Una Iglesia que quiere agradar al mundo

Septiembre 22, 2020
Origen: fsspx.news
Jacques Bénigne Bossuet (1627-1704)

El libro de Monseñor Athanasius Schneider, Christus vincit, que acaba de ser publicado en francés por éditions Contretemps, permite ver cómo este prelado ha ido tomando conciencia de la responsabilidad del Concilio Vaticano II en la crisis que actualmente sacude a la Iglesia.

Para todos los que creen que este tipo de pensamiento está reservado a eclesiásticos, expertos en teología y especialistas en derecho canónico, he aquí el testimonio del vaticanista Aldo Maria Valli, publicado este verano en su blog, en el que se expresa como un simple bautizado: "Ahora que me acerco a la vejez y siento la necesidad de acudir a lo esencial de la fe, me parece que puedo decir, con toda humildad y como un simple bautizado, que el Concilio fue inspirado por un error fatal: el deseo de agradar al mundo".

Prudentemente, Valli hace la siguiente aclaración: "Me doy cuenta de que mi declaración puede parecer precipitada, y pido disculpas a los especialistas en el tema, pero cuanto más estudio los años del Concilio, más me convenzo de que hubo una especie de complejo de inferioridad con respecto al mundo en grandes sectores de la Iglesia [en este caso, la palabra Iglesia designa por metonimia a los hombres de la Iglesia], comenzando por el Papa Juan XXIII. Y expone esta conclusión lógica: "En el instante en que la Iglesia desea, más o menos conscientemente, complacer al mundo, inevitablemente comienza a traicionarse a sí misma y a su misión. Porque Jesús nunca quiso agradar al mundo, ni ofrecer concesiones para aparecer como comprensivo y dialogante".

Aldo Maria Valli añade: "Con el Concilio, las ventanas ciertamente se abrieron permitiendo la entrada del aire. Pero junto con esta agradable sensación de frescura, también entraron las ideas del mundo, marcadas por el pecado, y la Iglesia fue contaminada por ellas. ¿Qué significa estar marcado por el pecado? En pocas palabras, significa estar marcado por la voluntad de poner al hombre en el lugar de Dios, porque en el fondo de eso se trata, y así ha sido y será en todos los tiempos".

Esto es lo que la fe de su bautismo le permite entender a este fiel católico. En otras palabras, hombres de la Iglesia deseosos de agradar al mundo contemporáneo, ansiosos por no disgustarlo. Hombres la de Iglesia seguidores de modas ecuménicas obsoletas y opiniones ecológicas biodegradables. Hombres de la Iglesia preocupados por el cambio climático, que rezan por la protección de la Creación, sin evocar ni el pecado original, ni la gracia, ni a Cristo que "es el mismo ayer, hoy y siempre" (Hb 13, 8).

Bossuet les responde: "Dios se ríe de las súplicas que se le hacen para evitar los males públicos, cuando el que suplica no se opone a aquello que se hace para atraerlos. Peor aún, cuando se aprueba y se apoya plenamente, aunque con reticencia". (Historia de las variaciones de las Iglesias protestantes, 1688)

Padre Alain Lorans