Vaticano I: una mirada retrospectiva a un Concilio inconcluso (1)

Diciembre 19, 2019
Origen: fsspx.news

Hace ciento cincuenta años, se inauguró el Concilio Vaticano I, bajo la dirección del Papa Pío IX. En la siguiente serie de artículos, FSSPX.Actualidad repasará la historia del Concilio que se convirtió en el escenario de la oposición entre liberales y ultramontanos, y al término del cual se proclamó el dogma de la infalibilidad papal.

El Papa Pío IX aprovechó las grandiosas celebraciones de 1867 organizadas con ocasión del decimoctavo centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, para anunciar su intención de convocar un concilio ecuménico en el Vaticano. Su objetivo era consolidar la obra de restauración doctrinal de la cual el Syllabus constituía la punta de la lanza. Se había propuesto particularmente hacer con el racionalismo teórico y el liberalismo reinante lo mismo que el Concilio de Trento había hecho contra la herejía protestante.

Un año después de este primer anuncio, el Papa Pío IX convocó a los obispos de todo el mundo. La apertura se fijó para el 8 de diciembre de 1869, fecha que celebraría el decimoquinto aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

A fin de contribuir al regreso de los cristianos separados a la unidad de la Iglesia, se enviaron múltiples cartas de invitación "a todos los obispos del rito oriental que no están en comunión con la Sede Apostólica", así como a los protestantes en general. Con excepción de algunos pastores luteranos y anglicanos, este llamado a la unidad no fue escuchado.

Al enterarse del anuncio del Concilio, la masonería enfureció y decidió organizar en Nápoles un anti-concilio que también se inauguró en diciembre de 1869. Esta parodia apenas tuvo repercusión.

La solemne apertura del Concilio Vaticano I

El 8 de diciembre de 1869, una solemne ceremonia papal inauguró el Concilio. La ceremonia de inauguración duró alrededor de siete horas, y estuvieron presentes 20,000 peregrinos extranjeros y 700 obispos, es decir, dos tercios del episcopado mundial. Las sesiones se llevaron a cabo en el transepto derecho de la Basílica de San Pedro, acondicionada para albergar los debates.

Entre los participantes se encontraban el famoso obispo de Poitiers, Monseñor Louis-Edouard Pie, posteriormente cardenal, así como San Antonio María Claret, arzobispo de Santiago de Cuba, fundador de los Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos): ambos fervientes defensores de la infalibilidad papal.

Continuará...