El mundo post-coronavirus según el papa Francisco

Fuente: FSSPX Actualidad

El 15 de abril de 2020, la Santa Sede anunció que el Papa Francisco pidió al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSDHI) crear una comisión especial para reflexionar y analizar los "desafíos socioeconómicos y culturales" causados por la pandemia, y proponer algunas directrices para enfrentarlos.

Esta comisión especial tiene por objeto hacer patente la preocupación de la Iglesia por "la familia humana". Está compuesta por cinco grupos de trabajo, distribuidos en un organigrama digno de las comisiones de las Naciones Unidas (ONU).

El cardenal Peter Turkson, prefecto del DSDHI, informó a Vatican News los objetivos de los diversos grupos que componen la comisión: el primero se enfoca en las necesidades urgentes, con Caritas Internationalis. Este grupo será responsable de evaluar las necesidades reales y ayudar a desarrollar respuestas efectivas y adecuadas. El segundo grupo "conectará a los mejores expertos" en los campos de la ecología, economía, salud y seguridad social. En esta área, "necesitamos de la predicción y la creatividad", señaló el prelado ghanés con gazmoñería. Este grupo trabajará en conjunto con la Academia Pontificia para la Vida, la Academia Pontificia de Ciencias y la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.

El tercer grupo tiene como objetivo "crear una nueva conciencia a través de un método de comunicación". La idea es "dar a conocer el trabajo" realizado por la comisión, a fin de exhortar a un "compromiso renovado". Junto con la Secretaría de Estado, el cuarto grupo se ocupará de todas las iniciativas posibles en las relaciones con los países. El objetivo es lograr "medidas concretas". Finalmente, el quinto grupo se esforzará por encontrar los fondos necesarios, "de manera transparente" (sic). Para hacer esto, es necesaria "una circularidad virtuosa de la riqueza" (re-sic).

El papa Francisco sugiere la creación de un salario universal

Sin esperar a las propuestas concretas de esta comisión especial, el papa Francisco ya ha sugerido algunas ideas para el mundo post-coronavirus. A tal efecto, envió, el 12 de abril, una carta a los "movimientos populares". Según el vaticanista Sandro Magister, estos movimientos, a los que Francisco ya se había dirigido en Roma en 2014, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) en 2015, y nuevamente en Roma en 2016, "no tienen nada que sea declaradamente católico": "En parte son herederos de las memorables reuniones anticapitalistas y antiglobalización de Seattle y Porto Alegre. A ellos se añade la multitud de marginados de los cuales el Papa ve prorrumpir 'ese torrente de energía moral que nace de la implicación de los excluidos en la construcción del destino del planeta'".

A estos movimientos populares, Francisco declara en su carta del 12 de abril: "Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; un salario capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos".

No resulta sorprendente que esta sugerencia haya recibido el apoyo de Stefano Zamagni, profesor de economía política en la Universidad de Bolonia y, especialmente, presidente de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, quien afirmó el 14 de abril: "La propuesta hecha por el Papa Francisco para instituir un salario universal merece ser considerada por los economistas".

Jean-Jacques Friboulet, profesor emérito de la Universidad de Friburgo en historia económica, mostró una posición más reservada en una entrevista para cath.ch el 19 de abril: "Soy un ferviente partidario del papa Francisco, pero me parece un desacierto hablar de un salario universal. Es una posición audaz, pero frágil. El salario universal es una cuestión de redistribución de los ingresos. Sin embargo, humanamente hablando, no existe una redistribución universal. La redistribución existe únicamente dentro de los Estados o entre países, en el caso de Europa. Además, para proporcionar un ingreso, primero se debe garantizar una producción suficiente. La idea, o al menos el término, me parece bastante extraño en este contexto. (...) Tal sistema, a diferencia de las prestaciones por desempleo y el desempleo parcial, no puede ser sostenible. El primer problema es su financiación. (...) Se puede hacer quizá una vez, pero es un sistema de países subdesarrollados. Mi segunda objeción es que un salario universal no puede reemplazar el sistema social. No se puede pasar por encima del resto del mundo para que los más débiles progresen. He estudiado mucho la cuestión de la crisis de los años treinta en los Estados Unidos. Ese fue el tema de mi tesis. Una de las razones que retrasó la recuperación de Estados Unidos, fue precisamente la falta de un sistema social".

Laudato si', ¿el estatuto del post-coronavirus?

En la audiencia general del 22 de abril, transmitida desde la biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa Francisco celebró el 50 aniversario del Día Internacional de la Tierra. En esta ocasión, retomó las enseñanzas de su encíclica Laudato si' (2015) y de su exhortación apostólica Querida Amazonia (2020), lanzando un nuevo llamado a una "conversión ecológica": "Necesitamos una nueva forma de ver nuestro hogar común. Hemos pecado contra la tierra, contra nuestro prójimo y, finalmente, contra el Creador, el Padre benevolente que satisface las necesidades de todos".

En la Nuova Bussola Quotidiana del 23 de abril, Riccardo Cascioli escribió lo siguiente: "Lo que se vivió ayer en el Vaticano podría ser archivado como una nueva gran manifestación del pensamiento ecológico que es el sello distintivo de este pontificado. Un hecho que sería bastante grave, pero que sucedió ayer es mucho peor: la fusión definitiva del pensamiento y la acción entre la Santa Sede y los grupos de presión ecologistas mundiales".

Cascioli aprovechó también para denunciar a dos inspiradores históricos del movimiento ecologista: el senador de Wisconsin (demócrata) Gaylord Nelson (1916-2005) y el multimillonario Hugh Moore (1887-1972). El primero fue un acérrimo ecologista, una especie de ancestro de Al Gore [vicepresidente de Bill Clinton, y autor de Salvemos al Planeta Tierra en 1992]; el segundo siempre ha buscado orientar la política estadounidense hacia el control de la natalidad.

"Fue el propio Hugh Moore, en la década de 1950, quien inventó la imagen de la 'bomba demográfica', que luego se hizo universalmente famosa gracias al libro La Bomba P del biólogo Paul Ehrlich escrito en 1968. Y fue también Hugh Moore quien inventó el eslogan que proporcionaría la perspectiva definitiva al Día de la Tierra: 'La Población Contamina'. Así es como se fusionaron el movimiento ecologista y el control de la natalidad, ambos herederos de las sociedades eugenésicas nacidas en los Estados Unidos a fines del siglo XIX. Desde entonces, los movimientos contra la natalidad y ecologistas, desde el Sierra Club hasta el Worldwatch Institute, desde Planned Parenthood hasta Zero Population Growth, han hablado el mismo idioma, y ​​estos movimientos han crecido gracias a la generosa financiación de las grandes fundaciones estadounidenses".

R. Cascioli advierte con seriedad: "Cuando hablan de la defensa del medio ambiente, estas personas no tienen en mente el cuidado de la Creación desde un punto de vista cristiano; por el contrario, están convencidos de que el hombre es el verdadero enemigo de la tierra y, por lo tanto, su presencia debe ser limitada: tanto cuantitativamente (control de la natalidad, especialmente en países pobres) como cualitativamente (freno al crecimiento económico, hasta la teorización de lo que se conoce como el "decrecimiento feliz"). El periodista italiano deplora esta participación del Vaticano en el 50º Día de la Tierra que manifiesta "la rendición de la Iglesia al poder del mundo".

Convergencia de opiniones entre el Vaticano y la ONU

El 9 de abril de 2020, en el sitio web Réinformation.tv, Jeanne Smits presentó el informe especial del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, para la etapa post-coronavirus. Este plan de acción, fechado el 31 de marzo, propugna por una mayor globalización, sugiriendo dedicar más del 10% del PIB mundial para enfrentar la crisis, bajo los auspicios de las instituciones internacionales.

En su informe, A. Guterres afirma lo siguiente: "Una respuesta multilateral a gran escala, coordinada y global, que represente al menos el 10% del PIB mundial, es hoy más necesaria que nunca. Esta crisis es verdaderamente global. Conviene a todos garantizar que los países en desarrollo tengan las mejores oportunidades de enfrentar esta crisis, de lo contrario, el COVID-19 podría convertirse en un freno duradero para la recuperación económica".

Y esto debe hacerse a través de las organizaciones internacionales: "El 13 de marzo, la OMS, la Fundación de las Naciones Unidas y la Fundación Suiza para la Filantropía lanzaron el primer fondo de solidaridad COVID-19, que permite a las personas, empresas e instituciones de todo el mundo unirse para contribuir directamente a los esfuerzos de respuesta globales".

J. Smits comenta al respecto: "Desde el punto de vista socioeconómico, que constituye la parte principal del marco del informe de la ONU, el énfasis principal está en el seguro de salud universal, el seguro de desempleo mundial y un gigantesco plan de recuperación global 'para evitar quiebras y pérdidas masivas de empleos'. Nacionalización, rechazo de cualquier organización diferente, incluso privada, a nivel de los Estados soberanos". (...)

"Esto implica, en particular, el establecimiento de un ingreso básico o un ingreso universal, extraído de la riqueza de los países (o lo que queda de ella) para garantizar tanto un ingreso de supervivencia como la dependencia de todos con respecto al estado de bienestar. El informe de la ONU lo expresa de esta manera: "No solo debemos proteger los ingresos de los afectados por esta crisis, sino establecer sistemas de protección social para garantizar a todos un ingreso básico".

La carta del Papa a los movimientos populares, del 12 de abril, se une al informe del Secretario General de la ONU del 31 de marzo. Esto confirma la validez de la conclusión de Sandro Magister, durante su conferencia sobre La Visión Política del Papa Francisco, dada en Anagni el 30 de noviembre de 2019: "Este aplanamiento secular no es anecdótico en la visión política del papa Francisco. En el diario italiano Corriere della Sera del 2 de octubre pasado, Ernesto Galli della Loggia dio en el clavo cuando reconoció en este pontificado la tendencia a disolver el catolicismo 'en lo indistinto', a interpretar 'la íntima vocación misionera del catolicismo hacia el mundo como equivalente a la necesidad de confundirse con el mundo mismo'. Solo que, en el mundo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se está imponiendo una 'ideología ética de inspiración naturalista' compuesta de derechos individuales, pacifismo, ecologismo y anti-sexismo; una ideología que, cuando no excluye pura y simplemente el discurso religioso, solo le otorga un lugar secundario y decorativo".

"Por lo tanto, cuando el Papa Francisco renuncia a todos los aspectos de la identidad histórica de la Iglesia y la asimila a la ideología y al lenguaje del mundo, está tomando una decisión sumamente peligrosa. Quisiera cristianizar al mundo con el grave peligro de mundanizar a la Iglesia". - En otras palabras, darle el espíritu del mundo.