La Eucaristía: aplicación de los frutos del sacrificio de la Cruz (7)

Los frutos del sacrificio de la Cruz nos son aplicados por el sacrificio de la Misa, y recibimos las gracias que Jesucristo ha merecido para nosotros al precio de su sangre.

Por estas razones se ofrece la santa Misa:

- Para adorar a Dios: es un sacrificio latréutico;

- En acción de gracias por su gran gloria y por las bendiciones que nos ha dado: es un sacrificio eucarístico;

- Para obtener otras bendiciones de la majestad divina: es un sacrificio impetratorio;

- Para hacerlo favorable hacia los vivos, a pesar de sus pecados y el castigo que merecen, y hacia los muertos, quienes sufren en el fuego del Purgatorio: es un sacrificio propiciatorio.

El sacrificio perfecto de la Misa se ofrece solo a Dios. Aunque la Iglesia tiene la costumbre de celebrarlo en honor y en memoria de la Santísima Virgen María y de los santos, esto no significa que se les ofrezca a ellos este sacrificio, que solo pertenece a Dios, sino que se hace para alabar a Dios por sus victorias y para implorar su patrocinio y su intercesión ante él.

El sacrificio de la Misa a través del cual se le rinde a Dios el culto que le es debido es ofrecido por un ministro católico debidamente reconocido. Cada Misa se aplica no solo al celebrante, sino también a la comunidad de fieles, vivos y muertos, y especialmente a todos aquellos a quienes el sacerdote conmemora y para quienes formula sus intenciones. Puede tratarse de una persona viva o muerta, o alguna intención particular que se le haya confiado.