Tras bambalinas de la renuncia de Benedicto XVI

Octubre 13, 2021
Origen: fsspx.news

¿Quién estaba al tanto de la dimisión de Benedicto XVI y cuándo fue que se enteraron? ¿En quién confió el Papa Emérito? Un vaticanista italiano realiza un análisis sobre los entresijos de una dimisión que cambió el rostro de la Iglesia.

Francesco Antonio Grana es vaticanista de la revista en línea italiana de tendencia centro-izquierdista ilfattoquotidiano.

En su última obra Cosa resta del papato -"Lo que queda del papado", [no traducida hasta la fecha, nota del editor]- publicada el 7 de octubre de 2021 por Terra Santa, el periodista, al tiempo que ofrece una visión reformista del futuro del papado, presenta elementos, en ocasiones inéditos, sobre lo que sucedió tras bambalinas de la acción realizada por Benedicto XVI el 11 de febrero de 2013.

Esto permite trazar el esquema de un calendario de la renuncia papal:

30 de abril de 2012 - El pontífice alemán plantea por primera vez a su secretario de estado la idea de una posible renuncia al trono de Pedro.

Se sabe también que otras tres personas recibieron esta confidencia de la boca del Papa: su confesor, un sacerdote polaco de la Penitenciaría Apostólica; su hermano mayor, monseñor Georg Ratzinger; y su secretario privado, monseñor Georg Gänswein.

4 de febrero de 2013 - Unos días antes de que la noticia cayera como una cuchilla, Benedicto XVI informó su decisión al presidente de la república italiana, Giorgio Napolitano.

5 de febrero de 2013 - Es el turno del segundo secretario privado del Santo Padre, monseñor Alfred Xuereb, promovido posteriormente al cargo de nuncio en Corea, de ser informado directamente por su jefe. Entonces las cosas comenzaron a acelerarse. 

10 de febrero de 2013 - Por la noche, el suplente del secretario de estado, el futuro Cardenal Angelo Maria Becciu, telefonea al asesor de comunicaciones del Vaticano, el periodista estadounidense Greg Burke, quien luego se convertiría en director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, pidiéndole que llegara un poco antes de lo habitual a la oficina a la mañana siguiente.

Monseñor Becciu, sin embargo, no reveló el motivo de esta reunión. Había que mantener el secreto de forma absoluta para evitar cualquier posible filtración. Con el escándalo de Vatileaks tan solo unos meses atrás, era necesario evitar a toda costa que la decisión del Sumo Pontífice se publicara primero en los periódicos, antes de anunciarse solemnemente durante el consistorio.

El periodista precisa que "en la víspera del consistorio, el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, monseñor Guido Marini, telefoneó de forma bastante inusual al domicilio de todos los maestros de ceremonias para asegurar su presencia en esta reunión". 

Ya en la mañana del 11 de febrero, pocas horas antes de que Benedicto XVI hiciera el histórico anuncio, monseñor Marini dijo al entonces guardián del santuario pontificio, el Padre agustino Pavel Benedik, que debía "preparar todo lo que fuera necesario para la organización de un cónclave". Por lo tanto, el maestro de ceremonias del Papa ya estaba al tanto de la decisión, al menos con 24 horas de anticipación.

También fue el 10 de febrero que varios funcionarios de la Secretaría de Estado se enteraron de la noticia, cuando se les pidió que elaboraran el texto en latín de la alocución papal: "la fórmula de la renuncia", explicó el cardenal Bertone, entonces secretario de estado, fue cuidadosamente pensada y reelaborada sub secreto. La firma del Papa lleva la fecha del 7 de febrero en un primer texto y (...) el texto final lleva la fecha del 10 de febrero", explicó el alto prelado.

Antonio Grana también revela que "incluso el entonces director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Padre jesuita Federico Lombardi, se enteró de la decisión de Benedicto XVI unos minutos antes del inicio del consistorio".

Y señala que el jesuita no tuvo mucho tiempo para preparar la rueda de prensa que improvisó inmediatamente después del anuncio, en una sala de prensa del Vaticano, que, aún desierta unos minutos antes, fue literalmente "tomada por asalto" en un abrir y cerrar de ojos.

Este calendario inevitablemente parcial de la renuncia de Benedicto XVI tiene el mérito de esclarecer de forma particular un hecho cuyas consecuencias para la vida de la Iglesia eran todavía impensables diez años antes.