Una mirada retrospectiva al escándalo de la Pachamama

Octubre 31, 2019
Origen: fsspx.news

Los recientes escándalos acaecidos en el contexto del Sínodo para la Amazonía han causado distintas reacciones. El incidente idólatra de las estatuillas veneradas en la capital del cristianismo es sumamente revelador.

Desde el 4 de octubre de 2019, en los Jardines del Vaticano, su exposición ante el Papa y su séquito fue causa de gran controversia. Hubo una procesión, una danza y el acondicionamiento de un pequeño santuario donde el grupo de adoradores de la Pachamama se postró ostensiblemente apoyando la frente sobre la tierra delante de las dos estatuillas de madera que representaban a mujeres desnudas y embarazadas, sin omitir la presencia de una figura fálica acostada sobre su espalda. Esta exótica manifestación no fue solo una muestra folclórica. Fue un símbolo "del grito de la tierra amazónica y los pueblos originarios", y su objetivo fue rendir homenaje a la cultura local, ancestral y primitiva, a la herencia espiritual de estas regiones ANTES de la llegada del Evangelio. En otras palabras, a una cultura pagana con sus ritos, creencias e ídolos.

Sus ritos, incluso fetichistas, de repente se han vuelto dignos de respeto. Sus creencias, primitivas y carnales, se convirtieron en un camino legítimo para el Sínodo, y para toda la Iglesia a través de él. Sus ídolos, burdos y abominables, se convirtieron en objeto de todas las atenciones. Los carabineros tuvieron que recuperarlos después de que un alma valiente los lanzó al Tíber.

Quo vadis Francisce? 

El Papa se disculpó y pidió perdón: "Me gustaría decir unas palabras sobre las estatuillas de la "Pachamama" que fueron sustraídas de la iglesia de la Traspontina, donde estaban expuestas sin intenciones idólatras, y fueron lanzadas al Tíber. Ante todo, esto sucedió en Roma, y ​​como obispo de Roma pido disculpas a quienes se han sentido ofendidos por este gesto".

Al menos no tuvo la hipocresía de otros prelados, o de la oficina de prensa de la Santa Sede, que no se atrevieron a llamar al ídolo por su nombre. Francisco conoce perfectamente bien el territorio de América del Sur y sabe llamar a las cosas por su nombre. Sin ningún lugar a dudas, eran estatuillas que representaban a la Pachamama, la diosa de la Madre Tierra.

¿Que no había intenciones idólatras? - ¿está seguro de esto? ¿Por qué entonces estos ritos? Y aunque la intención no fuera idólatra, eso no disminuye en nada el escándalo: ¿qué hace un ídolo en el Lugar Santo? ¿Desde cuándo el Papa, vicario de Cristo y obispo de Roma, tolera tales espectáculos? ¿Acaso se quiere ofender la sangre de los mártires caídos tan numerosamente en esta Ciudad, cosa que no sucedería sin este tipo de espectáculos? Quo vadis Francisce?

Reacciones de todos los flancos... o casi todos

Las reacciones ante lo sucedido han sido enérgicas. El Superior General de la Fraternidad San Pío X invitó a un día de ayuno y oración el 9 de noviembre próximo, para reparar este escándalo, pero también la dirección tomada por el Sínodo que, como era de esperarse, ataca al sacerdocio católico y modifica el poder del Orden en la Iglesia, todo lo anterior con la bendición de los jerarcas. Pero el Padre Davide Pagliarani no está solo.

El cardenal Gerhard Ludwig Müller, entrevistado por Raymond Arroyo en Washington, dijo sin rodeos que "el gran error fue permitir la entrada de estos ídolos en la iglesia, no haberlos sacado de ella", porque "a la luz del primer mandamiento de Dios, la idolatría es un pecado grave", "una falta contra la Ley Divina".

Un gran número de católicos también se ha manifestado para condenar este abominable espectáculo: la Iglesia debe llevar a Jesucristo a los pueblos del Amazonas, no permitir que los ídolos amazónicos se apoderen de la Iglesia de Dios. Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio para las Comunicaciones en el Vaticano, es uno de los pocos que ha tratado de justificar lo injustificable, atreviéndose incluso a citar a San Francisco de Asís y al cardenal Newman, profanando así su fe pero también su celo misionero.

Otra reacción es la de Monseñor Athanasius Schneider, quien no dudó en denunciar el sincretismo y el paganismo "que son como venenos que penetran por las venas del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia". Asimismo, recordó el triste espectáculo de estos días donde los ídolos fueron venerados ante la Tumba de San Pedro, elogiados por el Papa Francisco y colocados en la Sala del Sínodo, un lugar de honor. Además, condenó la adoración del símbolo pagano de la Pachamama y pidió oración y reparación.

Ciertamente es lo único que queda por hacer, con la esperanza de que el Papa y los responsables de estos abusos execrables tomen conciencia de su culpa y finalmente asuman las obligaciones y deberes de su cargo: confirmar al rebaño en la fe, y no en un vago sincretismo panteísta y ecologista.

Una cosa más que lamentar: los sitios oficiales del Instituto del Buen Pastor, el Instituto de Cristo Rey o la Fraternidad San Pedro no han publicado ningún comunicado ni toma de posición hasta el momento en que escribimos estas líneas. ¿Deberíamos estar sorprendidos?

Sin embargo, hay situaciones graves donde el silencio no está permitido, donde la defensa de la fe es tanto un honor como un deber.