Entrevista con el Superior General

Fuente: FSSPX Actualidad

« Los acontecimientos resaltan la excepcional perspicacia sobrenatural de nuestro fundador. »

CINCUENTA AÑOS DE LA FSSPX

Reavivar nuestro ideal de fidelidad a lo que hemos recibido.

1. DICI: ¿Qué representa para la Tradición el 50º aniversario de la FSSPX?

En primer lugar, este jubileo constituye una ocasión de agradecer a la Providencia por todo lo que nos ha concedido durante estos cincuenta años, pues una obra que no fuera de Dios no habría podido resistir la prueba del tiempo. Él es el primero a quien hemos de atribuirle todo esto.

Pero también y, sobre todo, este jubileo es una oportunidad para reavivar nuestro ideal de fidelidad a lo que hemos recibido. De hecho, después de tantos años, puede haber un cansancio comprensible. Así que se trata de reavivar nuestro fervor en la lucha para establecer el reinado de Cristo Rey: que reine primero en nuestras almas y luego a nuestro alrededor. Hemos de trabajar particularmente en este punto, siguiendo a Mons. Lefebvre.

2. DICI: ¿Por qué, en su opinión, lo que nos legó Mons. Lefebvre puede resumirse en este deseo de instaurar el reinado de Cristo Rey?

La respuesta me parece muy sencilla: es el amor de nuestro Señor Rey lo que hizo de Mons. Lefebvre un santo prelado y un gran misionero, que procuraba apasionadamente extender a su alrededor el reinado de Aquel que reinaba primero en su alma. De modo que este amor es el que lo guio a denunciar enérgicamente a todos los que se le oponen. Ahora bien, para prolongar este reinado y luchar contra sus enemigos, el medio por excelencia es el santo Sacrificio de la Misa. La voz de Mons. Lefebvre temblaba de emoción cuando pronunció las hermosas palabras de la liturgia que resumen tanto su amor por la Misa como por Cristo Rey: “Regnavit a ligno Deus” (himno Vexilla Regis), o sea, Dios reina por el madero de la Cruz. En una carta que escribió poco antes de su muerte a un antiguo compañero de su congregación de origen, Mons. Lefebvre hacía hincapié en decir que, a lo largo de su vida, no había trabajado sino por el reinado de nuestro Señor. Esto es lo que resume todo lo que fue y todo lo que nos legó.

3. DICI: El 24 de septiembre, a petición suya, el cuerpo Mons. Lefebvre fue trasladado a la cripta de la iglesia del seminario de Ecône. A pesar de la crisis del Coronavirus, muchos sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles participaron en la ceremonia. ¿Cómo vivió usted este día?

De hecho, el último Capítulo General, en 2018, había solicitado que se hiciera este traslado, y estoy muy contento de que se haya podido concretar en el espacio de dos años. Aunque sólo le corresponde a la Iglesia canonizar un día a Mons. Lefebvre, creo que ya merece toda nuestra veneración y un lugar de sepultura digno de un santo obispo. En este año jubilar, este gesto quiere expresar el agradecimiento de todos los miembros de la FSSPX hacia la persona que la Providencia suscitó como instrumento para salvaguardar la Tradición de la Iglesia, la fe, la Santa Misa, y para transmitirnos todos estos tesoros. Resultó particularmente conmovedor el hecho de volver a ver el féretro de nuestro fundador después de treinta años, y ver a nuestros sacerdotes cargándolo sobre sus hombros como el día de su funeral. He visto a algunos compañeros sacerdotes ya mayores que se conmovieron hasta las lágrimas.

LA VIDA DE LA FSSPX

La Fraternidad San Pío X debe arraigar más profundamente donde ya está presente.

4. DICI: Cuando se fundó la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, para los medios de comunicación era un “fenómeno francés”, o sea, destinado a seguir siendo algo local. Hoy, en cambio, la FSSPX constituye una comunidad global. ¿Qué implica esto para su administración?

Esto implica que la Casa General pase a coordinar una gran variedad de situaciones. La Tradición misma fue siendo redescubierta en diferentes países por los diversos medios, y según sensibilidades a veces diferentes. Esto explica por qué la FSSPX no se ha desarrollado en todas partes del mismo modo o al mismo tiempo. No hace falta decir que no es únicamente el Superior general el que administra una obra de tal magnitud como es la FSSPX, con todas sus facetas, sino que los Superiores mayores que trabajan en distintos países le ayudan en esta tarea.

Pero la gran diversidad de situaciones no debe hacernos subestimar el hecho de que la unidad de la FSSPX se basa en un ideal y principios comunes a todos los miembros y a todos los fieles sin distinción. Esta unidad constituye nuestra fuerza, a pesar de las legítimas e inevitables diferencias. Además, como la FSSPX es una obra de Iglesia, debe, en cierto modo, reproducir la capacidad de la Iglesia para ofrecer a los fieles de todo el mundo, a pesar de sus diferencias, los mismos principios y la misma fe.

5. DICI: Después de dos años al frente de la FSSPX, ¿cómo juzga usted el desarrollo de la FSSPX?

La FSSPX ha estado en todo el mundo durante mucho tiempo. No creo que en el momento actual la Providencia nos esté pidiendo abrir nuevas casas o extendernos aún más, pues tal vez eso sería una falta de prudencia de nuestra parte. Más bien, creo que la FSSPX debe arraigar más profundamente donde ya está presente, para tener comunidades más fuertes; con el fin, especialmente, de que los sacerdotes jóvenes tengan tiempo para madurar y completar su formación, cosa que nos permitirá prepararlos a las diferentes responsabilidades, especialmente a la función de prior, y que así puedan convertirse en verdaderos padres para sus hermanos y para las almas que se les confía a su cuidado.

6. DICI: ¿Conoce todos los países donde se ha establecido la FSSPX? ¿Cómo se transmite el “tesoro” del que usted nos habló después de haber sido elegido a través de la FSSPX en el contexto actual?

Debido a la Covid-19, hay distritos que no he podido visitar, y lo siento mucho. Los sacerdotes de la FSSPX comunican este “tesoro” en situaciones que necesariamente difieren entre sí, pero que siempre permiten que los sacerdotes expresen un verdadero celo. En este sentido, me he sentido muy edificado por la inventiva de algunos de nuestros sacerdotes, que han logrado encontrar soluciones muy ingeniosas para administrar los sacramentos tanto como fuera posible en situación de confinamiento. Y quiero destacar, sobre todo, a algunos de nuestros sacerdotes que han permanecido aislados durante varios meses en lugares donde la comunicación con otros sacerdotes se había vuelto imposible. Han tenido un gran mérito, y me gustaría felicitarlos.

Al mismo tiempo, también me han emocionado las reacciones de nuestros fieles, que tenían tanto deseo de recibir los sacramentos que no han escatimado esfuerzos, y han realizado considerables sacrificios para mostrar que se aferran a nuestro Señor. Esta crisis nos ha ayudado, desde luego, a romper la rutina y disfrutar más de todos los tesoros de cuyo beneficio nos aprovechamos habitualmente.

Además, muchos católicos que hasta ahora nos miraban de lejos, se han sentido atraídos a nuestras capillas, porque resulta que era la única posibilidad de acceder a los sacramentos. Se trata de un fenómeno que se ha extendido bastante, y todas estas almas muestran gran agradecimiento a la FSSPX.

7. DICI: ¿Cuáles son los proyectos actuales o futuros?

Por ahora, los proyectos son principalmente de orden moral y, por eso mismo, no son necesariamente proyectos cuya realización pueda verificarse exteriormente. Se trata, por decirlo en pocas palabras, de seguir trabajando lo más que podamos para hacer a la FSSPX fuerte, unida, verdaderamente arraigada en Dios, fiel a la gracia que nos sostiene y, me atrevo a decir, sólida como un ejército alineado en orden de batalla, capaz de defender, con todos los medios puestos a su alcance, los tesoros que Dios le ha confiado; capaz también de atacar a lo que se le opone; capaz, finalmente, como un ejército digno de tal nombre, de atender a los más débiles entre sus miembros, a los heridos, a los desanimados y a los que se encuentran particularmente en alguna prueba.

8. DICI: Usted es el cuarto Superior General de la FSSPX después de Mons. Marcel Lefebvre, el P. Franz Schmidberger y Mons. Bernard Fellay. ¿Su estilo de gobierno es diferente al de ellos?

Creo que cada personalidad es inevitablemente diferente, y por lo tanto, trae otra experiencia. Además, cada época de la historia de la FSSPX es diferente, pues luego de cincuenta años, las circunstancias y las personas ya no son las mismas.

Dicho esto, la FSSPX siempre ha sido fiel a lo que Mons. Lefebvre le enseñó y le entregó como herencia: mantener este legado del fundador y ser fieles a su pensamiento constituye la principal preocupación Superior General, sea quien sea, y sea cual sea su personalidad. Por otro lado, también se garantiza la continuidad por el hecho de que cada Superior general tiene el mismo objetivo: preservar el sacerdocio católico y de la Tradición de la Iglesia, para el bien de las almas y de la propia Iglesia. Se trata de una realidad que trasciende las diferencias de estilos y que permite que la necesaria renovación de los superiores no constituya una amenaza para la estabilidad de la obra.

Por mi parte, me resulta especialmente fácil mantener esta continuidad porque tengo el inestimable privilegio de disfrutar del apoyo de mis dos predecesores, Mons. Fellay y el P. Schmidberger, que en el último capítulo fueron elegidos como consejeros del Superior general. Para mí, esta elección no es algo puramente formal, para que las tareas se cumplan administrativamente, sino de la afortunada posibilidad de apoyarse en dos antiguos superiores generales, que conocieron bien al fundador y la vida de la Fraternidad desde hace décadas, y que han consagrado lo mejor de sí mismos a su servicio, mereciendo hoy nuestra mayor estima. He tenido especialmente la dicha de beneficiarme de los acertados consejos de Mons. Fellay, que durante dos años siguió viviendo en la casa general. Por este motivo, he podido admirar en él una gran disponibilidad para ayudar, unida a una notable discreción. La presencia de mis dos antecesores compensa de este modo un poco lo que sin lugar a duda me faltaría si no estuvieran ahí.

9. DICI: Los estatutos de la FSSPX atribuyen al Superior General dos objetivos espirituales:

1) hacer todo lo que puedan para mantener, nutrir e incrementar “en el corazón de los miembros” una “gran generosidad, un espíritu profundo de fe, y un celo ardiente al servicio de la Iglesia y de las almas”;

2) ayudar a los miembros “a no caer en la tibieza ni en compromisos con el espíritu del mundo”.

¿Cómo se pueden lograr estos objetivos?

Un Superior General debe, ante todo, recordarse a sí mismo que no puede alcanzar estos objetivos sin la obra de la gracia. Se equivocaría si pensara que lo puede lograr únicamente mediante textos, recordatorios u otras medidas puramente de exhortación.

En cuanto a mí, estoy profundamente convencido de que la clave de nuestra fidelidad a estos objetivos reside en la virtud de la pobreza. De hecho, con el tiempo, es inevitable que los miembros de la FSSPX puedan “asentarse” en una cierta situación confortable y que, a través de esto, el espíritu del mundo se vaya filtrando imperceptibles en nuestras comunidades. Si sucediera algo así, terminaría repercutiendo en la generosidad de los miembros y, por lo tanto, en la fecundidad de su celo apostólico.

RELACIONES CON ROMA

El propio Vaticano prefiere por el momento no reanudar las discusiones doctrinales.

10. DICI: El párrafo IV de los Estatutos dispone: “Cuando la Fraternidad tenga casas en diversas diócesis, hará los trámites necesarios para ser de derecho pontificio”. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos cumplir con este deseo de nuestro venerado fundador en la crisis actual de la Iglesia?

Los estatutos de la FSSPX fueron aprobados en 1970 a nivel diocesano. Era lógico que nuestro fundador ya tuviera en mente una aprobación de mayor nivel, ya que la Fraternidad estaba destinada a extenderse por todo el mundo.

Pero todos sabemos que, a pesar de todos sus esfuerzos en este sentido, Mons. Lefebvre, en lugar de recibir la aprobación de derecho pontificio, sufrió en 1975 pura y simplemente la supresión de la FSSPX. Desde entonces, los superiores de la Fraternidad, empezando por el propio Mons. Lefebvre, previeron a su vez algunas soluciones, pero estas últimas se han enfrentado sistemáticamente, de parte de la Santa Sede, con exigencias doctrinales sencillamente inaceptables. Estas exigencias habrían permitido seguramente que fuera reconocida canónicamente, pero habrían al propio tiempo destruido su valor moral. Así, para tomar el ejemplo más reciente, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe, en 2017, quiso exigir a la FSSPX que aceptara las enseñanzas del Concilio Vaticano II y reconociera la legitimidad de la nueva Misa, si la FSSPX hubiera aceptado tales condiciones impuestas en ese momento, simplemente habría negado lo que ella misma es, y negando aquello a lo que se aferra con todas las fibras de su ser.

Por lo tanto, me parece que, siguiendo lo que siempre fue la dirección de nuestro fundador, conviene seguir la Providencia y no precederla.

11. DICI: Por lo tanto, ¿los contactos con el Vaticano van a seguir estancados?

Es algo que no depende de la FSSPX ni de su Superior General. El propio Vaticano prefiere por el momento no reanudar las discusiones doctrinales que la FSSPX proponía con el fin de exponer mejor su postura, y mostrar su adhesión a la fe católica y de la Sede de Pedro.

Lo que es sorprendente es que el Vaticano nos pide al mismo tiempo que se regularice primero nuestra situación canónica: cosa que crea una situación imposible e intrínsecamente contradictoria, ya que la posibilidad de un reconocimiento canónico de la Fraternidad a su vez se condiciona constantemente a requisitos de naturaleza doctrinal; las cuales, repito, para nosotros siguen siendo absolutamente inaceptables.

Yo añadiría que, sean cuales sean las opiniones personales al respecto, es importante tratar de no preocuparse de modo casi obsesivo por estos temas muy sensibles, como ha podido ocurrir otras veces. Hemos de recordar que, así como la Providencia nos ha guiado y asistido desde nuestra fundación, también, a su debida hora, no dejará de darnos signos suficientes y proporcionados que nos permitan tomar las decisiones que reclamen las circunstancias. Estos signos serán tales que la Fraternidad percibirá fácilmente su evidencia, y que así la voluntad de la Providencia se dejará ver claramente.

LA SITUACIÓN DE LA IGLESIA

Cualquier esfuerzo hermenéutico que tienda a interpretar el ‘error’ para convertirlo en ‘verdad entendida mal’ no puede sino fallar irremediablemente.

12. DICI: Durante este año 2020, la crisis ligada a la Covid -19 también afectó a la Iglesia y condicionó sus actividades. ¿Cómo ve usted la cosa?

Es interesante señalar que con la crisis de la Covid, la jerarquía eclesiástica ha perdido una oportunidad de oro para impulsar las almas a la verdadera conversión y la penitencia, que siempre es mucho más fácil cuando los hombres redescubren, en cierto modo, su naturaleza mortal. Además, habría sido la ocasión para recordar a la humanidad, presa del pánico y la desesperación, que nuestro Señor es “la Resurrección y la Vida”.

En su lugar, la jerarquía prefiere interpretar la epidemia de una manera ecológica, totalmente coherente con los principios a los que se apega el Papa Francisco. En la práctica, la Covid no sería nada más que un signo de la rebelión de la Tierra contra una humanidad que habría abusado de ella por la sobreexplotación de los recursos, la contaminación del agua, la destrucción de bosques, etc. Esto es lamentable, e incompatible con un análisis donde hubiera un mínimo de fe y conciencia de lo que es el pecado, que se mide por la majestad ofendida de Dios, y no por la contaminación de la Tierra.

En su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la integridad de la creación (Jubileo de la Tierra), el 1 de septiembre de 2020, el propio Papa nos enseña a qué conclusión moral nos debe llevar la pandemia: “La pandemia actual nos ha llevado, en cierto modo, a redescubrir estilos de vida más sencillos y sostenibles. […] Se ha podido ver cómo la tierra logra recuperarse, si la dejamos descansar: el aire se ha vuelto más saludable, las aguas más transparentes y las especies animales han regresado a muchos lugares de donde habían desaparecido. La pandemia nos ha llevado a una encrucijada. Debemos aprovechar este momento decisivo para acabar con las actividades y propósitos superfluos y destructivos, y para cultivar valores, vínculos y proyectos generadores...” En definitiva, la crisis de la Covid nos está empujando de nuevo a la “conversión ecológica”, piedra angular de la encíclica Laudato si’. Como si la santidad pudiera resumirse en el respeto al planeta.

13. DICI: Hemos tenido, en los últimos dos años, el Sínodo de la Amazonía y la Declaración de Abu Dhabi, a la que respondió con una declaración el 24 de febrero de 2019, etc. ¿Cómo ve usted la situación de hoy, tras estos acontecimientos?

Lamentablemente, las últimas enseñanzas de Papa François parecen confirmar definitivamente la dirección equivocada que había adoptado al principio de su pontificado. En efecto, el 3 de octubre el Papa firmó la encíclica Fratelli tutti, supuestamente el buque insignia de la segunda parte de su pontificado, después de que Laudato si’ fuera el referente de la primera parte. Esta encíclica constituye un desarrollo real de la declaración de Abu Dhabi, en la que se basa. Esta última, recordamos, pretendía reconocer como expresión de la voluntad de Dios la diversidad de religiones, todas ellas llamadas a construir la paz. Tenemos aquí el resultado catastrófico del ecumenismo, el diálogo interreligioso, la libertad religiosa y, sobre todo, la negación de la realeza universal de Cristo y de sus derechos intangibles.

Se trata de un texto largo, que se ocupa de muchos temas diferentes, pero con una unidad de fondo bastante clara, pues este largo discurso del Papa se desarrolla de manera bien ordenada y coherente en torno a una idea básica, es decir, la ilusión de que podría haber una verdadera fraternidad universal sin referirse siquiera, directa o indirecta, a Cristo y su Iglesia. Es decir, en torno a una “caridad” puramente natural, una especie de filantropía vagamente cristiana, a la luz de la cual se relee el Evangelio. En efecto, al hojear esta encíclica, parece que la filantropía es la que nos da la clave para interpretar el Evangelio, y no el Evangelio el que nos da luz para iluminar a los hombres. Esta fraternidad universal es, lamentablemente, una idea de origen liberal, naturalista y masónico, y la sociedad contemporánea se ha construido sobre esta utopía apóstata.

14. DICI: Obispos como Mons. Schneider y Mons. Viganò han subrayado la relación de causa y efecto entre el Concilio Vaticano II y la crisis actual. ¿Cómo recibe usted estas declaraciones? ¿Hay que “corregir” el Concilio (Mons. Schneider) u “olvidarlo” (Mons. Viganò)?

Es necesario decir que nos congratulamos por estas reacciones, ya que algunos obispos fuera de la FSSPX y que no tiene relación directa con ella, finalmente llegan, a través de otros medios y siguiendo otro itinerario, a conclusiones similares a las de la FSSPX, y sobre todo a conclusiones que pueden hacer reflexionar y esclarecer a muchas almas confundidas. Es algo muy alentador.

Creo que, por desgracia, no se podrá “olvidar” el Concilio sic et simpliciter, dado que es un acontecimiento importante para la historia, lo mismo que la caída del Imperio Romano o la Primera Guerra mundial. Más bien habrá que ponerlo seriamente en discusión y, desde luego, corregir todo lo que tiene de incompatible con la fe y la Tradición de la Iglesia.

La propia Iglesia resolverá la delicada cuestión de la autoridad de este concilio atípico y extraño, y establecerá la mejor manera que hay para corregirlo. Pero lo cierto es que un error como tal -y el Concilio contiene varios- no puede en modo alguno considerarse ni atribuírsele la voz de la Iglesia: es algo que ya podemos y debemos decir. Además, los acontecimientos de los últimos años, desde el pontificado de Benedicto XVI, les han mostrado a los hombres de buena voluntad que cualquier esfuerzo hermenéutico, que tienda a interpretar “el error” como si se tratara de una “verdad entendida mal”, no puede sino fallar irremediablemente. Es un callejón sin salida, que no vale la pena tomar.

15. DICI: ¿Sigue siendo actual el juicio de Mons. Lefebvre sobre el Concilio y las reformas postconciliares en su libro Yo acuso al Concilio (1976), y en su carta al cardenal Ottaviani (1966)?

Este juicio corresponde a la postura que siempre ha sido y seguirá siendo la de la FSSPX, y que no puede ni podrá cambiar. Vemos que cuanto más se van desarrollando los acontecimientos, confirman más aún este juicio y resaltan la excepcional perspicacia sobrenatural de nuestro fundador.

16. DICI: Mons. Schneider, en su libro Christus vincit (pp. 152-155 de la edición francesa), reconoce que su postura sobre los argumentos de la FSSPX ha cambiado positivamente. ¿Cómo analiza usted este cambio, y lo que cree posible en otros prelados?

Monseñor Schneider siempre ha mostrado una muy buena voluntad, fruto de un espíritu humilde e intelectualmente honesto. Lo más llamativo de este prelado es su afabilidad, combinada con el valor de hablar públicamente a favor de la Tradición. Creo que son todas estas cualidades -desgraciadamente muy poco frecuentes-  las que le han permitido tomar el camino que le ha llevado a las conclusiones que conocemos.

Por lo que a otros prelados se refiere, estoy seguro de que también ellos podrían tomar el mismo camino, pero sólo en la medida en que tengan la misma libertad moral y el mismo amor de la verdad. Desde luego, constituye una intención de oración para todos nosotros.

17. DICI: Hoy otras comunidades, además de la FSSPX, celebran también la Misa Tridentina, algo que no existía cuando se fundó la FSSPX. Asimismo, también hay sacerdotes que actualmente están descubriendo este rito. ¿Cómo ve este desarrollo de la situación?

Vemos que, especialmente en los últimos años, un cierto número de sacerdotes va descubriendo la Misa de todos los tiempos y va iniciando un camino que los lleva paulatinamente a descubrir la grandeza de su sacerdocio y, más en general, el tesoro de la Tradición. Se trata de un desarrollo muy interesante, porque la Misa trae realmente todo esto. Recuerdo bien el testimonio que me dio un día un sacerdote que había decidido, no sin encontrar serias oposiciones, celebrar únicamente la misa tridentina. Me señaló, e hizo hincapié en cómo, al celebrar esta misa, había sido llevado a reconsiderar todo su sacerdocio y, en consecuencia, todo lo que estaba destinado a ser como sacerdote: la predicación, consejos a las almas, catequesis, etc. Es algo muy hermoso, y no podemos sino alegrarnos de tal regeneración, que vemos que va surgiendo aquí en la propia alma del Sacerdote.

Una vez dicho esto, es imprescindible mantener la Misa tridentina por la profunda razón de que constituye la expresión de nuestra fe, en particular, en la divinidad de nuestro Señor, en su Sacrificio redentor y, por consiguiente, en su reino universal. Se trata de vivir la santa Misa entrando de lleno en todos estos misterios, y más particularmente en el misterio de caridad que contiene. Lo cual es incompatible con una fe tibia, centrada en el hombre, cursi y ecuménica; o con una apreciación puramente estética de las riquezas del rito tridentino, como a veces lamentablemente se encuentra entre quienes se verían tentados a disociar el uso del rito tridentino de la necesidad de vivirlo realmente, de ahondar en él y, sobre todo, de dejarse asimilar por nuestro Señor y por su caridad.

En definitiva, podemos decir que la propia misa se vuelve como estéril si no nos lleva a hacernos vivir en Cristo: Per Ipsum, et cum Ipso, et in Ipso. De poco sirve si no produce en nosotros el deseo de imitar a nuestro Señor mediante la entrega de nosotros mismos. Una generosidad que resulta imposible en un contexto imbuido del espíritu del mundo o siempre inclinado a comprometerse con él. La fecundidad de la Misa es mayor aún en la medida en que un ardiente espíritu de sacrificio dispone las almas a entregarse generosamente a Cristo.

18. DICI: Recientemente, los medios de comunicación han repercutido considerablemente el escándalo relacionado con cardenal Becciu. ¿Qué opina usted sobre el particular?

No hace falta decir que no le corresponde a la FSSPX comentar las responsabilidades de unos y otros en este asunto, ni investigar sobre este tema. Sin embargo, como hijos de la Iglesia, no podemos sino lamentar este escándalo que, por desgracia, le afecta y la humilla. Es algo que inevitablemente nos entristece, porque la santidad de la Iglesia queda oscurecida. Sin embargo, hemos de recordar que, lamentablemente, los escándalos de este tipo siempre existirán en la Iglesia, y que Dios los permite misteriosamente en su Sabiduría para la santificación de los justos. Por tanto, estaría fuera de lugar escandalizarse de forma farisaica, al modo protestante.

Para ir más lejos, lo que me parece importante resaltar es la atención que los medios de comunicación seculares prestan a la Iglesia sobre tal tema. Esta atención es superior a la que prestan a otros acontecimientos de la vida de la Iglesia, o la que los emperadores de la Media Edad podían dedicar a los Papas de su tiempo. Si logramos leer entre líneas los numerosos artículos periodísticos dedicados a este tema, reconocemos una cierta complacencia y una satisfacción malsana. Se diría que el mundo secular no puede desperdiciar una ocasión tan al caso para escupir en el rostro de la Esposa de Cristo, a la que había jurado, no obstante, indiferencia. Es algo que debe hacernos pensar y, sobre todo, debe hacer reflexionar a todos los que viven en la ilusión de que hoy la Iglesia puede vivir en paz frente a un mundo que se ha hecho efectivamente secular y teóricamente respetuoso con todos. Es falso. Detrás de la retórica liberal siempre existe el deseo de ver a la Iglesia, no purificada, sino desacreditada y destruida. No hay entendimiento posible con este mundo.

EL LUGAR DE LA FSSPX EN ESTA SITUACIÓN

Una Misa verdaderamente vivida, que nos permite adentrarnos en el misterio de la Cruz, es necesariamente apostólica.

19. DICI: ¿Cómo puede la FSSPX remediar, dentro de sus posibilidades, la crisis actual?

En primer lugar, a nivel doctrinal, la FSSPX es consciente de que no puede variar en sus posturas. Nos guste o no, son un punto de referencia para todas las personas que, en la Iglesia, buscan la Tradición. Por lo tanto, debemos mantener la luz fuera del celemín, sin flaquear, en un espíritu de servicio a los demás y a la propia Iglesia.

En términos prácticos, los miembros de la FSSPX han de mostrar que su compromiso con el santo Sacrificio de la Misa supone aferrarse a un misterio de caridad que ha de reflejarse en toda la iglesia. Esto significa que una Misa realmente mi vida, que nos permite adentrarnos en el misterio de la Cruz, es necesariamente apostólica, y siempre nos ha de mover a buscar el bien del prójimo, incluso el más distante, sin distinción. Se trata de una actitud fundamental y de una disposición moral de benevolencia que debe impregnar todas nuestras acciones.

20. DICI: El objetivo de la Fraternidad es el sacerdocio católico y todo lo relacionado con él. Por eso usted se preocupa principalmente por las vocaciones, la santificación de sacerdotes y la fidelidad a Misa de siempre. ¿Cuáles son sus preocupaciones actuales?

Son exactamente los que se acaban de enumerar. Estoy convencido de que mientras logremos cumplir con todo nuestro corazón estas tres metas, se nos entregarán en el momento oportuno las gracias y la iluminación que necesitamos para nuestro futuro y para las decisiones que tendremos que tomar.

Al mantener el sacerdocio, mantenemos lo que la FSSPX y la Iglesia más aprecian. De hecho, cada vocación tiene un valor infinito. La vocación es sin duda la gracia más preciosa que Dios puede dar a un alma y a su Iglesia. Por lo tanto, un seminario es el lugar más sagrado que se puede imaginar o encontrar en la tierra. El Espíritu Santo sigue obrando allí como en el Cenáculo, para transformar las almas de los candidatos al sacerdocio y convertirlos en apóstoles. Hemos de proseguir y concentrar todos nuestros esfuerzos en ello, invirtiendo nuestras energías morales y humanas en esta tarea. Todo lo que construimos sobre el sacerdocio de nuestro Señor y para perpetuar el sacerdocio de nuestro Señor, permanece para la eternidad.

21. DICI: ¿Qué exhortación da usted a los sacerdotes y a los fieles vinculados a la Tradición?

Quiero señalarles que la Providencia siempre ha guiado a la FSSPX y siempre la ha protegido en medio de mil dificultades. Esta misma Providencia, siempre fiel a sus promesas, siempre atenta y generosa, no puede abandonarnos en el futuro, porque dejaría de ser lo que es, lo cual es imposible, pues Dios es siempre el mismo.

En otras palabras, después de cincuenta años de existencia de la FSSPX, nuestra confianza se arraiga aún más profundamente en los incontables signos de esta benevolencia que se ha manifestado a lo largo de todos estos años.

Pero prefiero dejar la última palabra al mismo Señor: “No temas, pequeño rebañito, porque vuestro Padre se ha complacido en daros el Reino” (Lucas 12, 32).

Menzingen, 11 de octubre de 2020,

Festividad de la Divina Maternidad de la BVM

Don Davide Pagliarani, Superior General