Vaticano I: una mirada retrospectiva a un Concilio inconcluso (10)

Julio 10, 2020
Origen: fsspx.news

Hace ciento cincuenta años, se inauguró el Concilio Vaticano I, bajo la dirección del Papa Pío IX. En la siguiente serie de artículos, FSSPX.Actualidad repasará la historia del Concilio que se convirtió en el escenario de la oposición entre liberales y ultramontanos, y al término del cual se proclamó el dogma de la infalibilidad papal.

Episodio 10: la hora de la verdad

Inmediatamente después del episodio del voto negativo del 13 de julio de 1870, se reanudaron las negociaciones. La minoría, reacia pero resignada a aceptar una definición sobre la infalibilidad, quería algunas garantías.

Fue así que, en la tarde del 15 de julio, el arzobispo de París, Monseñor Georges Darboy, visitó al pontífice soberano, en compañía de una delegación compuesta por el primado de Hungría, los arzobispos de Lyon y Múnich, y los obispos de Maguncia y de Dijon. Su objetivo era obtener la inserción, en la definición de la infalibilidad papal, de algunas palabras que implicaban una cierta participación del episcopado en este privilegio.

Al mismo tiempo, Pío IX recibió en su escritorio un doble sobre blanco que contenía una carta del obispo de Orleans, Monseñor Félix Dupanloup, quien imploraba a Su Santidad que "examinara las cosas por sí mismo", destacando el peligro que se corría al definir "como de fe, bajo pena de anatema, aquello que no es más que una opinión escolar".

Pío IX se negó a jugar este juego, y se mantuvo firme en su decisión de proclamar aquello que era una verdad de fe. Aprovechando la firmeza mostrada por el Papa, el partido romano incluso logró que se mencionara en el borrador del documento final una clara condena del galicanismo.

La partida del grupo anti-infalibilidad

La minoría se vio golpeada por la reacción del Santo Padre. ¿Qué actitud debía adoptar? Las opiniones diferían: algunos consideraban que las enmiendas hechas en los días anteriores representaban un paso en la dirección correcta, que los opositores de la infalibilidad habían moderado sus posiciones en las últimas semanas, y que una oposición frontal no sería productiva. Otros, sin embargo, deseaban luchar: creían que seguía siendo necesario el voto non placet, para hacer hincapié en la ausencia de unanimidad moral del Concilio, y desacreditar a este último.

Hubo muchos que propusieron abandonar los debates, al no querer aceptar una fórmula que no les convenía, ni tampoco emitir un voto negativo que, en su opinión, podría dar lugar a manifestaciones hostiles "desde las gradas donde se encontrarían reunidos todos los sacerdotes exaltados", según se explica en el acta de la reunión de la minoría del 16 de julio.

Monseñor Dupanloup, un prelado influenciado por el galicanismo, pero preocupado por el bien común, insistía en que un voto negativo escandalizaría a un gran número de fieles: ¿no existía el riesgo de alejar a los más débiles de la Iglesia, en un momento en que esta última ya se encontraba bajo el ataque del mundo moderno?

Después de una cuidadosa reflexión, la minoría decidió abstenerse de participar en la votación final y abandonar Roma inmediatamente. Una carta elaborada en términos respetuosos fue redactada a toda prisa para informar al Papa Pío IX de las razones de esta apresurada partida. Cincuenta y cinco obispos firmaron dicha carta, a los cuales hay que agregar seis prelados que escribieron en su propio nombre una carta personal.

En la mañana del 18 de julio, mientras los carruajes tirados por caballos, que transportaban a los miembros de la minoría y a su séquito, partían levantando una nube de polvo tras de sí, en la sacristía de San Pedro, el Papa, era revestido con su gran capa dorada, sujetada en la parte delantera por el tradicional y precioso formal fabricado en plata sólida.

Una vez sentado en la sedia gestatoria, un cardenal coronó al Papa con una brillante mitra de piedras preciosas. El pontífice meditó durante un largo tiempo antes de hacer su solemne entrada en la Basílica del Vaticano. A lo lejos, las nubes empezaban a acumularse y se escuchó un gran trueno.

Continuará...