Una turba de manifestantes iracundos ataca la estatua de Fray Junípero Serra

Junio 28, 2020
Origen: fsspx.news

En Estados Unidos, las protestas ocasionadas por la injusticia racial están dirigiendo su atención hacia las estatuas de presuntos opresores, entre las cuales se encuentra la de un célebre misionero franciscano español a la que cientos de alborotadores atacaron el 19 de junio de 2020 en San Francisco.

Los delincuentes derribaron y pisotearon la estatua de Fray Junípero Serra cargando la cruz erigida en el Golden Gate Park de San Francisco.

Nacido en 1713 en Mallorca, España, este misionero franciscano dejó su país en 1749 para ir al nuevo mundo. Tenía 36 años, y emprendió el peligroso cruce del Atlántico para dirigirse a la Ciudad de México, donde enseñó filosofía en la universidad de la ciudad. Misionero de corazón, dejó la Ciudad de México a los 55 años para ir a la actual California, en ese entonces llamada Nueva España.

Apóstol y Padre de California

Junto con 15 religiosos franciscanos, fundó alrededor de doce misiones, que son el origen de importantes núcleos urbanos, como San Diego. En 1774, montado en una mula, acompañó una expedición militar que estableció un puesto en una magnífica bahía. Dedicado a San Francisco de Asís, este lugar se convertiría en San Francisco. Apodado el Apóstol y Padre de California, Junípero Serra murió en 1784 en Monterrey, en el noreste de México.

Los activistas militantes que derribaron la estatua del misionero aprovecharon las protestas por la muerte de George Floyd, un afroamericano que fue asesinado por la policía de Minneapolis, justificando su crimen en nombre de la lucha contra el "colonialismo europeo" del cual Junípero Serra es, según ellos, uno de los símbolos.

Sin embargo, la verdad histórica es bastante diferente: el Padre Serra no solo fue un celoso misionero al servicio de la Iglesia, sino también el evangelizador y defensor de los pueblos indígenas, contra los abusos de los que podían ser víctimas. Incluso intercedió en su favor después del ataque a un puesto avanzado español.

A raíz de este acto de vandalismo, Monseñor Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco, expresó su preocupación por "las multitudes que hacen su propia ley". Pidió "la conmemoración de los méritos de las figuras históricas y una discusión honesta y justa sobre cómo y a quién se le debe otorgar tal honor". Sin los misioneros católicos, la civilización cristiana y la fe divina no podrían haberse extendido para sacar a las personas de la oscuridad de la ignorancia y la barbarie.

La Conferencia Episcopal de Estados Unidos respondió el 22 de junio lamentando la ofensa perpetrada contra un misionero "adelantado a su tiempo" que sabía cómo defender a los pueblos nativos. Su declaración concluye en un tono irónico afirmando que los delincuentes "ciertamente han reprobado su examen de historia".