza por realizarla en toda su belleza y esplendor: 'Señor, he amado la belleza de tu casa' (Sal 25). El espíritu de la Fraternidad es un espíritu litúrgico9.

"Habiendo sido el sacerdote consagrado sobre todo para el sacrificio, para la oración pública de la Iglesia, la Fraternidad se esforzará por adquirir este espíritu de la liturgia en toda su profundidad, a fin de vivir el misterio de Cristo ofreciéndose a su Padre y ofreciendo todo su Cuerpo Místico10.

"Los esplendores de la liturgia cantan sobre Jesús crucificado y resucitado. La Iglesia ha sabido presentarnos y hacernos vivir estos misterios de una manera verdaderamente divina, que cautiva los corazones y eleva las almas. Todo fue arreglado con el amor de una esposa fiel y una madre misericordiosa. Todo es objeto de edificación en los lugares sagrados, en las ceremonias, las ornamentaciones, los cantos, la elección de las oraciones, el misal, el breviario, el pontifical, el ritual11.

"Los miembros de la Fraternidad alimentarán su espiritualidad en estas fuentes de agua viva que la Iglesia les ofrece en la sagrada liturgia, fuente incomparable de sabiduría, de fe, de gracias, de vida ascética y mística.

"Nada es pequeño, nada es mezquino en el servicio de tal Señor y Rey. Seamos siempre conscientes de esto. Es un medio de apostolado muy eficaz. Aunque la liturgia es ante todo alabanza a la Santísima Trinidad, ofrenda y sacrificio, fuente de vida divina, es también la más viva de las catequesis, la más eficaz. ¡Felices los fieles cuyos sacerdotes tienen un alma enamorada de la liturgia de la Iglesia12!

[Un espíritu de contemplación de Jesucristo crucificado y glorificado]

"El espíritu de la Fraternidad es el espíritu de la Iglesia, el espíritu de fe en Nuestro Señor Jesucristo y en su obra de Redención. Toda la historia de la Iglesia, durante los últimos veinte siglos, manifiesta los principios fundamentales de la Iglesia animados por el Espíritu Santo, espíritu de Nuestro Señor.

"El sacerdote está en el centro de esta obra divina de renacimiento de las almas, de su deificación para su futura glorificación. Todos sus pensamientos, sus aspiraciones, sus acciones deben estar inspirados por este espíritu de fe. Ahora bien, este espíritu de fe es esencialmente un espíritu de contemplación de Jesús crucificado y glorificado13.

"Cuán deseable es que todos los miembros de la Fraternidad tengan sed de la vida contemplativa, es decir, de esa mirada sencilla y ardiente de la cruz de Jesús. Que todos adquieran el espíritu de oración, de vida interior a imagen de Nuestro Señor mismo, que vivió treinta de sus treinta y tres años alejado del mundo14.

"El aspecto profundamente interior, espiritual, sobrenatural de nuestra vida, de nuestra piedad, el aspecto contemplativo de nuestra vida, es el que ha justificado todas estas fundaciones contemplativas, de ahí proviene el espíritu de oración de la Fraternidad, la necesidad de ejercicios en común, de oración15.

[Un espíritu de oblación]

"La consecuencia de este acercamiento a Dios en su sacrificio redentor producirá en las almas de los miembros de la Fraternidad los mismos efectos, en sus debidas proporciones, que experimentaron las almas privilegiadas que recibieron los estigmas de Nuestro Señor.

"Los efectos son dobles: los primeros condicionan a los segundos y son su fuente; estos son los aspectos contemplativos:
- un ardiente deseo de oblación total como víctima en unión con la Víctima divina,
- el amor de Dios, de Nuestro Señor hasta el sacrificio de sí mismo,
- la entrega total a la santa voluntad de Dios,
- una unión ardiente con el Corazón traspasado de Nuestro Señor16.

"La contemplación es una mirada de amor [dirigida a] Jesús crucificado y glorificado, que transfiere el alma a las manos de Dios: 'In manus tuas commendo spiritum meum' (Sal 30, 6). Y esto solo puede lograrse mediante un abandono completo de nuestra voluntad en las manos de Dios, es decir, una obediencia consumada a su santa voluntad; voluntad manifestada por Dios y por quienes legítimamente participan de su autoridad y hacen uso con pleno derecho de esta participación; voluntad manifestada por Dios mismo en el transcurso de los acontecimientos que nos afectan durante nuestra existencia: enfermedades, pruebas... Meditemos estas grandes enseñanzas de la Iglesia y luchemos en las circunstancias de nuestra vida para ponerlas en práctica.

"Esto presupone una gran humildad de nuestra parte; esto explica perfectamente toda la espiritualidad benedictina basada en la progresión en la virtud de la humildad.

"La contemplación, la obediencia, la humildad son los elementos de una misma realidad: la imitación de Jesucristo y la participación en su amor infinito17.

"Los efectos del Espíritu de Amor, que se manifestó en la cruz y continúa manifestándose en el altar y en la Eucaristía, tienden a alejar el alma del mundo, a hacerla despreciar las cosas temporales para adherirse a lo eterno, las cosas materiales para adherirse a lo espiritual. El alma experimenta un gran horror por el pecado, una profunda contrición por sus faltas y un inmenso deseo de expiar por sí misma y por los demás. Debemos dar gracias a Dios por comunicarnos su espíritu de amor y de víctima para la gloria de su Padre18.

[Un apostolado profundamente sobrenatural]

"La base del celo misionero y apostólico de los miembros de la Fraternidad será saber que no son más que 'siervos inútiles' (Lc 17,10), de quienes Nuestro Señor Jesucristo muy bien podría prescindir, pero que quiere usarlos y que es un honor que no merecen. Permanecerán siempre en esta profunda conciencia de su nada y del todo de Dios, confiando solo en su gracia, siendo el apostolado esencialmente una obra de gracia sobrenatural. Armados con estas convicciones, acudirán valientemente a las almas que les esperan, que les son confiadas. Predicarán 'cum fiducia' (Efesios 6, 19), invocando la ayuda de Nuestro Señor y de la Virgen María.

"La predicación debe ser sencilla, convincente, que edifique y forme a las almas para convertirse a Dios. Si las almas no vienen, deben salir a su encuentro con un corazón compasivo, humilde, confiando en la gracia, sin hacer ninguna distinción.

Evitarán cualquier forma de dominación, de desprecio. Harán todo por todos, cuidando de no caer en el error de quienes piensan que es necesario adoptar el lenguaje grosero y las conductas vulgares de ciertos círculos. Incluso estas personas esperan de nosotros una actitud sencilla, buena pero siempre digna de nuestro sacerdocio19".

De esto se trata, en pocas palabras. Podríamos seguir, pero esto es lo que Monseñor esperaba, lo que quería de sus sacerdotes al fundar la Fraternidad. Cuando decimos 'Fraternidad', cuando miramos este siglo, una vez más, vemos una lucha inmensa, vemos una revolución en el mundo y en la Iglesia, y vemos a Monseñor Lefebvre oponiéndose a esta revolución, incluso oponiéndose a Roma misma. Él también, por supuesto, ha hecho historia en estos últimos 50 años, es cierto; pero ese no es el punto. Siempre habrá combates en la Iglesia militante: los combates en la Iglesia no empezaron con Vaticano II... Empezaron con la crucifixión de Nuestro Señor, y durarán hasta el fin de los tiempos. Cuando termine este combate, habrá más, y no debemos hacernos ilusiones al respecto.

[El ejemplo de la Virgen María]

Pero aun así, me parece -y este será nuestro último punto, una mirada a la Santísima Virgen- que la Santísima Virgen María puede darnos una idea, digamos, correcta de esta lucha que, por supuesto, ha marcado estos años. Miremos a la Santísima Virgen María: ¿en qué pensamos cuando decimos Santísima Virgen María? Pensamos, por supuesto, en la siempre Virgen, pero sobre todo pensamos en la Madre, en la Madre de Dios, y cuando decimos eso, pensamos en la misericordia, pensamos en la dulzura. Y todo eso es perfectamente cierto. Pero es su amor, su amor total a Dios, lo que la convertirá en la que la Iglesia llama: 'terrible como un ejército en batalla'. Ella es quien será aclamada por la Iglesia como la que 'aplasta todas las herejías', la más terrible para el diablo, y es hasta Dios mismo quien lo dice: '¡Ella te aplastará la cabeza!' ¡Sí, todo eso!

Todos estos aspectos, se podría decir combativos, provienen de la Santísima, dulce y misericordiosa Virgen María. Y esto no es en absoluto contradictorio: incluso, es evidente. Si queremos saber cuánto amamos realmente al buen Dios, veamos cómo lidiamos con el pecado, lo que favorece el pecado, cómo lo enfrentamos. ¿Ponemos el amor a Dios primero? ¿Estamos de acuerdo en que, en esta lucha, que es una lucha espiritual, ganamos mucho más recibiendo los golpes que dándolos? Miremos a Nuestro Señor: es clavado en la cruz que obra su Redención. Este es un aspecto, por supuesto, que no se ajusta a nosotros naturalmente, digamos que no coincide con nuestra naturaleza humana, ¡pero qué cierto es! Una vez más, no somos nada, como pedacitos de hombres; pero unidos a Nuestro Señor, uniendo nuestras humillaciones, nuestras contradicciones, nuestras penas, todo lo que Dios permite... uniéndolos a su santa Pasión, entonces todos estos actos, que son completamente despreciados por el mundo, adquieren un valor de poder contra el infierno, y también un valor extraordinario de redención, que nos recuerda la Santísima Virgen de Fátima: 'Si hay tantas almas que caen en el infierno es porque nadie quiere sacrificarse por ellas'.

Y precisamente la Misa, que nos llama a unirnos al sacrificio de Nuestro Señor, nos recuerda esta verdad. Esta iglesia está dedicada al Inmaculado Corazón de María: esa fue la voluntad de Monseñor Lefebvre, fue él quien pidió esto, y podemos ver, fue él mismo quien lo dijo, que la Santísima Virgen María es la Estrella que guio toda su vida. Por eso, es para nosotros una inmensa alegría poder traer hoy, o si así lo prefieren, reunir a Monseñor con la cripta de esta iglesia dedicada al Inmaculado Corazón de María; es parte de esta herencia que Monseñor quiso regalarnos.

Si hoy celebramos 50 años, y si vemos que esta obra sigue creciendo, podemos atribuirlo, además, por supuesto, a las gracias de Nuestro Señor, también a la fidelidad. Y si esperamos poder celebrar 100 años y más de esta obra, será de nuevo y siempre en esta fidelidad a lo que nos ha transmitido Monseñor. ¡Así que confiemos, confiemos todas nuestras intenciones, todas nuestras preocupaciones, nuestras penas! No teman, mis queridísimos hermanos, pedir a Dios por intercesión de Monseñor Lefebvre: ¡él está trabajando, y vaya que lo está haciendo! Y si no me creen, pruébenlo, y verán.

Sí, por supuesto, pidamos a la Santísima Virgen, al Inmaculado Corazón, y también a Monseñor Lefebvre, que nos ayuden en esta fidelidad para la mayor gloria de Dios, para la salvación de las almas. Que así sea.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

  • 1. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 4 de junio de 1981.
  • 2. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 7 février 1981.
  • 3. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 4 de junio de 1981.
  • 4. Notas manuscritas relacionadas con Cor Unum.
  • 5. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 4 de junio de 1981.
  • 6. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 4 de junio de 1981.
  • 7. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 4 de junio de 1981.
  • 8. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 26 de septiembre de 1981.
  • 9. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 14 de enero de 1982.
  • 10. Notas manuscritas relacionadas con Cor Unum.
  • 11. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 26 de septiembre de 1981.
  • 12. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 26 de septiembre de 1981.
  • 13. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 26 de junio de 1982.
  • 14. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 14 de enero de 1982.
  • 15. Notas manuscritas relacionadas con Cor Unum.
  • 16. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 14 de enero de 1982.
  • 17. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 26 de junio de 1982.
  • 18. Cor Unum, El Espíritu de la Fraternidad, 14 de enero de 1982.
  • 19. Notas manuscritas relacionadas con Cor Unum.