Iglesia e Inquisición: de la leyenda negra a la realidad

Con motivo del 20° aniversario de la apertura de los archivos secretos del Vaticano sobre la Inquisición, una de las académicas que tuvo acceso al valioso contenido acaba de publicar un artículo en Osservatore Romano. Para Anna Foa, no cabe la menor duda: la leyenda negra de la Inquisición, que los medios de comunicación persisten en transmitir, ha pasado de moda.

La apertura de los archivos del Vaticano sobre los puntos más controversiales de la historia de la Iglesia, fue llevada a cabo por iniciativa del Papa Juan Pablo II, en la víspera del tercer milenio, debido a que muchas personas - tanto dentro como fuera de la Iglesia - deseaban ver a dicha institución eclesiástica ofreciendo un mea culpa.

Los resultados científicos no han confirmado, ni mucho menos, la leyenda negra de la Inquisición, como explica Anna Foa, profesora de historia moderna en la Universidad de Sapience, en las columnas de Osservatore Romano del 16 de mayo de 2018.

El análisis de los archivos, explica la científica, "no alimentó el sensacionalismo deseado por los medios de comunicación, y las investigaciones de las dos últimas décadas no se encaminan en dirección a un mea culpa, sino, más bien, a la reconsideración de la leyenda negra de la Inquisición."

A pesar del resultado de veinte años de trabajo, Anna Foa lamenta que dicha revisión no pueda llevarse a cabo: "el acceso a la documentación provista, lejos de disminuir la imagen de la Inquisición como un reino de la tortura y del mal, se ha abierto paso hasta el punto de tener una existencia autónoma, como sucede con las famosas "fake news"  de las que tanto hablamos actualmente.

En la opinión de la académica, los medios de comunicación y algunas redes sociales son responsables en gran medida por el hecho de que, en el caso específico de la Inquisición, "las pasiones y los prejuicios prevalezcan sobre la realidad", dentro de una "fábrica hacedora de mitos", donde "los gritos falsos son más fuertes que los verdaderos". Habría que añadir, además, que la historiografía protestante y anticlerical de los siglos XVIII y XIX contribuyó también a forjar ciertas elucubraciones fantasiosas.