Vaticano I: una mirada retrospectiva a un Concilio inconcluso (4)

Abril 29, 2020
Origen: fsspx.news

Cuarto episodio: una primavera prometedora

Hace ciento cincuenta años, se inauguró el Concilio Vaticano I, bajo la dirección del Papa Pío IX. En la siguiente serie de artículos, FSSPX.Actualidad repasará la historia del Concilio que se convirtió en el escenario de la oposición entre liberales y ultramontanos, y al término del cual se proclamó el dogma de la infalibilidad papal.

Del 22 de febrero al 18 de marzo de 1870, los trabajos conciliares se suspendieron, a fin de mejorar la acústica en la basílica de San Pedro, donde se llevaban a cabo los debates. Este período también sirvió para que la minoría anti-infalibilidad "digiriera" las nuevas reglas promulgadas para evitar que las discusiones se estancaran.

Las nuevas regulaciones aprobadas por el Papa Pío IX, el 22 de febrero, incluían cuatro modificaciones importantes:

  • Las propuestas de enmiendas y las críticas a los esquemas deberían comunicarse por escrito y no verbalmente, como era el caso anteriormente;
  • Las votaciones se llevarían a cabo según la posición "sentados" o "de pie", esto con el fin de ahorrar aproximadamente una hora y media por vez, comparación con la votación individual por "placet" que debía contarse uno por uno;
  • Los presidentes recibieron autorización para someter a voto el cierre anticipado de una discusión, si al menos diez Padres lo solicitaban;
  • Una mayoría absoluta de votos bastaría para que se adoptara una constitución.

Como era de esperar, los líderes de la minoría mostraron su oposición a los dos últimos cambios a las regulaciones. Una protesta elaborada por Monseñor Dupanloup fue firmada por cincuenta prelados, incluidos treinta franceses. Los obispos del mundo germánico presentaron una petición más radical, que reunió catorce firmas. ¡Algunos Padres incluso amenazaron con abandonar el Concilio si no obtenían un fallo favorable!

La suspensión de los debates permitió que los espíritus se tranquilizaran. Cuando se reanudaron, el 18 de marzo, fue el esquema sobre la Revelación, preparado por el jesuita Johann Baptist Franzelin, y reelaborado entre otros por Monseñor Pie y el Padre Kleutgen, el que se convirtió en el centro de atención.

Parecía que las cosas empezaban a tranquilizarse: el esquema recibió el apoyo de los Padres y la discusión se centró únicamente en algunas enmiendas menores. Por ejemplo, Monseñor Joachim Pecci, futuro papa León XIII, exigió, en vano, la condena explícita del llamado error del "tradicionalismo".

Desarrollada en el siglo XIX por pensadores como Bonald y Bonnetty, la doctrina del tradicionalismo afirma que el conocimiento del orden metafísico, moral y religioso no es accesible a la razón individual. En esta perspectiva, solo se puede adquirir este conocimiento con certeza mediante una revelación, llamada primitiva, que se transmite y atestigua con autoridad por el lenguaje, el espíritu de un pueblo, la tradición, el pensamiento colectivo, etc.

La calma de las discusiones fue repentinamente interrumpida por un prelado croata, Monseñor Joseph Strossmayer, obispo de Bosnia y Sirmia, quien reprochó al esquema su dureza en relación con el protestantismo. Aprovechó también su intervención para quejarse de los cambios realizados en los reglamentos del Concilio, lo que le valió algunas burlas.

Como era de esperar, el incidente fue explotado por algunos polemistas y por la prensa, quienes presentaron al público este episodio como característico de la división entre la mayoría y la minoría. Incluso hubo un sacerdote apóstata que elaboró un discurso apócrifo atribuido a Monseñor Strossmayer, que tuvo gran éxito después del Concilio.

El 12 de abril se celebró una votación sobre el esquema modificado: 83 Padres recurrieron al "placet iuxta modum", que prevé el examen de nuevas enmiendas.

Se organizó una votación final el 24 de abril de 1870. Monseñor Strossmayer y algunos otros Padres estuvieron tentados a rechazarlo definitivamente, pero, siguiendo el consejo de los cardenales Schwarzenberg y Rauscher, decidieron renunciar a su idea, para no mostrar una oposición sistemática, que habría perjudicado a la minoría en el resto de los debates.

Así fue como la primera constitución del Concilio fue aprobada por unanimidad por los 667 miembros presentes. Bajo el nombre Dei Filius, constituye una verdadera brújula para protegerse contra los errores modernos. En los jardines del Vaticano, en aquel año de 1870, la primavera parecía muy prometedora.

Continuará...