Zaitzkofen: ceremonias en el Seminario del Sagrado Corazón de Jesús

Febrero 07, 2021
Origen: fsspx.news

Los días 2 y 3 de febrero de 2021 se llevaron a cabo las ceremonias anuales en el seminario de lengua alemana de la Fraternidad San Pío X, con algunas restricciones en cuanto a la participación de los fieles, de acuerdo con las normas sanitarias.

Estos dos días se centraron en cuatro ceremonias diferentes, que involucraron a los seminaristas del primero al cuarto año. En total, fueron seis ceremonias. Fue Monseñor Tissier de Mallerais, obispo auxiliar de la Fraternidad, quien ofició las ceremonias durante estos dos días.

El 2 de febrero, el pontífice revistió por primera vez con la librea eclesiástica a 9 seminaristas de primer año: 4 alemanes, 1 bielorruso, 1 húngaro, 1 libanés, 1 polaco y 1 suizo. Luego confirió la tonsura clerical a siete seminaristas de segundo año: 2 alemanes, 1 austriaco, 1 polaco y 3 suizos.

La tonsura no forma parte del sacramento de las Órdenes en sí, pero es obligatoria para recibir las distintas Órdenes. De hecho, es un sacramental, una ceremonia eclesiástica que confiere una gracia, como las bendiciones, que se realiza cortando algunos mechones de cabello, para significar la renuncia al mundo.

El 3 de febrero, Monseñor Tissier de Mallerais confirió las primeras órdenes menores -portero y lector- a cuatro seminaristas de tercer año: 1 alemán, 1 austriaco, 1 lituano y 1 suizo. Además de las segundas órdenes Menores -exorcista y acólito- a cuatro seminaristas de cuarto año: 1 polaco, 1 ruso, 1 suizo y 1 checo.

Es muy alentador observar el número de nacionalidades representadas: 10 nacionalidades en 24 seminaristas, lo que demuestra el atractivo universal de la formación tradicional.

En su homilía, el pontífice hizo hincapié en que las órdenes conferidas, aunque esto sea relativo, confieren un poder real sobre el Cuerpo Místico de Cristo. Y subrayó lo absurdo que es el hecho de haberlas suspendido desde el Concilio Vaticano II, para reemplazarlas por "ministerios", que ahora pueden ser confiados a las mujeres, según un decreto muy reciente del Papa Francisco.

Oremos por la perseverancia de estos jóvenes levitas, para que algún día se conviertan en sacerdotes y aporten su fuerza a la Iglesia del mañana, donde habrá que reconstruir muchas cosas, una obra para la que jamás habrá demasiado obreros.