Vuelta de página para el Capítulo de la Basílica de San Pedro

Septiembre 10, 2021
Origen: fsspx.news
El cardenal Mauro Gambetti en el día de su entronización

La reforma del Capítulo de la Basílica Papal de San Pedro acaba de ser aprobada por el Papa Francisco: poderes de gestión casi inexistentes, reducción drástica de las misas... Ha llegado la época de las vacas flacas para una de las instituciones más venerables del Vaticano.

En Roma, más de un prelado ha tenido que hacerse a la idea: ha llegado el momento de las reformas rápidas. Tanto es así que se rumorea acerca del fin del reinado del pontífice argentino, rumor desmentido por el principal interesado, el 30 de agosto de 2021, como FSSPX. Actualidad informó. 

Después de la abrogación del motu proprio Summorum Pontificum, el pasado mes de julio, que, en opinión de muchos, parece marcar la liquidación del legado del Papa Benedicto XVI, es la reforma del Capítulo de San Pedro la que el actual pontífice romano tiene la intención de acelerar.

Esta venerable institución fue creada en 1043 por el Papa San León IX, con el objetivo de asegurar la oración regular en la Basílica de San Pedro y ayudar al sucesor de Pedro en la gestión de los bienes patrimoniales donados al papado, incluidos los inmuebles.

A partir del pontificado del Papa Eugenio IV (1145-1153), el Capítulo se transformó gradualmente en una comunidad autónoma, pasando de una estructura monástica a una estructura canónica, de ahí el nombre de canónigos que entonces tomaron sus miembros.

Pero hoy, el Capítulo de San Pedro tiene en su contra ser considerado demasiado poco abierto al espíritu de reforma, para el gusto de quienes pueden ejercer influencia en el huésped de Santa Marta. 

Una serie de reformas en ráfaga

El primer revés tuvo lugar el pasado mes de marzo: la Secretaría de Estado, ignorando a quien todavía ejercía la función de arcipreste dentro del Capítulo, el cardenal Angelo Comastri, publicó una circular que limita las misas privadas en la Basílica Vaticana únicamente entre las siete y las nueve de la mañana, y solo en dos altares.

La Misa tradicional queda, por su parte, relegada a la Capilla Paulina. Ahora, la concelebración se ha convertido en la regla.

En Roma, más de un vaticanista vio esto como la firma del cardenal Beniamino Stella, prefecto emérito de la Congregación para el Clero, amigo íntimo del Papa Francisco, miembro del célebre grupo de San Galo, quien se destacó especialmente por su actividad durante el cónclave de 2013.

A fin de implementar las innovaciones justificadas bajo el pretexto de "potenciar el servicio litúrgico y pastoral de los canónigos en la basílica", el Capítulo tuvo que ser reorganizado.

Al comienzo de la pasada Semana Santa, el cardenal Comastri cedió su lugar a un franciscano, el cardenal Mauro Gambetti, guardián del Sagrado Convento de Asís, un hombre comprometido con las reformas.

Pero desde el 28 de agosto, es el propio Capítulo el que se ha visto sacudido, habiendo aprobado el Papa argentino una serie de normas que deben entrar en vigor el 1 de octubre próximo, durante un plazo de un año, mientras se revisan los estatutos legales del capítulo.

Con el pretexto de reducir los gastos del Capítulo, su gestión financiera ha quedado bajo la tutela de la Fábrica de San Pedro, órgano que gestiona la basílica vaticana, remodelada el pasado mes de marzo.

A partir de ahora, los miembros del Capítulo tendrán una función propia: ya sea la de canónigo propiamente dicho, para asegurar "el servicio de animación litúrgica y pastoral" de la basílica, o la de coadjutor.

Los coadjutores "trabajarán en las celebraciones litúrgicas, en la pastoral y otras tareas que les encomiende el arcipreste junto con el Capítulo".

El Papa Francisco también transfirió una parte importante de las actividades económicas del Capítulo, el Museo del Tesoro y la venta de objetos religiosos, a la gestión de la Fábrica de San Pedro.

El Capítulo seguirá administrando los escasos bienes inmuebles y económicos que aún se encuentran bajo su gestión: sabiendo que gran parte de su patrimonio ya ha sido transferido a la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA).

Finalmente, como estaba previsto, la reforma del Capítulo va acompañada de la reforma de la agenda litúrgica de la basílica. Porque, desde la drástica limitación de las misas privadas en la parte superior de la basílica el pasado mes de marzo, el cardenal Mauro Gambetti quiere ir más lejos todavía: por eso fue elegido.

El nuevo arcipreste, animado por un espíritu "franciscano" (entendido en el sentido de depauperación y colapso general, y no en el de pobreza espiritual) desea que solo haya dos concelebraciones por día, en italiano, transmitidas por el servicio de comunicaciones del Vaticano.

En los pasillos del palacio apostólico, se susurra que el Capítulo de San Pedro tiene ahora la apariencia de un rey desnudo, y que sus canónigos tendrán que contentarse con ser los cicerones modernos de un museo que se ha visto privado de las gracias de las numerosas misas celebradas a diario con fervor durante tantos siglos.