Chile: incendian dos iglesias en medio de una ola de protestas sociales

El 18 de octubre de 2020, varios grupos de manifestantes encapuchados irrumpieron en dos de las iglesias más antiguas de Santiago de Chile para incendiarlas. Estas profanaciones tienen lugar mientras el país atraviesa por un importante movimiento de protesta social.

La aguja de la iglesia de la Asunción se desplomó en medio de un infierno ardiente que recuerda al incendio de Notre-Dame de París, en abril de 2019: pero mientras los espectadores de la capital parisina contemplaban tristes y estupefactos el desastre, en Santiago, por el contrario, fue en medio de las atroces aclamaciones de los manifestantes que se desarrolló el drama.

A unos cientos de metros, la iglesia de San Francisco de Borja sufrió el mismo destino.

Dos ataques que no sorprenden a nadie: desde hace varias semanas, las organizaciones de extrema izquierda hicieron un llamamiento para conmemorar el primer aniversario de los disturbios antigubernamentales que provocaron más de treinta muertes en el otoño de 2019.

Hace un año, una protesta contra el aumento del precio de los boletos de metro provocó un estallido de violencia. Este día marcó el punto de partida de manifestaciones masivas, saqueos y enfrentamientos con la policía, mezclando diversas demandas, como las desigualdades sociales, o el aumento de los costes sanitarios.

Varios miles de personas resultaron heridas durante las largas semanas de protesta, y alrededor de 30 perdieron la vida.

En un comunicado emitido en la noche del 18 de octubre, el arzobispo de Santiago, Monseñor Celestino Aos, condenó los ataques: "Esta violencia es maligna, y quien siembra violencia cosecha destrucción, dolor y muerte. No justifiquemos la violencia con fines políticos o sociales", declaró el prelado, quien expresó su simpatía hacia los feligreses de los dos templos destruidos por los incendiarios.

"No justifiquemos lo injustificable. Dios no quiere esta violencia. Nos reuniremos para hacer actos de penitencia y reparación", concluyó el arzobispo.