Vaticano I: una mirada retrospectiva a un Concilio inconcluso (6)

Mayo 08, 2020
Origen: fsspx.news

Episodio 6: el impulso papal 

Hace ciento cincuenta años, se inauguró el Concilio Vaticano I, bajo la dirección del Papa Pío IX. En la siguiente serie de artículos, FSSPX.Actualidad repasará la historia del Concilio que se convirtió en el escenario de la oposición entre liberales y ultramontanos, y al término del cual se proclamó el dogma de la infalibilidad papal.

En la primavera de 1870, muchos Padres temían, debido al ritmo de los trabajos conciliares, que el esquema central destinado a tratar sobre las prerrogativas del sucesor de Pedro no sería examinado antes de un año. Sin embargo, los disturbios políticos en Europa hacían pensar que el tiempo se acababa: de ahí surgió la idea de anticipar el tema de la infalibilidad papal.

La decisión de Pío IX

La minoría opuesta a cualquier definición sobre este tema en disputa se apresuró a protestar, con el apoyo de algunos prelados italianos, pero no por ello menos importantes. Por ejemplo, el cardenal Joachim Pecci, futuro papa León XIII, consideraba "imprudente exasperar a la oposición alterando el orden normal de las discusiones".

Sin embargo, el partido romano no cedió: el 23 de abril de 1870, una petición firmada por cien Padres fue entregada al pontífice soberano. En ella se exigía un examen inmediato del esquema De Romano Pontifice y, por lo tanto, del tema de la infalibilidad.

En los salones del Palacio del Quirinal -la residencia papal desde el Renacimiento hasta 1870, Pío IX reflexionaba. Escuchó la opinión contraria de ciertos Padres, como Monseñor Dupanloup, a quien le preocupaba una cuestión que estaba "trastornando a Europa en esos momentos". El embajador francés ante la Santa Sede expresó al Santo Padre que una reversión de los trabajos "daría crédito al sentimiento de que el Concilio solo había sido convocado para definir la infalibilidad del soberano pontífice".

El 29 de abril de 1870, el Papa, para gran disgusto de la minoría, decidió a favor de un examen anticipado del tema de la infalibilidad.

Quedaba por elaborar el esquema que se presentaría al Concilio, para no encender demasiado los debates. Así, surgieron dos corrientes entre los miembros de la Diputación de la Fe, cuyo papel era dar el último toque al esquema antes de ser examinado por los Padres conciliares. Los defensores más entusiastas de la infalibilidad se inclinaban por conservar el documento original sin ningún cambio, mientras que el ala más moderada opinaba que debía modificarse. Lo último prevaleció.

La fórmula original propuesta para definir la infalibilidad preocupaba a más de uno, por ser considerada imprecisa y, por lo tanto, extensiva: el Papa sería declarado infalible cuando definiera "lo que en materia de fe o moral debe ser admitido por toda la Iglesia". En esto se podía entender no solo las verdades a ser creídas de la fe divina, sino también un espectro más amplio de verdades de rango inferior, como hechos dogmáticos o conclusiones teológicas aprobadas.

Temiendo una ruptura definitiva con la minoría anti-infalibilista, el ala moderada de la Diputación logró que la fórmula fuera reelaborada. El Padre Franzelin se ocupó de ello: en su versión final, la infalibilidad se refiere a "lo que se debe creer de la fe divina", y no a "lo que debe ser admitido por toda la Iglesia".

El esquema así modificado se presentaría a los Padres conciliares a partir de mayo. Se creía que tendría lugar un examen que ganaría rápidamente el apoyo del Concilio. Sobre todo, porque el optimismo estaba a la orden del día en Roma: en ese mes de mayo, Napoleón III acababa de ganar en París un plebiscito que fortaleció el Imperio. "En ninguna otra época el mantenimiento de la paz en Europa fue más seguro", declaró en ese momento el jefe de gobierno Emile Olivier.

Y, sin embargo, el cielo de repente comenzó a oscurecerse.

Continuará...