Vaticano: el derecho a la vida se fisura

Enero 19, 2022
Origen: fsspx.news

La revista Civilta Cattolica publicó un artículo para pedir apoyo a un proyecto de ley que proporcionaría un marco restringido a la eutanasia, con el objetivo de evitar un mal mayor, en este caso la generalización del suicidio asistido. Esta postura ha generado gran asombro, sobre todo cuando se sabe que la revista es dirigida desde el Vaticano.

Los defensores de la cultura de la vida no lo pueden creer. El golpe llegó inesperadamente, por la espalda.

En el último número de Civilta Cattolica, el Padre Carlo Casalone –médico, exprovincial de la Compañía de Jesús, miembro de la Pontificia Academia para la Vida y profesor de teología moral en la Pontificia Universidad Gregoriana– aboga por la aprobación rápida de un proyecto de ley que regula la eutanasia en una manera estricta.

Una posición muy inquietante, si se toma en cuenta que no se puede publicar ningún número de la famosa revista jesuita sin haber recibido previamente la autorización de la Secretaría de Estado, el dicasterio más poderoso del Vaticano... Para comprender lo que está en juego aquí, conviene situar la cuestión en su contexto.

Italia actualmente castiga el suicidio asistido con entre 5 y 12 años de prisión, pero en 2019 el Tribunal Constitucional introdujo una excepción para los "pacientes mantenidos vivos mediante tratamiento médico [...] y que padezcan una patología irreversible, fuente de sufrimiento físico y psicológico que consideren intolerable, siendo plenamente capaces de tomar decisiones libres y conscientes".

Esta decisión tuvo el efecto de un terremoto en un país de fuerte tradición católica. Sin embargo, la Corte dejó un resquicio legal al declarar ilegal un artículo del código penal que castiga a las personas que colaboran en un suicidio asistido, enumerando al mismo tiempo las condiciones para que este sea legal.

Tomando esta vaguedad como pretexto, la asociación Luca Coscioni lanzó, en 2021, una petición online a favor de un referéndum sobre la legalización de la eutanasia en Italia, reuniendo más de 750,000 firmas, superando ampliamente el umbral de las 500,000 requeridas. La consulta popular podría realizarse en los primeros meses de 2022, si para entonces no se ha aprobado ninguna ley.

Porque, mientras tanto, el Parlamento italiano inició, el 13 de diciembre, el análisis de un proyecto de ley sobre la despenalización del suicidio asistido. Respaldado por la coalición de centroizquierda en el poder, el texto se enfrenta a la oposición de los partidos de derecha y asociaciones pro-vida.

Aquí es donde entra en escena la revista Civilta Cattolica: "Dada la situación del país, y la sentencia de la Corte Constitucional [de 2019, ndlr], nos parece importante que se promulgue una ley. (…) Aunque aquí entran en juego valores difíciles de conciliar, no nos parece conveniente eludir la situación enterrando el proyecto de ley", escribe el Padre Casalone.

Para algunos, esta postura sin precedentes de un órgano de información dirigido desde el Vaticano, muestra que el huésped de Santa Marta está detrás: el Padre Spadaro, director de la revista jesuita, ¿no es uno de los colaboradores cercanos del pontífice?

Por su parte, Civilta Cattolica, ha negado cualquier tipo de rendición hacia los promotores de la cultura de la muerte: el único objetivo es "hacer menos problemático el texto de la ley modificando los artículos más lesivos", es decir, aprobar una "ley imperfecta", para evitar un mal mayor.

Para el Padre Casalone, enterrar el proyecto de ley que actualmente está siendo examinado en el Parlamento conllevaría el riesgo de un próximo referéndum "favoreciendo la expansión general del suicidio asistido".

Quizá deba recordarse a los jesuitas de La Civilta Cattolica que es moralmente inadmisible realizar una acción objetivamente inmoral –por ejemplo, que un diputado apoye activamente un texto que legaliza el suicidio, incluso bajo ciertas restricciones– con el fin de evitar un mal peor.

En cuanto a los defensores del derecho a la vida, han expresado con razón: "este artículo es una provocación", declaró indignada Paola Binetti, senadora de derecha y numeraria del Opus Dei.

Por su parte, Massimo Gandolfini, neurocirujano y director del departamento de neurociencias del hospital de Brescia, uno de los portavoces del movimiento pro-vida, evoca una "transigencia inaceptable", sobre una "cuestión innegociable como es la vida".

"No entiendo cómo, para acabar con un mal, se debe cometer otro; esta idea me repugna", declaró el científico.

Estas reacciones sensatas no dejarán de resonar largos ecos dentro de los muros leoninos, los cuales será difícil sofocar por completo.