Tenso enfrentamiento entre Viktor Orban y el Papa Francisco

Septiembre 21, 2021
Origen: fsspx.news

Una enorme sala vacía y sonora revestida de frío mármol, siete sillas dispuestas respetando las distancias sanitarias: el museo de Bellas Artes de Budapest se convirtió, el 12 de septiembre de 2021, en un teatro a puertas cerradas entre el Papa Francisco y Viktor Orban.

Durante este encuentro presencial de cuarenta minutos, el primer ministro húngaro acompañó al presidente de la república Janos Ader, con el viceprimer ministro Zsolt Semjén.

Junto al Papa, estuvo presente la máxima autoridad de la Secretaría de Estado, en las personas del cardenal Pietro Parolin y Monseñor Paul Gallagher: una forma de asegurar una entrevista que no puede permitirse pasos en falso.

Porque hay muchas cosas que separan a los dos principales actores del encuentro: por un lado, un pontífice argentino que ha hecho de la inmigración y del pluralismo cultural o religioso su credo; por otro, un jefe del poder ejecutivo húngaro que fue condenado al ostracismo en Europa por atreverse a blandir el cristianismo como estándar y abogar por la defensa de la identidad cultural y religiosa de su país.

Una tensión tanto más palpable cuanto que el Papa Francisco se había negado claramente a darle a su visita por Hungría el carácter de una visita de Estado: este viaje "será una peregrinación espiritual. No hay que mezclar elementos que puedan desnaturalizarla. El aspecto central de la peregrinación eucarística marcará toda la visita", precisó Matteo Bruni, portavoz de la sala de prensa de la Santa Sede.

Sin resentimientos por lo que algunos consideraron una afrenta diplomática, Viktor Orban informó a la prensa que le había ofrecido al sucesor de Pedro una copia de una carta del siglo XIII, en la que el rey húngaro Bela IV exigía la ayuda del Papa Inocencio IV para resistir las incursiones de las hordas mongolas que amenazaban con invadir la Hungría cristiana. Todo un símbolo que el "Papa de los migrantes", sin duda, solo disfrutó moderadamente.

Pero la diplomacia suele tener la última palabra: "el encuentro (...) se desarrolló según el programa previsto, en un ambiente cordial", comunicó el Vaticano, añadiendo que se discutieron algunos temas como el "papel de la Iglesia en el país, el compromiso con la protección del medio ambiente, la defensa y promoción de la familia".

Luego, cada uno tomó su camino: el Papa celebró la Misa ante 100,000 fieles, y aprovechó para decir a los que le escuchaban que no hay "reducir el cristianismo a la defensa de nuestra imagen", sino convertirlo en un "descentramiento liberador".

La respuesta oficial no se hizo esperar, como explicó el director ejecutivo húngaro en Facebook: "Le pedí al Papa que no permitiera que la Hungría cristiana se perdiera".

No se puede más que sonreír tristemente cuando vemos a un protestante luterano dar, en unas pocas palabras, una lección de política cristiana al Vicario de Cristo.