Hong Kong: la reeducación en pantalones cortos

Fuente: FSSPX Actualidad

Para absorber completamente a Hong Kong, y cortar de raíz cualquier conato de resistencia, el Partido Comunista Chino está acelerando su control sobre la educación mediante la imposición de nuevos planes de estudio que las instituciones católicas no tienen más remedio que aceptar.

Todo discípulo del Gran Timonel, que se enorgullezca de serlo, aprende que establecer el socialismo triunfante implica una larga marcha: un camino tortuoso que exige tomar el control del sistema educativo.

En efecto, esto es lo que sucede desde hace varios meses en Hong Kong, donde la bandera roja flanqueada por cinco estrellas amarillas ya no ondea solo en los campus escolares o universitarios, sino también, y sobre todo, de manera más sutil, en los programas escolares revisados de acuerdo con los deseos del actual líder de Beijing.

Y con razón: durante las manifestaciones de 2019, en las cuales muchos hongkoneses protestaron contra el cuestionamiento del Partido Comunista Chino (PCCh) del principio "un país, dos sistemas", los contingentes más fuertes de manifestantes procedían de las universidades y las escuelas secundarias.

Además, las personas menores de 25 años representaron casi una quinta parte de los diez mil arrestos realizados en el marco de la represión, según una encuesta del Instituto Bloomberg.

Sin mencionar el estudio publicado el 30 de enero de 2022 en el Journal of Contemporary China, que reveló que la capacidad de cuestionar al Estado es mayor en Hong Kong que en China continental. No hace falta decir que Xi Jingping enrojeció por la furia...

Como resultado, desde principios de 2022, se prescribió un tratamiento de choque para los establecimientos escolares de Hong Kong: por ejemplo, no cantar la Marcha de los Voluntarios (el himno nacional de China), en las escuelas o universidades es ahora un delito castigado con una fuerte una multa o incluso una pena de prisión.

Asimismo, se han revisado los currículos escolares, con materias que, detrás de la etiqueta neutral de "educación moral para la ciudadanía", tienen como objetivo inculcar en los futuros adultos la doctrina del PCCh.

Estas disposiciones afectan también a las escuelas católicas: cerca de doscientos establecimientos de la diócesis de Hong Kong deben seguir "el camino chino", y no les ha quedado más remedio que hacerlo.

Otro ángulo del ataque de Beijing: el control de la información, fundamental para "mantener" a los estudiantes ultraconectados. En pocos meses, China continental ha ido cortando paulatinamente las alas de todos los órganos de prensa demasiado libres: por ejemplo, la encarcelación del católico Jimmy Lai, propietario del diario Apple Daily, crítico del poder de los mandarines rojos, y que ahora enfrenta múltiples cargos.

En Hong Kong, la Iglesia tiene un gran reto: sobrevivir sin negarse a sí misma en un sistema totalitario que se basa en la profesión casi religiosa de la doxa comunista. Un verdadero rompecabezas chino para un occidental, una simple cuestión de hábito en China...