Vaticano I: una mirada retrospectiva a un Concilio inconcluso (7)

Mayo 16, 2020
Origen: fsspx.news

Episodio 7 : una discusión a puños cerrados

Hace ciento cincuenta años, se inauguró el Concilio Vaticano I, bajo la dirección del Papa Pío IX. En la siguiente serie de artículos, FSSPX.Actualidad repasará la historia del Concilio que se convirtió en el escenario de la oposición entre liberales y ultramontanos, y al término del cual se proclamó el dogma de la infalibilidad papal.

El 13 de mayo de 1870, bajo la cúpula de la Basílica del Vaticano, se escuchaba un murmullo continuo: las congregaciones generales finalmente habían comenzado a debatir el esquema sobre la infalibilidad pontificia, según lo propuesto por la Diputación de la Fe.

Fue un francés, Monseñor Louis-Edouard Pie, quien tuvo el honor de presentar el proyecto que definía solemnemente las prerrogativas del sucesor de Pedro. El obispo de Poitiers fue elegido, explica su biógrafo, Monseñor Baunard, debido a la reserva y el equilibrio que siempre mantuvo cada vez que abordaba este tema tan espinoso.

Monseñor Pie intentó aclarar el campo a nivel doctrinal: "no se trata de atribuir el privilegio de la infalibilidad al Papa como persona privada considerada por separado del resto de la Iglesia, ni de oponer la figura del Papa a la Iglesia, como si la cabeza pudiera vivir sin su cuerpo", explicó el prelado.

Debates apasionados que terminaron estancados

Había un consenso sobre la posición de Monseñor Pie, pero existía una discusión sobre si era realmente oportuno definir el tema de la infalibilidad en ese momento. El obispo de Nancy explicó así la naturaleza apasionada de la discusión: "varios oradores dan la impresión de hablar con los puños cerrados o con el dedo en el gatillo de un revólver", escribió Monseñor Joseph-Alfred Foulon, el 23 de mayo de 1870.

Así, Monseñor Georges Darboy, arzobispo de París, que moriría un año después bajo las balas de los comuneros, se opuso categóricamente a la definición de la infalibilidad pontificia: "Si el mundo entero rechaza la verdad cuando esta es presentada por todo el cuerpo de la Iglesia docente, ¡cuánto más la rechazará cuando se la presente un doctor infalible de última hora!"

Monseñor Henry Edward Manning, arzobispo de Westminster, inmediatamente se opuso a su colega de París. Basándose en su experiencia como converso del anglicanismo, defendió ardientemente la definición del dogma de la infalibilidad.

Pasaron los días y los discursos se sucedían unos a otros: sesenta y cinco en dos semanas, incluidos veintiséis a favor del ala anti-infalibilidad. La repetición de los argumentos empezó a volverse gradualmente monótona, incluso tediosa, y todavía había cuarenta hablantes registrados para hablar en el aula conciliar...

Fue así que, el 2 de junio de 1870, de acuerdo con las reglas del Concilio modificadas unos meses antes para evitar cualquier estancamiento, ciento cincuenta padres firmaron una petición solicitando el cierre de la discusión general. A partir de ese momento, los debates podrían entrar de lleno en la materia y centrarse en los diferentes capítulos del esquema.

Pero el diablo a menudo acecha en los detalles. ¿En Roma, quizá más que en otros lugares?

Continuará...