Las extrañas directivas de Francisco al nuevo prefecto de la DDF

Fuente: FSSPX Actualidad

Francisco ha nombrado como nuevo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) a monseñor Víctor Manuel Fernández, argentino de 60 años, arzobispo de la diócesis de La Plata desde 2018.

El prefecto actual, el cardenal Luis Ladaria Ferrer, ha completado su mandato tras seis años al frente del Dicasterio. Fue nombrado secretario por el Papa Benedicto XVI en 2008. Sucedió al cardenal Gerhard Müller en 2017. Dejará su cargo en septiembre.

El nuevo prefecto

Monseñor Víctor Manuel Fernández es cercano al Papa Francisco. Nacido en 1962 en la provincia de Córdoba, fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1986. Luego de estudiar teología bíblica en la Universidad Gregoriana, realizó un doctorado en teología en la Facultad de Teología de Buenos Aires.

Fue párroco y profesor de seminario. En 2009 fue nombrado rector de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina por el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio.

En 2007, los dos hombres formaron parte del grupo de redacción del Documento de Aparecida, con motivo de la 5ta Conferencia del Episcopado Latinoamericano. El contenido del documento esboza algunos lineamientos del pontificado actual: la importancia de la religiosidad popular y las periferias.

Dos meses después de la elección del Papa Francisco, monseñor Fernández fue nombrado arzobispo y consagrado en junio de 2013. Ha sido consultor de varias congregaciones romanas y actualmente es miembro del Dicasterio para la Cultura y la Educación.

Las directrices de Francisco para el nuevo prefecto de la DDF

El Papa ha dado directivas al nuevo prefecto, directivas nada menos que extrañas y que francamente pueden considerarse inquietantes. La carta de nombramiento, fechada el 1 de julio de 2023, contiene efectivamente pasajes que muestran una nueva transformación de la DDF posterior a las que sufrió la antigua Congregación del Santo Oficio desde el Concilio.

Desde el primer párrafo se establece el tono: "Como nuevo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, te encomiendo una tarea que considero muy preciosa. Su objetivo central es proteger la enseñanza que brota de la fe para "dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan con el dedo y condenan" (Evangelii gaudium, 271)".

La cita del documento papal dice: "Es cierto que en nuestra relación con el mundo estamos llamados a dar cuenta de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan con el dedo y condenan". El contexto es diferente: "dar cuenta de nuestra esperanza" y "proteger la enseñanza que brota de la fe", lo que debe hacerse sin condenar. ¿Sin condenar qué? ¿Los errores? ¿Cómo proteger sin oponerse a lo que destruye?

El siguiente párrafo es alucinante: "En otros tiempos, el Dicasterio que ahora presidirás llegó a utilizar métodos inmorales. Hubo un tiempo en que, en lugar de promover el conocimiento teológico, se perseguían posibles errores doctrinales. Lo que espero de ti es ciertamente muy diferente".

Cualquier católico no puede más que quedar estupefacto: ¿qué tiempos son estos? ¿Cuáles métodos inmorales? En cierto modo, la respuesta no es necesaria para lo que sigue: parece, a simple lectura, que estos "métodos inmorales" consistían en perseguir los "posibles errores doctrinales". La carta insinúa que estos errores no siempre eran reales, y quizás incluso que, en su mayor parte, no lo eran.

Es un verdadero oprobio lanzado sobre el pasado de este Dicasterio de la Curia romana, cuyo prefecto solía ser el mismo Papa. Y sobre la admirable defensa de la fe católica realizada por la Curia con el Papa a la cabeza. Todo esto parece no solo obsoleto, sino que ha sido un episodio oscuro en la historia de la Iglesia.

En la línea de Amoris laetitia

Además, el Papa describe la tarea del nuevo prefecto frente a los teólogos: "Es bueno que su tarea exprese que la Iglesia 'fomenta el carisma de los teólogos y su esfuerzo en la investigación teológica' a condición de 'que no se contenten con una teología de oficio" (Evangelii gaudium, 132), con una "lógica fría y dura que pretende dominarlo todo" (Gaudete et exsultate, 39)".

Y el párrafo termina así: "Necesitamos un pensamiento capaz de presentar convincentemente a un Dios que ama, que perdona, que salva, que libera, que promueve a las personas y las llama al servicio fraterno". - Pero, si entendemos correctamente, no del verdadero Dios que "ama la justicia y aborrece la iniquidad" del pecado y que exige que creamos todo lo que nos ha enseñado.

Monseñor Víctor Manuel Fernández está en el lugar correcto: el sitio cath.ch informa que es considerado "uno de los autores de la exhortación apostólica Amoris laetitia".