Una gran fractura en el anglicanismo

Agosto 13, 2022
Origen: fsspx.news
Conferencia de Lambeth en 2008

La última reunión de prelados de la comunión anglicana que acaba de concluir en Canterbury (Reino Unido) ha sacado a la luz una fractura que parece difícil de sanar. La causa: la cuestión de las uniones entre personas homosexuales, y su posibilidad de integrarse en el clero.

Es bien conocido el problema -irresoluble- de la cuadratura del círculo, pero el de la unidad de la comunión anglicana nada tiene que envidiarle: así lo reveló la decimoquinta conferencia de Lambeth, que concluyó en Canterbury el 7 de agosto de 2022.

En efecto, cada diez años desde 1867, los "obispos" de la fe anglicana tienen la costumbre de reunirse para manifestar una fachada de unidad, que se ha fracturado en gran medida este año.

Juzguemos los hechos: los primados de las comunidades de Ruanda, Uganda y Nigeria –que por sí sola cuenta con dieciocho millones de fieles– se negaron a participar en el encuentro. Peor aún, varios de los 650 prelados que estuvieron presentes se negaron a recibir la comunión durante la ceremonia de apertura el 31 de julio.

¿La razón del enfado? La luz verde dada por las autoridades anglicanas, en 1998, a las uniones entre personas homosexuales, y la posibilidad de que estos últimos se integren plenamente en el clero y la jerarquía.

Si bien una mayoría de anglicanos -procedentes de países occidentales secularizados y poco practicantes- aceptan la reforma, el grupo de las "Iglesias del Sur", ubicadas en el continente africano, y donde se concentran las fuerzas vivas del anglicanismo, rechazan aquello que consideran un desarrollo inaceptable, por considerarlo un cuestionamiento de las Escrituras, que son bastante claras en el tema de la homosexualidad.

"Si queremos permanecer unidos, tengamos cuidado con las brechas existentes", advirtió Maimbo Mndolwa, primado anglicano de Tanzania.

Justificando, por su parte, su negativa a comulgar durante la apertura de la cumbre, el primado de Sudán del Sur, Zechariah Manyok Bia, quiso ser aún más claro: "La Eucaristía tiene lugar después del gesto de paz, y comulgar junto a tu hermano significa reconciliarte con él. Habría sido hipócrita comulgar uno al lado del otro".

Para evitar un cisma que parece cada vez más inexorable, Justin Welby, designado por la corona británica como primado de toda la confesión anglicana, disparó su última bala: proponer que se reconozca que la comunión entre "Iglesias" puede existir, aun cuando existan divisiones sobre un tema tal como las uniones homosexuales.

Una forma de decir que dos y dos son cinco: por su parte, James Wong, primado anglicano del Océano Índico no se equivocó al respecto, denunciando con sus propias palabras una comunión "fracturada".

¿Está el anglicanismo viviendo su canto del cisne, y será capaz de sobrevivir a la desaparición de la monarca británica, que quizás sigue siendo su última garantía, adornada con sus setenta años de reinado sobre el Reino Unido y la Commonwealth, e indicustiblemente popular? Sin duda, es el sueño -o mejor dicho, la pesadilla- que debe rondar las noches de verano de monseñor Justin Welby.