Vaticano I: una mirada retrospectiva a un Concilio inconcluso (5)

Mayo 01, 2020
Origen: fsspx.news

Quinto episodio: un Concilio que da frutos

Hace ciento cincuenta años, se inauguró el Concilio Vaticano I, bajo la dirección del Papa Pío IX. En la siguiente serie de artículos, FSSPX.Actualidad repasará la historia del Concilio que se convirtió en el escenario de la oposición entre liberales y ultramontanos, y al término del cual se proclamó el dogma de la infalibilidad papal.

Fue durante la tercera sesión pública, el 24 de abril de 1870, cuando se promulgó la primera de las dos Constituciones emitidas por el Concilio Vaticano I, aprobada por unanimidad unos días antes por los 667 miembros presentes.

Monseñor Joseph Strossmayer, que representaba la línea de los padres de habla alemana opuestos al partido romano, aunque se había adherido -por razones tácticas- al texto propuesto, no estuvo presente cuando los flabelos se inclinaron, ante el soberano pontífice, al descender de la Sedia Gestatoria, pues había acudido en persona para aprobar la nueva Constitución.

Dei Filius, llamada así por el incipit del texto, ofrece una síntesis clara y definitiva sobre Dios, la Revelación y la fe, a fin de responder a los errores del panteísmo, el materialismo y el racionalismo moderno.

El primer capítulo trata de la existencia de un Dios personal, libre, creador de todas las cosas, absolutamente independiente del mundo material y espiritual creado por Él.

El segundo capítulo recuerda que todo hombre puede alcanzar con certeza, a través de la luz de la razón natural, el conocimiento de ciertas verdades, como la existencia de Dios. Además, también enseña que la revelación divina es esencial para poder conocer otras verdades.

En el tercer capítulo, Dei Filius enfatiza la racionalidad de la fe católica, y demuestra que la Iglesia, guardiana del depósito de la fe, lleva en sí misma la garantía de su origen divino.

El cuarto y último capítulo trata de las relaciones existentes entre la ciencia y la fe, que no se oponen entre sí, sino que, por el contrario, se llaman y responden una a la otra, de acuerdo con la distinción entre sus objetos formales.

Dei Filius termina con una serie de dieciocho cánones que califican de anatema los errores opuestos, considerados como heréticos: en efecto, desde 1868, se decidió que los cánones se reservarían para las herejías, mientras que, en los capítulos, el Concilio señalaría otros errores.

La aprobación de la constitución Dei Filius fue un éxito para el Concilio en general y para el Papa Pío IX en particular.

Sin embargo, la tregua duró muy poco. El esquema De Ecclesia -documento preparatorio correspondiente a la Iglesia, sus relaciones con el Estado y las prerrogativas del sucesor de Pedro- "se filtró" en la prensa a finales de enero, ocasionando gran conmoción en las cancillerías europeas, que temían un endurecimiento de las posturas romanas.

Presintiendo una prolongación indefinida de las discusiones sobre temas complejos, el partido romano se preguntó si no sería más prudente anticipar el debate sobre la infalibilidad. Porque el tiempo podía acabarse. No sabían cuánta razón tenían...

Continuará...