La inexorable normalización de los católicos chinos

Ya sea en Hong Kong o en China continental, las medidas vejatorias contra los católicos chinos se han multiplicado durante el verano de 2020, a tal grado que cabe preguntarse qué futuro puede tener aún el acuerdo secreto firmado entre el Vaticano y Beijing, el 22 de septiembre de 2018.

Divide y vencerás, tal parece ser el lema de las autoridades comunistas en la provincia de Shanghai.

El 27 de julio de 2020, la Oficina de Asuntos Civiles de la ciudad de Longhua, que gestiona la funeraria donde se llevan a cabo los funerales de rito católico, obligó a la diócesis a emitir una declaración sorprendente: a partir de ahora, cualquier sacerdote que desee celebrar el funeral de un difunto tendrá que presentar los documentos que prueben que está reconocido y aprobado por las autoridades comunistas.

Según el sitio de noticias Ucanews -que no oculta sus críticas a Beijing- el gobierno de Shanghai obligó a la diócesis a publicar este comunicado "con el objetivo manifiesto de dividir a la comunidad católica de la ciudad para debilitarla y obligarla a someterse completamente a los comunistas y dejar de ser leales al Vaticano".

La situación no es mejor en Hong Kong, que creía gozar de una relativa autonomía basada en el principio concedido por los mandarines de China, desde la devolución de 1997: un país, dos sistemas.

Sin embargo, la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional en el verano de 2020 disipó las brumas de la ilusión, especialmente para los católicos de la península que alguna vez estuvo bajo el mandato británico.

Por lo tanto, la diócesis de Hong Kong se vio obligada recientemente a enviar una serie de directivas a todos los directores de escuelas católicas, exigiéndoles que enseñen a los estudiantes las disposiciones de la Ley de Seguridad e inculquen en ellos los valores "patrióticos", es decir, maoístas.

A partir de ahora, el personal docente deberá "promover los valores correctos sobre la identidad nacional [de los estudiantes]" y respetar los símbolos nacionales chinos, incluida "la bandera y el himno nacional", explica el correo episcopal.

Mientras la soga se aprieta cada vez más sobre los católicos de China, la Santa Sede estudia la cuestión de la renovación del acuerdo secreto válido por dos años, firmado con el régimen de Xi Jinping el 22 de septiembre de 2018.