La Eucaristía: la asistencia a la Misa (8)

La mejor forma en que los fieles deben asistir al sacrificio de la Misa es ofreciendo a Dios, junto con el sacerdote, la víctima divina, recordando el sacrificio de la Cruz y uniéndose con Jesucristo a través de la comunión sacramental, o al menos a través de una comunión espiritual.

Ninguna otra práctica de adoración de la religión católica es más santa, ninguna otra procura una mayor gloria para Dios, ninguna otra es más útil para la salvación de las almas que el santo sacrificio de la Misa, en el que se pueden encontrar tan perfectamente todos los frutos de la Redención que Cristo realizó a través de Su Pasión y su muerte en la Cruz.

Católicos, asistan con frecuencia a este augusto y divino sacrificio, para que su alma, al escucharlo, tenga los mismos sentimientos de ardiente piedad que hubiera tenido en el Calvario en la presencia de Cristo moribundo.

Escuchar la Misa con devoción significa:

—Unir, desde el inicio, nuestras intenciones a las del sacerdote que ofrece a Dios el santo sacrificio para el fin por el cual se ha instituido;

— Seguir al sacerdote en cada una de las oraciones y acciones de sacrificio;

— Meditar en la pasión y muerte de Jesucristo, y detestar con todo el corazón los pecados que la han causado;

—Comulgar sacramentalmente, o al menos espiritualmente mientras el sacerdote comulga.

El rezo del rosario u otras oraciones durante la santa Misa no impiden escucharla de manera fructífera; siempre que uno intente lo más posible seguir las ceremonias del santo sacrificio. Es muy loable orar por los demás mientras se asiste a la Santa Misa, especialmente orar por las intenciones de los vivos y los muertos.