Un artículo del cardenal Brandmüller sobre el futuro cónclave

Junio 04, 2022
Origen: fsspx.news

El segundo número de la revista Cardinalis, la nueva publicación destinada a los cardenales con vistas al futuro cónclave, contiene un artículo muy interesante que contrasta con la jerga eclesiástica en boga actualmente. 

El cardenal Walter Brandmüller, expresidente del Comité Pontificio para las Ciencias Históricas, tituló este artículo: "Prolegómenos sobre las conversaciones previas al cónclave", sin limitarse al siguiente cónclave, aunque evidentemente se refiere directamente a él.

El vigoroso nonagenario recuerda el deber de los cardenales al momento de proceder a la elección del Soberano Pontífice: qué Papa debe ser elegido en las presentes circunstancias. Y aclara: "la cuestión debe ser discutida ante todo teniendo en cuenta las exigencias de la actual situación doctrinal, moral y jurídica".

El cambio de perspectivas durante los dos últimos siglos

El cardenal señala el cambio que ha tenido lugar en los dos últimos siglos: los Papas "han comenzado a verse a sí mismos ya no como dirigentes de un Estado pontificio en declive, sino como maestros y pastores de la Iglesia universal". Además, la evolución de la información ha hecho que los Papas sean conocidos en todo el mundo.

Y concluye diciendo: "Por ejemplo, durante el siglo XIX, mientras los Estados Pontificios eran amenazados y conquistados por el Risorgimento, se extendió un culto más bien afectivo en torno a la persona del Papa". Otra consecuencia es que la frase "Roma locuta est, causa finita est", "más allá de su significado original, pasó a ser considerada como una máxima del sentire cum ecclesia.

Una exageración del ministerio de la persona del Papa

El cardenal Brandmüller reconoce que, si bien este desarrollo sirvió para cerrar las filas de los católicos frente a la agitación y la revolución, "también condujo a una exageración teológicamente cuestionable del ministerio y de la persona del Papa".

Esto permitió una "conexión más cercana, incluso emocional, de los católicos con el Papa, que luego resultó útil" durante las dos guerras mundiales y frente a las dictaduras ateas: el nazismo y el comunismo.

Profundizar el ministerio de Pedro

Esta es la primera conclusión a la que llega el razonamiento del historiador eclesiástico. Lo que está en cuestión es "la relación recíproca entre el Papa y la Iglesia". Y subraya que el Papa es un miembro de la Iglesia que tiene los deberes de Servus servorum.

Lo que implica que "el Papa no debe, o no puede, reinar como un monarca absoluto". Lo que el cardenal pretende decir es que el Papa no está simpliciter –o absolutamente– por encima de las leyes canónicas. "Su acción encuentra un límite cuando se trata del núcleo fundamental de la doctrina y de la constitución de la Iglesia", insiste el alto prelado.

Y reitera: "En resumen, el Papa puede cometer un crimen cuando no respeta la ley", incluso si es imposible tomar medidas formales contra él según el adagio que data del siglo IV: "Prima sedes a nemine judicatur", "la primera sede no puede ser juzgada por nadie". Lo cual tiene una implicación: "esto corresponde a un deber de obediencia gradual por parte de los miembros de la Iglesia.

El porporato vuelve a señalar los posibles abusos en una frase digna de ser citada: "El aumento de las destituciones de obispos por orden del Mufti en el pasado reciente debe analizarse desde este ángulo", el del misterio de la Iglesia, y de los límites del poder papal.

El artículo concluye: "corresponderá al cónclave elegir un Papa consciente de su mandato apostólico, incluidos sus límites".