Vaticano: el arte de acariciar al dragón rojo a través de las escamas

Octubre 20, 2021
Origen: fsspx.news

El encuentro organizado entre el Papa Francisco y veintidós líderes religiosos de primer nivel, reunidos en Roma para discutir el tema de la ecología unos días antes de la apertura de la COP26, demostró una vez más que el acuerdo provisional entre la Santa Sede y China sigue ocupando, más que nunca, un lugar central en el presente pontificado.

Tenzin Gyatso, decimocuarto dalái lama, no se encontraba entre los veintidós líderes religiosos presentes, reunidos por invitación del huésped de Santa Marta para hablar sobre ecología, unos días antes de la vigésimo sexta Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Cambios Climáticos (COP26), que tendrá lugar en Glasgow del 31 de octubre al 12 de noviembre.

La noticia puede parecer anecdótica, pero revela los misterios de la diplomacia vaticana. El diario Il Messagero del 4 de octubre publicó al respecto un artículo con el evocador título: "Nueva bofetada del Papa al dalái lama, excluido de la cumbre interreligiosa sobre el clima".

Franca Giansoldati escribe sorprendida: "aunque Tenzin Gyatso es considerado el líder religioso más comprometido del mundo con la protección de la naturaleza y el medio ambiente (…) no se encontraba presente en la reunión, aunque un representante de segunda categoría de la gran familia budista, Shoten Minegisi, ocupó su lugar".

Desde su llegada al trono de Pedro, el pontífice argentino ha tratado meticulosamente de evitar cualquier contacto con los religiosos tibetanos, posponiendo a las calendas griegas las diversas solicitudes de audiencia procedentes de Dharamsala (India) donde el dalái lama vive en el exilio: ¿será que la reencarnación de Buda ha sido relegada al rango de los intocables por la secretaría de Estado?

Una actitud que contrasta marcadamente con la de Benedicto XVI, y más aún con la de Juan Pablo II, quien se reunió ocho veces con Tenzin Gyatso durante su pontificado.

Uno de los secretarios del dalái lama explicó la razón de esta conducta, durante una entrevista concedida a La Repubblica, hace unos años: "El Papa Francisco se niega a recibir a nuestro líder, porque está negociando con Beijing el reconocimiento de los obispos nombrados por Roma en China".

La ausencia del dalái lama en Roma el 4 de octubre provocó tanta agitación que los diplomáticos del Vaticano tuvieron que dedicarse a tranquilizar la situación.

Al ser interrogado por Reuters, monseñor Richard Paul Gallagher, encargado de las relaciones con los estados, respondió que "Su Santidad el dalái lama sabe cuánto lo respeta la Santa Sede, pero también comprende que nuestras relaciones (con China) son complicadas y difíciles, y siempre ha respetado esta situación".

Y el arzobispo agregó: "Esto es algo que apreciamos mucho y por eso el diálogo con el budismo continúa en muchos niveles".

Esta anécdota muestra la importancia de los desafíos que implica, en el pontificado actual, la cuestión de las relaciones entre la Santa Sede y China: en el altar del acuerdo -provisional e incierto- con los mandarines rojos, parece que los católicos chinos ya han sido sacrificados.

Este es también el caso de la minoría musulmana uigur y de los budistas tibetanos: es evidente que los paradigmas de la libertad religiosa y el ecumenismo conciliar saben cómo ceder el paso a la razón de Estado. Incluso cuando se es el Papa de la ecología y los migrantes...

Como se señaló en otro artículo, son los poderosos quienes dictan esta razón de estado, incluso en la Santa Sede.