Vaticano I: una mirada retrospectiva a un Concilio inconcluso (3)

Abril 24, 2020
Origen: fsspx.news

Tercer episodio: en busca de la unidad perdida

Hace ciento cincuenta años, se inauguró el Concilio Vaticano I, bajo la dirección del Papa Pío IX. En la siguiente serie de artículos, FSSPX.Actualidad repasará la historia del Concilio que se convirtió en el escenario de la oposición entre liberales y ultramontanos, y al término del cual se proclamó el dogma de la infalibilidad papal.

Aunque en enero de 1870, la cuestión de la infalibilidad papal parecía haber sido dejada de lado temporalmente, con los Padres Conciliares aparentemente divididos, no dejó de provocar una creciente agitación durante el invierno.

Como las congregaciones generales se celebraban por la mañana durante ciertos días de la semana, un gran número de Padres Conciliares pudieron reunirse para ofrecer la mayor retroalimentación posible a la posición que defendían. 

Así, durante el mes de enero, una petición a favor de la infalibilidad recolectó cerca de 380 firmas, y otras, similares, alrededor de cien. Entre los defensores de las prerrogativas pontificias, figuraban algunos nombres importantes: los futuros cardenales Pie, Mermillod, Deschamps y Manning.

Los opositores a la infalibilidad -una minoría que representaba el 20% del Concilio unida en torno a obispos como Monseñor Darboy, arzobispo de París, o Monseñor Dupanloup, obispo de Orleans- presentaron, por su parte, una petición que rechazaba cualquier definición, considerada inapropiada, y propusieron que se mantuviera el statu quo. Esta petición recolectó 136 firmas, una cifra suficiente para paralizar el debate.

También se involucró en el asunto una campaña de prensa. Sin duda, para impresionar a los círculos romanos, Monseñor Dupanloup recurrió a sus amigos Albert de Broglie y Augustin Cochin, dos importantes escritores del diario Le Français.

A medida que la agitación aumentaba, el Concilio intentó ganar un poco de tiempo dirigiendo la atención al ámbito de la disciplina eclesiástica, que se suponía generaría menos oposiciones. Se elaboraron veintiocho esquemas por la Comisión para la Disciplina y dieciocho por la Comisión de Religiosos.

Pero los primeros diagramas distribuidos -que se referían al papel delegado a los obispos, a los vicarios generales y a los sínodos- no fueron recibidos con gran entusiasmo. Al igual que sucedió con el tema de la infalibilidad, los Padres Conciliares se dividieron en dos grupos: uno conformado por aquellos que temían un nuevo intento de socavar los derechos del pontífice romano, y el otro que defendía las prerrogativas de los obispos diocesanos.

Por su parte, el Patriarca de los católicos de rito caldeo, Monseñor Audo, enfatizó el peligro de alinear las costumbres de las Iglesias orientales con la disciplina de Roma. Unos días después fue reprendido por el Papa Pío IX, debido a otro asunto no relacionado con el Concilio, por lo que el alto prelado parecía, erróneamente, haber sido víctima de su franqueza. Este evento, aunque incidental, tuvo el efecto de aumentar aún más la tensión entre la minoría y el grupo romano.

Por otra parte, el esquema sobre la vida de los clérigos y el que preveía la sustitución de los catecismos diocesanos por un catecismo universal fueron adoptados por una gran mayoría el 22 de febrero de 1870, a pesar de la oposición de Monseñor Dupanloup, que protestó una vez más contra lo que juzgaba como un "exceso de centralización romana".

Se acercaba el final del invierno. Mientras que los jardines romanos se cubrían con sus primeras flores, los Padres Conciliares parecían estar abrumados por el agotamiento a causa de los interminables debates, incluso si, de vez en cuando, alguna intervención ayudaba a animar el ambiente cada vez más pesado. Por ejemplo, la de un obispo siciliano que justificó el uso de la sotana explicando que, según el profeta Isaías, el Señor lleva en el cielo una túnica con una larga cola...

Además, se tomó la decisión de suspender los trabajos del 22 de febrero al 18 de marzo a fin de establecer nuevas reglas de debate para un Concilio que parecía haber durado ya mucho tiempo, y para reconfigurar la sala conciliar construida en la Basílica del Vaticano con el objetivo de mejorar la acústica. ¿Se entenderían mejor después de eso? Nada es menos seguro. 

Continuará...